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Andy Burnham encara una elección laborista que podría convertirlo en primer ministro británico en semanas

El Reino Unido se prepara para su séptimo primer ministro en una década. Tras la dimisión de Keir Starmer, el exalcalde de Mánchester Andy Burnham se perfila como favorito indiscutido para liderar el Partido Laborista y llegar a Downing Street, en un proceso que podría resolverse sin siquiera celebrarse una contienda.

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Andy Burnham encara una elección laborista que podría convertirlo en primer ministro británico en semanas
Foto: Cortesía

El Partido Laborista británico afronta un cambio de liderazgo que amenaza con reconfigurar el poder en el Reino Unido sin necesidad de acudir a las urnas. La formación abrirá el próximo 9 de julio el plazo de nominaciones para elegir a un nuevo líder, tras la dimisión del primer ministro Keir Starmer, quien anunció su salida el pasado 22 de junio después de casi dos años en el cargo. El favorito para sucederlo es Andy Burnham, exalcalde del Gran Mánchester, cuya candidatura cuenta con un respaldo tan amplio que podría convertirse en primer ministro sin rivales.

Burnham, que ejerció como alcalde del Gran Mánchester desde 2017, ganó recientemente una elección parcial en la circunscripción de Makerfield con el objetivo declarado de disputar el liderazgo del partido. Para el 20 de junio ya había reunido el apoyo de más de doscientos diputados laboristas, muy por encima de los ochenta y un avales, una quinta parte del grupo parlamentario, que exige el reglamento para presentarse. Su posición se reforzó cuando el exministro de Sanidad Wes Streeting, considerado su principal contendiente, renunció a competir y respaldó su candidatura.

El calendario fijado prevé que las nominaciones se cierren una semana después de su apertura, el 16 de julio. Si Burnham resulta ser el único aspirante, podría asumir la jefatura del Gobierno el 17 de julio. En caso de que surja una contienda, el nuevo líder debería estar en funciones antes de que el Parlamento regrese de su receso estival, a comienzos de septiembre. El sistema parlamentario británico permite a los partidos en el poder relevar a sus líderes y, por tanto, a los primeros ministros, sin convocar elecciones generales, que no deben celebrarse antes de 2029.

La caída de Starmer marca el sexto relevo en Downing Street en apenas diez años. El dirigente condujo al laborismo a una victoria aplastante en julio de 2024, pero su popularidad y la de su partido se desplomaron desde entonces, lastradas por la incapacidad de reactivar el crecimiento económico, reparar los servicios públicos y aliviar el costo de vida. Los malos resultados en las elecciones locales de mayo aceleraron la presión interna para su salida.

Burnham llega con la promesa de trasladar a escala nacional su gestión en Mánchester, aunque varios legisladores advierten que muchas de sus políticas siguen sin definirse y reclaman un debate abierto. El nuevo liderazgo deberá enfrentar además un panorama político adverso: el partido antiinmigración Reform UK, liderado por Nigel Farage, encabeza los sondeos, mientras el Partido Verde gana terreno entre el electorado progresista.

El desenlace del proceso definirá no solo el rumbo del laborismo, sino la estabilidad de un país que en la última década ha visto desfilar a un primer ministro tras otro en medio de sucesivas crisis internas.

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