La verdad oculta de los autos eléctricos (Parte 1)
Por Carlos Andrés Echavarría Blandón El pasado mes de octubre el alcalde de Medellín Daniel Quintero, asistió a un evento celebrado en la ciudad de Buenos Aires – Argentina llamado C40 World Mayors Summit, en el cual quiso demostrar, como buen populista, su disposición y determinación para combatir

Por Carlos Andrés Echavarría Blandón
El pasado mes de octubre el alcalde de Medellín Daniel Quintero, asistió a un evento celebrado en la ciudad de Buenos Aires – Argentina llamado C40 World Mayors Summit, en el cual quiso demostrar, como buen populista, su disposición y determinación para combatir el cambio climático firmando el Decreto Provisional 1720064594 de 2022 en frente de todos los asistentes, donde prohibirá la venta de vehículos nuevos que trabajen con Diesel o Gasolina y que se aplicarán fuertes restricciones a los automotores existentes para que no puedan circular por las calles de la capital antioqueña a partir del año 2035.
La noticia tuvo un leve impacto en la sociedad, incluso fueron muy pocos los que se pronunciaron enérgicamente en contra la medida. Aquí se analizará una serie de problemas que se tendrían en caso de que realmente se hiciera efectivo el Decreto y que solo beneficia a una agenda globalista que lo que menos quiere es proteger al medio ambiente. Es un simple negocio a escala mundial en donde los ganadores serán muy pocos y lo presentan bajo la falsa cortina del ambientalismo, de esa manera es mucho más fácil de digerir para la población en general.
Gracias a una serie de medidas equivocadas impulsadas desde la administración local, el parque automotor de Medellín se ha incrementado exponencialmente desde que se implementó el Pico y Placa hace más de una década. A la fecha por la ciudad circulan más de 1,7 millones de vehículos entre automóviles, motocicletas, buses y camiones. Cada vez que se endurece la medida de circulación, se dispara la compra de vehículos nuevos y usados, porque las personas no encuentran un medio cómodo y seguro para realizar sus desplazamientos y prefieren perder tiempo en los trancones en vez de utilizar el sistema público. Es por ello que el análisis de las medidas es vital antes de aplicarlas, porque los efectos secundarios pueden ser mucho más perjudiciales a largo plazo. Los grandes ganadores del pico y placa fueron y aún lo son, los vendedores de autos, los vendedores de repuestos y las gasolineras, incluyendo lógicamente al municipio que recauda más en impuestos y las concesiones de las cámaras de foto detención. Paradójicamente la bonanza no llegó a los mecánicos, ni pintores debido a que los vehículos nuevos requieren de equipos tan sofisticados que están por fuera del alcance de esos trabajadores de toda la vida.
Suponiendo que se quedara estático el parque automotor de la ciudad por los siguientes doce años, tiempo que falta para el inicio de la medida restrictiva, y que desde ahora comenzara esa migración hacia los vehículos eléctricos para que en el 2035 ya no hubiera vehículos a combustión circulando por la ciudad, existen cuestiones físicas, tanto de los fabricantes como condiciones de ciudad, que haría imposible cumplir ese objetivo. Nuevamente Daniel Quintero demuestra que es un vendedor de humo proponiendo ideas irrealizables e inalcanzables con la tecnología actual.
En la ciudad de Medellín la cantidad de automóviles matriculados es de unas 700.000 unidades. Para hacer unos cálculos básicos, se tomará como vehículo base un automóvil del tipo sedan con motor de 1400 cc, el cual cuenta con un tanque de 12 galones de gasolina de capacidad. Con ese volumen de combustible se tiene una autonomía entre 800 y 1000 kilómetros según el fabricante. Pero ese valor se reduce drásticamente por las condiciones propias de la ciudad: Conducción en Montaña, cantidad de oxígeno en el aire y el tráfico denso que imposibilita llegar al punto de máximo desempeño de rendimiento del motor. Es por ello que en promedio un vehículo de esas características puede transitar unos 400 kilómetros con ese combustible.
Cabe resaltar que día a día los fabricantes de vehículos buscan optimizar el desempeño de sus unidades; las nuevas tecnologías hacen que se pueda ahorrar en peso bruto, se mejora la aerodinámica para restar resistencia al desplazamiento, se pueden hacer piezas más resistentes al calor lo que permite mayores compresiones y es así que en muy pocos años se ha pasado de carros que tenían un rendimiento de 15 km/gal a más de 80 km/gal en las marcas top.
