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Las redes de estafa del Sudeste Asiático mutan hacia la suplantación de policías extranjeros

Los complejos de fraude en línea que operan desde Camboya, Myanmar, Laos y Filipinas incorporan un nuevo método que consiste en hacerse pasar por cuerpos policiales y autoridades de otros países para intimidar a sus víctimas. Interpol y la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito advierten que esta industria criminal, que ya mueve cerca de 40.000 millones de dólares anuales, se expande a escala global pese a las recientes operaciones policiales.

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Las redes de estafa del Sudeste Asiático mutan hacia la suplantación de policías extranjeros
Foto: IFMERAImagen procesada con IA

Las mafias que gestionan los centros de estafa del Sudeste Asiático han añadido a su repertorio una modalidad de fraude basada en la suplantación de la Policía y de autoridades gubernamentales de terceros países, según reportes recientes de organismos internacionales y agencias de seguridad.

Los delincuentes contactan a sus objetivos haciéndose pasar por agentes o funcionarios, invocan supuestas investigaciones judiciales y presionan a las víctimas para que transfieran dinero o entreguen datos personales.

La táctica se apoya en la confianza que la ciudadanía deposita en las instituciones. En operativos realizados en Camboya en abril de 2026, las autoridades incautaron uniformes e identificaciones falsas de la Policía japonesa, empleados para engañar a residentes en Japón. I

nvestigadores citados por medios especializados señalan que estas campañas de suplantación se han detectado con especial intensidad en el sur y el sudeste de Asia y en los países del Golfo.

El fenómeno tiene una dimensión económica considerable. Un informe de Interpol difundido el 17 de junio de 2026 concluyó que el cibercrimen ya representa alrededor del 30% de todos los delitos registrados en la mayoría de los países encuestados de Asia y el Pacífico, y estimó que los centros de estafa de escala industrial generan cerca de 40.000 millones de dólares al año.

El documento detalla además que el "phishing" se ha convertido en la forma de fraude más extendida y costosa, con 5,5 de cada 1.000 personas de la región que pulsan mensualmente enlaces maliciosos, casi el doble del promedio mundial de 2,9.

La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) coincide en la magnitud del problema. En su informe "Inflection Point", el organismo calcula que cientos de complejos de estafa producen algo menos de 40.000 millones de dólares en ganancias anuales y que al menos 300.000 personas trabajan en estas operaciones, muchas de ellas víctimas de trata forzadas a delinquir.

La UNODC advierte que las redes, radicadas sobre todo en zonas de gobernanza débil de Camboya, Laos, Myanmar y Filipinas, se están desplazando hacia otras regiones ante la presión policial, con presencia detectada en África, Oriente Medio, Europa y América.

La respuesta institucional se ha intensificado. El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció el 23 de abril de 2026 una ofensiva multifrente contra los centros de estafa del Sudeste Asiático dirigida a toda la cadena de estas operaciones transnacionales.

Aun así, los especialistas subrayan que los grupos criminales adaptan sus métodos con rapidez, incorporan inteligencia artificial para clonar voces y crear identidades falsas, y trasladan sus estructuras para eludir los cierres, lo que mantiene abierto un desafío de seguridad de alcance mundial.

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