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(OPINIÓN) Votar inteligentemente: Más allá de la negación. Por: Andrés Gaviria Cano

En 2026, Colombia se enfrentará a una encrucijada que va mucho más allá de un simple cambio de administración.

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) Votar inteligentemente: Más allá de la negación. Por: Andrés Gaviria Cano

En 2026, Colombia se enfrentará a una encrucijada que va mucho más allá de un simple cambio de administración. Mientras los ciudadanos se preparan para las urnas, existe el riesgo inminente de reducir la elección presidencial a una única pregunta: ¿Cómo sacamos a Gustavo Petro del poder? Esta reflexión, aunque comprensible en tiempos de incertidumbre, resulta peligrosamente insuficiente.

El voto no puede ser un acto de negación, sino un acto de construcción. Nuestra historia reciente demuestra que elegir contra algo, sin elegir realmente por algo, nos ha conducido una y otra vez al mismo ciclo destructivo.

La política emocional, aquella que nace del hígado y no de la razón, es la que nos ha dejado vulnerables ante gobiernos que, cualquiera sea su orientación ideológica, no estaban preparados para los desafíos que heredaban. No podemos permitir que esto suceda nuevamente. El voto debe recuperar su carácter de acto racional, calculado e inteligente. Debe ser un acto de deliberación profunda sobre el futuro que realmente queremos construir. Esta construcción comienza en el Congreso de la República.

Mientras la atención mediática se concentra en la presidencia, muchos ciudadanos olvidan que es en el Congreso donde se legisla, donde se aprueban presupuestos, donde se definen políticas públicas. No podemos simplemente reemplazar un gobierno por otro si el Parlamento continúa poblado de oportunistas, aprovechadores y personas carentes de la dignidad necesaria para servir.

Colombia necesita congresistas excepcionales: individuos transparentes, competentes, comprometidos genuinamente con la solución de problemas públicos, no con sus propias ganancias políticas. Esta debe ser la primera batalla de 2026. En segundo lugar, debemos elegir un Presidente capaz no solo de administrar, sino de liderar en circunstancias extraordinariamente difíciles. Quien llegue a la presidencia en 2026 recibirá un país complejo, con decisiones que desmantelar, con errores que enmendar, con un aparato estatal que ha sido utilizado de formas que van en contra del bienestar general. Se requiere una persona con experiencia probada, con capacidades reales, con habilidades demostradas, con el conocimiento técnico y la visión estratégica necesaria. No es momento para aprendices. 

Es un momento para los estadistas. Pero aquí radica el punto crucial: ninguno de estos esfuerzos de corto plazo será suficiente si pensamos únicamente en cuatro años. La verdadera transformación de un país es un proyecto generacional. Colombia no saldrá del subdesarrollo mediante soluciones de un solo mandato, sino a través de decisiones de Estado que trasciendan a los presidentes, que trasciendan a los congresos, que se sostengan en el tiempo porque están construidas sobre bases institucionales sólidas y políticas públicas de largo alcance.

Necesitamos comenzar hoy, en 2026, el primer eslabón de una cadena de gobiernos comprometidos con objetivos claros que se extienda por veinte, treinta años o más. Gobiernos que se comuniquen entre sí, que respeten los pactos fundamentales, que comprendan que la construcción nacional es más importante que las victorias electorales individuales. Solo así podremos evitar que cada cambio de administración signifique empezar de cero, o peor aún, retroceder.

La historia nos ha enseñado una lección amarga: es mucho más fácil destruir que construir. Los gobiernos que simplemente desmantelan lo anterior, sin ofrecer nada coherente en su lugar, generan vacíos que otros extremos vuelven a llenar. Por eso, votar inteligentemente en 2026 no es un acto de lujo intelectual, sino de urgencia política.

Es la diferencia entre un país que oscila entre crisis y crisis, y uno que finalmente elige el camino del desarrollo sostenible y la estabilidad institucional. Que en 2026 los colombianos demuestren que son capaces de elegir no por odio, sino por esperanza; no por rechazo, sino por visión. Eso es lo que Colombia realmente necesita.

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