Los vehículos eléctricos, por ejemplo, el Tesla Modelo S, cuanta con una batería de aproximadamente media tonelada -casi la mitad del peso de un automóvil sedán a gasolina en la actualidad-, la cual, según el fabricante brinda una autonomía en condiciones óptimas de 400 km (solo el conductor, sin aire acondicionado, en vía plana, perfectamente asfaltada y a velocidad constante). En una ciudad como Medellín esas condiciones son una utopía; los vehículos por el clima requieren aire acondicionado, no hay superficies planas en casi ningún lugar, la velocidad varia cada pocos metros y para moverse entre las montañas se necesita potencia, así que a lo sumo daría unos 150 km por recarga.
La ciudad de Medellín hoy cuenta con 103 estaciones de servicio que suministran gasolina y diesel, por el contrario, la infraestructura de las electrolineras es muy precaria y solo existen 23 puntos de servicio, la mayoría de ellos dentro de los centros comerciales en la ciudad. La situación se pone mucho peor para desplazarse por todo el departamento en un vehículo eléctrico, ya que no hay electrolineras por fuera del Valle de Aburra y el Oriente cercano. Ese es el primer obstáculo, crear una red de electrolineras que permitan a los conductores recargar sus vehículos con facilidad, de lo contrario estarían condenados a no salirse de las grandes ciudades.
Los vehículos a gasolina o diesel tardan en tanquear aproximadamente tres minutos, por el contrario, el mismo vehículo Tesla que estamos poniendo como ejemplo, necesita de 60 minutos para volver a estar operativo al 100 % de capacidad.
Se comienza a observar la magnitud del problema. Los vehículos eléctricos requieren utilizar el servicio con más frecuencia que los vehículos a gasolina debido a su menor autonomía, pero a su vez, tardan más en recargarse, lo que significa que si las 103 estaciones de servicio que hoy atienden el parque automotor de la ciudad se transformaran a electrolineras, se quedarían muy cortas y la razón sería la siguiente: en promedio un vehículo de uso particular en Medellín transita unos 20.000 kilómetros al año, lo que significa unos 55 kilómetros al día. Si la carga dura 150 km, cada tres días se debe recargar en promedio todo el parque automotor, unos 700.000 vehículos sin contar las motos, buses y camiones. Solo para ellos se necesitarían unas 235.000 horas de conexión diarias, casi unos 10.000 puntos de conexión que trabajarían 24/7 para suplir la necesidad; si un vehículo no llega a la cita a tiempo, entorpecería toda la operación y se quedarían carros quietos esperando su turno. La infraestructura que se requiere es enorme.
La respuesta de muchos es que los vehículos se cargarían durante las noches, allí se tiene el tiempo suficiente para que cada dueño llegue a su hogar y enchufe su carro. En Medellín, son muy pocos los hogares que cuentan con garaje privado propio, lo que significa que los vehículos “duermen” en las calles o en parqueaderos colectivos o en parqueadero privado dentro de un conjunto residencial sin posibilidad de conexión eléctrica, entonces. ¿quién suministraría los puntos de conexión para ellos?
Tomando una suposición irreal de que todos los vehículos pudieran conectarse en las noches, bien sea en los hogares o que las vías de la ciudad cuenten con tomas eléctricos universales, -ese es otro problema en la actualidad, los conectores que recargan las baterías no son idénticos, cada marca tiene una configuración especial como los cargadores de celular, según la marca y modelo es el pin conector-, se tiene más inconvenientes los cuales se mencionan a continuación:
- Se necesita una gran cantidad de convertidores de energía: La batería de los vehículos eléctricos reciben corriente continua y las empresas generadoras de energía en Colombia y todo el mundo suministran corriente alterna porque los costos de generación son mucho menores, así que para emplear el sistema nacional es necesario la implementación de equipos transformadores que son muy costosos y robustos.
- La energía alterna no se puede almacenar: Los generadores de energía producen según la demanda, ya que su proceso no almacena energía, así que las plantas dependiendo los picos de consumo trabajan a diferente capacidad. Si todos los usuarios en las noches conectan sus vehículos para recargarlos, la red eléctrica del país colapsaría inmediatamente y se tendría un apagón generalizado.
- Pérdidas de energía en el proceso: Cada vez que se “convierte” la energía de AC a VC o de VC a AC se tienen pérdidas, aproximadamente entre un 20 y 30% según la dirección de la conversión. Como la energía no se destruye, solo se transforma, esas pérdidas se traducen en su gran mayoría en la generación de calor, así que los ecologistas están combatiendo el cambio climático y el calentamiento del planeta mediante una solución que produce más calor.
Los convertidores se pueden comprar y si la relación beneficio/costo da que el calor generado por las pérdidas es tolerable, se debe solucionar el problema de la falta de capacidad, el cual solos se resuelve con la construcción de nuevas centrales eléctricas que puedan suplir la nueva demanda.
Mañana, segunda parte de La verdad oculta de los autos eléctricos.

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