Jorge Iván Díaz: Somos seres que desconocemos el alcance de nuestra propia condición
Por: Óscar Jairo González Hernández ¿Podría usted decirnos, en qué momento se le reveló la necesidad, el deseo y el interés de estructurar y realizar este libro, desde qué intensidad e intención (de la posesión), le fue dado hacerlo, quiénes intervinieron en ese sueño o visión que así se lo reclamó,
Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Podría usted decirnos, en qué momento se le reveló la necesidad, el deseo y el interés de estructurar y realizar este libro, desde qué intensidad e intención (de la posesión), le fue dado hacerlo, quiénes intervinieron en ese sueño o visión que así se lo reclamó, o no; qué tiene que decirse, y decirnos sobre el título del libro: Legión es mi, nombre; por qué legión y qué lo contiene, de qué trata, qué religiosidad lo mueve, o no, qué busca proyectar con él, como el libro, se hace sagrado en su mundo, o no; qué poesía es la que ha vaciado en él, como y desde que método o no, la formó; cuál es la relación con la naturaleza y su exceso, misterio y poder?
¿En qué perspectivas la desarrolla y que lectores busca en este trayecto: una legión? La necesidad de escribir, no este libro en particular, sino la de expresarme en palabras, surge desde la adolescencia, por una pulsante inclinación hacia el arte en general, no solo por la escritura, sino, también, por el dibujo y la pintura, lo cual me acompaña hasta hoy. Esa parece ser una condición personal, no sé si espontánea, porque en mi familia había pocos libros y poco arte, sin embargo, desde muy joven me gustó leer, mirar los libros en las bibliotecas públicas, ir a museos, ver exposiciones artísticas, intentar hacer dibujos, escribir en hojas sueltas que aún conservo en secreto.
El surgimiento de este libro, Legión es mi nombre, después de haber publicado tardíamente, (en el año 2020), unos escritos recogidos en un primer libro llamado Este ser que habito, parece estar ubicado en unos textos en la época de la pandemia, originados en reflexiones personales y relecturas de algunos libros como La Peste de A. Camus, Ensayo sobre la Ceguera y Ensayo sobre la Lucidez de Saramago, etc., además, sobre la permanente escucha de una música que me ha acompañado también desde muy joven, que es el metal extremo, (densa oscuridad musical), que ha sido, junto al tango, un sonido primordial para mí.
No pensé hacer un libro, pero parece que los textos van tomando un cierto rumbo y cauce propio, que finalmente necesitan desembocar en alguna parte, y tan no iban a ser un libro esos textos que, luego de haber dejado de lado esos versos en un cajón, dudé durante dos años y medio para decidir su publicación. Ahora bien, la “intención” de esos versos posiblemente sea la necesidad de expresarme ante el mundo, (como le debe pasar a muchos de los que intentan escribir o hacer arte), y con ello dejar una huella para conjurarnos del inexorable olvido, no por los otros, porque tal vez esos escritos carezcan de valor artístico suficiente, (lo digo sin falsa modestia), sino por mí y por las personas que amo, es decir, para dejar en ellos una huella, así sea efímera, de lo cual soy plenamente consciente.
Pero también es claro que el acto de publicar un libro, es un acto de egolatría personal y un arma de doble filo cuando el libro sale a la luz, por la explícita exposición ante los otros que ello implica, y eso desde punto y hora, nos pone en una situación vulnerable, bien por el malsano efecto que puedan producir los elogios o las críticas desfavorables en cada individuo, o bien, porque no se esté totalmente seguro de qué lo publicado represente algún aporte valioso o al menos decente a las letras.
En todo caso, mi interés es la de tener unos pocos lectores atentos, que compartan, discrepen o se dejen tocar, en cierto modo, por alguna de las emociones, ideas o reflexiones que están implícitas en esos versos, o que reconstruyan o deconstruyan lo leído. No pido más. ¡Siempre es que uno aspira a mucho! ¿No?… (Risas).

Sobre el título “Legión es mi nombre”, parto de una cierta formación o interés crítico por el fenómeno religioso, (desde muy joven), propiciado por unas lecturas iniciales de la Biblia y de periodos históricos que siempre me llamaron la atención, como él de la inquisición cristiana y la figura del “Diablo”, como el antagonista, junto con una visión personal, un tanto oscura y pesimista de mundo.
El título hace referencia al pasaje bíblico del Evangelio de Lucas, y se trata de un hombre que vivía entre los sepulcros, desnudo y dominado por una «legión» de demonios, siendo una figura desolada y oprimida por el mal, y al cruzarse con Jesús, los demonios fueron expulsados y salieron de él para entrar en unos cerdos, que luego se ahogaron en el mar. Cuando Jesús se encuentra al endemoniado Gadareno, le pregunta por su nombre, y el muchacho le dice: me llamo “Legión”, y preguntado de nuevo por Jesús, sobre por qué de su nombre, el muchacho le responde, en la voz de la legión que lo poseían: “Porque somos muchos”.
La intención del nombre no tiene necesariamente referencias satanistas, en mí sentir, lo que he querido decir, es que somos seres diversos, habitados por multitud de entidades, a veces bondadosos o a veces maledicentes, a veces castos y a veces lujuriosos, austeros o desatados, luminosos o lúgubres, etc. Somos en todo caso, seres en construcción, seres que fluyen y a la vez, potencia de los muchos que podemos ser y en nosotros habitan, (para bien o para mal, como dirá Heráclito), somos seres que desconocemos el alcance de nuestra propia condición, y a ello está aunada la tragedia de ser conscientes de la propia finitud.
El libro tiene un cierto tono reflexivo, tal vez porque las preguntas personales sobre la existencia sigan aún sin respuesta en mi caso, o porque esas pretendidas respuestas, lo que generan, es una mayor desazón.
No creo en la trascendencia, porque genuinamente mi “opinión” sobre ese tema, sea la del escepticismo, pero en la poesía y en los efectos del arte en general, he descubierto una cierta epifanía de que lo pretendido es nombrar lo desconocido, lo cual da la sensación de que algo hay más allá de lo percibido con los pobres sentidos de que disponemos; no en vano, siempre estamos esperando algo “por venir”, (“Esperando a Godot”), y sobre esos asuntos es que tienen origen los textos del libro, que a veces son síntesis de emociones internas, o a veces, son también un intento para verme desde afuera, con la vana idea de conocer desde otras aristas, lo que soy.
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