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Del sentido y la necesidad de otro

In Memoriam: Gabriel Cataño. Es muy frecuente encontrarnos siempre con una serie extremada de intenciones y de proyectos para hacer la vida, o de lo que todavía podemos llamar así, en nuestro medio; más estable, más equilibrada y más sencilla, e inclusive hallar en esa sencillez la mayor dimensión d

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Redacción IFM
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Del sentido y la necesidad de otro

Por: Óscar Jairo González Hernández

In Memoriam: Gabriel Cataño. Es muy frecuente encontrarnos siempre con una serie extremada de intenciones y de proyectos para hacer la vida, o de lo que todavía podemos llamar así, en nuestro medio; más estable, más equilibrada y más sencilla, e inclusive hallar en esa sencillez la mayor dimensión de trascendencia-intrascendencia que podamos alcanzar.

Rara vez los resultados son los que queremos, o más bien, los resultados son momentáneos y nos permiten abrirlos y ampliarlos como todos los deseamos. No cedemos tampoco, fácilmente, a no soñar y a no querer más. O sea, pues, que nos vivimos, entre dos fuerzas muy potentes: la realidad y lo ideal. Esas fuerzas nos tensionan, a muchos los “estresan” y les hacen extraviar sus búsquedas y se pierden en el exceso del consumismo totalitario e irracional.

Este tentáculo le aprisiona y lo destruye, porque entonces, a no poder obtener todo lo que se quiere, al no tener medida de ello, y al perder la relación con la estructura sensible de lo cotidiano, la sensación de frustración y fracaso es absolutamente deprimente. Y si examinamos estos fenómenos que se dan en cada uno de nosotros, podemos decir, que una de las cosas que ocurren con más permanencia, es que no sabemos crear, comprender e interpretar la realidad, o es más: no sabemos qué es la realidad.

Realidad es lo que hacemos nosotros, irrealidad es lo que hacen los “otros”. Yo construyo mi realidad, eso sí, es necesario y fundamental considerar, que esa “mi” realidad, también está en conexión con la que hace y construye el Otro; pero hay que tenerla y comprenderla, la comprensividad, llama a esto Buckminster Füller con una condición de relatividad importante.

Que tanto me es necesaria, para mi autorrealización y que tanto se hace un factor de perturbación insensato para mí. Cada uno da la medida de su realidad y de la realidad de los otros. En esa fusión de esas dos o hasta más realidades, es en donde podemos hallar la comunicación real y verdadera con Otro; la de él y la mía, ambas proyectadas y formadas por mí y por el Otro. Yo soy Otro, para el Otro.

El ideal es lo creador y lo que transforma; por eso decíamos que uno no puede concederle la totalidad de sus necesidades y de sus deseos a la realidad, porque también ha de tener el mismo impulso interior y exterior para construir su propio y particular Estado de Ideal. El Estado de Realidad y Estado de Idealidad, han de estar coincidiendo. He ahí, lo que nosotros llamamos las relaciones de tensión y transformación. Dicho esto, entonces es necesario precisar, con mayor o menor posibilidad de resolver el problema, que a veces es perceptible, rápidamente, y otras imperceptible, por lo intrincado del mismo. Es en el orden de las relaciones de necesidad y de interés.

Todos nos relacionamos con otros, porque tenemos una necesidad y un interés. Eso es incontrovertible, porque esas relaciones son y llevan a resolver esas mismas necesidades y esos mismos deseos. Yo me instalo en un principio de relación con otro, porque soy consciente de que solo con la mediación y la intervención de la comunidad puedo llevar a cabo mi realidad y mi ideal, de manera concreta y de manera efectiva, y eso tiene que estar en correlación con la decisión, lo que cada quién decide, pero esto ya es otro tema.

No quiere esto decir, que todo lo que hacemos tiene que estar intervenido por la participación de otro, porque, hay quiénes han realizado un trayecto por sí mismos, de tal manera y con tal decisión sencilla y poderosamente humilde, que no necesitan de otros, no porque no lo quieran o porque sean muy pedantes o excesivamente “narcisistas”, sino porque sienten en sí mismos que pueden hacerlo por ellos mismos.

Esto quizá provoque, en muchos, darle más sentido a lo que hacen con sus relaciones: ¿Para qué las hacen, por qué las construyen, que interés y qué intención se tiene con ellas? En eso, debe de haber una insobornable claridad y una transparencia que se pruebe y nos pruebe. El equívoco ocurre es en el momento en que no tenemos claras esas relaciones, y por eso mismo entonces, se fracasa de manera estruendosa el proyecto de comunidad, de participación, de y para realizar el llamado bien común; de consenso, de concertación, de apoyo o ayuda entre unos y otros; porque no sabemos bien que es lo que queremos hacer entre todos.

Y cuando se está haciendo un proyecto entre todos, es fundamental saber hacia donde tienden los hilos de nuestra necesidad y de nuestro deseo. La corrosión de la comunidad, de los hombres que forman la comunidad, no se da porque sí, no es el resultado de un porqué sí, sino que existe una causa que ha llevado a ello. Nadie se corroe porque sí, sino porque no ha intensificado la construcción del sentido y la necesidad de relacionarse con el Otro. Para ello, hay un hilo poderoso, que nosotros instauramos en lo que denominamos el principio.

Y es que se nos plantea hasta la extenuación, que no hay principios, y en efecto, no hay principios, porque lo que tendríamos que tener es conocimiento y conciencia –conciencia de sí, la llama E. Husserl- del principio, o sea de aquello que es para cada uno invulnerable e indestructible, que no lo corroe nada ni nadie, porque se halla en constante movimiento de transformación, y no se estatiza, porque se oxida y desaparece.

El tener principio, es conocer el “momentum” en donde uno comienza a ser lo que es, a darse forma, a darse una estética de la vida, del cómo vivir, y esa es la que obedece y asume las consecuencias de tener un principio, no unos principios, que nos dan, nos imponen; sino aquel o aquellos que nosotros nos construyamos. El Otro siempre sabrá cuál es tú principio y ya sabrá cuál es el carácter y la esencia, de tú compromiso y responsabilidad, de tú realidad y de tú ideal. Eso es lo que hay que intentar conocer, lo demás, se revelará en cada instante del hacer de cada uno, como decía el artista Henri Matisse: “Solamente el que hace sabe”.

Concluyendo: el bien común, solamente se da cuando conocemos del Otro, y de Nosotros mismos, nuestra realidad y nuestro ideal, cuando sabemos mantener un movimiento entre lo imposible y lo posible, de la necesidad y del interés. Y para ello es esencial el que sepamos con su protuberante y a veces pesado relativismo que queremos obtener como comunidad de Otredades, simple y llanamente.

BIBLIOGRAFÍA: NUSSBAUM C. Martha y Sen Amartya. La calidad de vida. México. Fondo de Cultura Económica, 1996. KIERKEGAARD, Sören. Temor y temblor. Madrid. Editorial Tecnos, 1998. SCHILLER, Friedrich. Escritos sobre estética. Madrid. Editorial Tecnos, 1997. BARTHES, Roland. Sade, Fourier, Loyola. Madrid. Ediciones Cátedra, 1997. RICOEUR, Paul. Sí mismo como otro. México. Siglo veintiuno editores, 1996. CAVEL, Stanley. La búsqueda de la felicidad. Barcelona. Ediciones Paidós Ibérica, 1999.

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