¿De cual Partido Conservador se habla?
Luego de los hechos sucedidos ayer miércoles en la sesión del Congreso en el que se debatía la moción simbólica de censura a la exministra del deporte, Astrid Rodríguez, se conoció la que sería su reemplazo en la cartera ministerial, Luz Cristina López, generando una fuerte polémica que impactó dire
Por: José Ignacio Penagos H.
Luego de los hechos sucedidos ayer miércoles en la sesión del Congreso en el que se debatía la moción simbólica de censura a la exministra del deporte, Astrid Rodríguez, se conoció la que sería su reemplazo en la cartera ministerial, Luz Cristina López, generando una fuerte polémica que impactó directamente a las entrañas más profundas del Partido Conservador Colombiano.
El partido fundado el 4 de octubre de 1849 por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, no ha estado, desde hace algunos años, a la altura que su centenaria historia le reclama y por el contrario, se ha ido degenerando en su espíritu y tesis ideológicas que siempre ha defendido, entre otras cosas, por la dependencia que ha surgido desde las direcciones que ha tenido, a la necesidad de no desaparecer.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeY es que sus bases se han ido debilitando y no ha sabido aprovechar los vientos reivindicatorios que sus propias inicios le reclamaban.
Algunos directores anteriores, pensaron que sus bases, disminuidas efectivamente en las urnas, obedecían a la edad de sus militantes, los mismos que siempre han creído uno que otro, que son viejos y que no ha existido un relevo generacional suficiente para mantenerse fuertes.
A estos pensamientos de sus dirigentes, se sumó a finales de los años 08 y principios de los 90, la tendencia a irse creando facciones que fueron siendo más personales en aspiraciones por discrepancias igualmente personales (para no entrar en muchos detalles), que divisiones reales de ideología y que fueron atizadas por un contexto de país en franca lucha contra el narcotráfico.
Es así, como líderes tan importantes entre ellos Álvaro Gómez Hurtado, termina creando su Movimiento de Salvación Nacional. Los Pastrana toman las banderas recordando que para finales de los 90, el último presidente Conservador había sido Belisario Betancur y que lo que se venía dando era una hegemonía Liberal que pintaba el país de rojo, mientras que aún imperaba el bipartidismo y nacientes movimientos, todavía insípidos de otras tendencias.
Ese temor a desaparecer intentó cuando Andrés Pastrana Arango, logra la Presidencia en 1998, pero que rápidamente se fue perdiendo cuando éste Gobierno no gozó de la popularidad ni reconocimiento necesario al apostarle a un proceso de paz con las Farc, que marcarían un macabro escenario de desplantes, secuestros; que nublaron las realizaciones; entre ellas, el dejar en evidencia a los grupos armados ante el mundo, y lograr traer al país multimillonarios recursos económicos internacionales que fueron necesarios para construir el desarrollo en los tiempos posteriores. Esa parte la juzgará la historia y seguramente le hará justicia.
Pero el Partido Conservador, que desde su fundación tuvo 22 presidentes no estaba preparado para lo que vendría y dejó de lado el listado ideológico de siempre para comenzar a pensar en la subsistencia, convirtiéndose, desde entonces, en un partido «comodín» que ha buscado estar, a cualquier precio.
Esta nueva prioridad, la han venido demostrando en las últimas cinco elecciones de presidentes en coalición (dos de Álvaro Uribe, dos de Juan Manuel Santos y el de Iván Duque), antes de Gustavo Petro; en los que el papel ha sido el de pertenecer al Gobierno de turno y no escalar, en crear un líder natural que vuelva al partido a abrazar de nuevo sus banderas.
En la historia conservadora, en coalición se habían tenido otros tres Gobiernos (Rafael Nuñez, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo), pero estos no fueron continuos como lo ha venido haciendo por más 20 años, antes de Petro.
Esta prioridad de mantenerse como un histórico partido, que mas parece defender su longevidad que sus banderas ideológicas, lo han llevado a ir abriendo las puertas al relativismo de sus principios; los mismos que se han ido viendo sacrificados cuando comenzaron a permitir la llegada de personas «disfrazadas» de conservadores, con agendas propias.
En la historia, si algo fue valorado por el partido azul, fue su disciplina; no obstante, en los últimos años esos personajes de dudosa procedencia ideológica, también llegaron con indisciplina. Solo bastaba que se autodefinieran como conservadores, sin importar si venían de otros partidos y comenzaron a abrirse por moda para dárselas de «incluyentes democráticos» cuando lo que hacían era traicionar las banderas tradicionales.
Fue así que se fue construyendo un Partido Conservador a base de retazos de colores que solo se tiñeron de azul, que son justo hoy, lo que provocan la ruptura interna.
Hoy existe un Partido sin banderas que, inclusive, ha abrazado en esa posición de ser cómodos para sobrevivir, lo que nunca alguno de sus antiguos dirigentes hubiese imaginado, como el haber apoyado a un Gobierno de izquierda-comunista como el de Gustavo Petro.
¿Qué dirían Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro si existieran?, seguro hoy se retuercen en sus tumbas si vivieran los espectáculos que se han tenido que ver en el último año y medio.
Ayer, había renunciado Efraín Cepeda, uno de los valientes que han tratado de mantener las banderas del partido en un solo color; pero continúan en el una serie de matices que rompen e insistirán en acabar la línea y que con agendas propias, seguramente buscarán manteniendo la relatividad. Para muestra, el partido está en la cómoda posición de ser Independiente y no de oposición, lo que sería lógico ante una colectividad de izquierda radical.
Las directivas del partido no han permitido que Cepeda se vaya y hoy lo ratificaron. Aparentemente es una buena noticia, (al menos para un sector de la colectividad) pero en realidad, la división está, en la costa Atlántica y en Antioquia de manera más fuerte.
Es momento que el partido reflexione realmente. Que retome las banderas y la responsabilidad política del país. Que sea un partido que pueda mirar con altura y de frente a las próximas generaciones.
A este paso, seguirán por el camino de la desaparición y el Partido Conservador, solo será un nombre para el marketing político. Un partido sin alma, sin corazón, sin cerebro y sin principios.

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