Andrés Esteban Acosta: “La filosofía de Fernando González es un viaje que podemos observar con asombro”
¿Tras y en medio de sus trayectos permanentes, consistentes y lucidamente obsesivos, como demostración de una poderosa inmersión en la dimensión del ethos y pathos de Fernando González, qué lo llevó y qué lo mantuvo en ella, hasta este momento de realizar el libro una filosofía vivencial: Fernando G
Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Tras y en medio de sus trayectos permanentes, consistentes y lucidamente obsesivos, como demostración de una poderosa inmersión en la dimensión del ethos y pathos de Fernando González, qué lo llevó y qué lo mantuvo en ella, hasta este momento de realizar el libro una filosofía vivencial: Fernando González, por qué habla de lo vivencial, de qué se trata, cómo lo propone y proyecta, qué metódicas tuvo para hacer el constructo de esa estructura de pensamiento y vida, vida y pensamiento.
¿Y qué causó en sus movimientos del yo, el yo de Fernando González, y que busca proponerle, y provocarle a su lector o lectores con este libro, qué proyección tiene González hacia el futuro, y en omnirelación con la IA, si podemos hablar así, en este momento?
Con la obra de Fernando González tengo una relación de aprecio. Me atrae una forma de compaginar escritura y estilo de vida. Después, sin olvidar esto, encuentro al filósofo, pero para hallarlo hay que aceptar que su tono es vital, que depende de los hechos cotidianos reflexionados.
Esto es lo que en Fernando González podemos llamar vivencias, la experiencia que vuelve a nosotros como reflexión o como un tipo de saber vital. A Fernando González lo conocí gracias a Viaje a pie, en una edición de la Universidad de Antioquia. Con los años, los motivos del viaje, la caminata, la narración del paisaje, el contacto poético con la naturaleza, la observación, se convirtieron en grandes preguntas que me llevaron a concebir la filosofía como una experiencia que intenta incorporar el saber a nuestra estructura vital en su totalidad: la amistad, el amor, el arrepentimiento, el deseo, la renuncia, la creación, etc.
De esta forma, y siguiendo a Alberto Restrepo (sobrino y gran estudioso de la obra de Fernando González), en Fernando González encontramos un ejercicio de vivencialidad. Esto nos ayuda a comprender mejor esa idea de lo vivencial: “Sus obras son su confesión y su itinerario, no un elenco de pensamientos y conceptos ajenos a su experiencia”. Todo esto me llamó mucho más la atención.

Leí y estudié el resto de la obra de Fernando González y encontré que su propuesta es confesional, un viaje constante hacia sí mismo, uno verse a sí mismo como posibilidad de afirmarse siempre mejor en tanto mayor saber vital. De este esfuerzo nace el ensayo Una filosofía vivencial: Fernando González. No es, pues, una obra para entender los conceptos de Fernando González, porque el mismo autor no pensaba de esa forma, sino un diálogo con su concepción de la filosofía y progreso hacia una mayor posesión de sí.
Esto podemos entenderlo como una comprensión mayor del mundo o una asimilación mayor de nuestro lugar en el mundo y del esfuerzo por mantenernos en potencia (que para Fernando González también significaba manteneros en amor). Considero que toda filosofía es una integración entre vida y pensamiento. Ahora, para Fernando González, la escritura que comunica una filosofía es una confesión, es un diálogo íntimo.
No exhibe una filosofía para los demás, no nos explica cómo es el mundo; sino que, por vías distintas (novela, crónica, ensayo, cartas, aforismo) nos narra su viaje vital, es decir, cómo se esfuerza en ser continuamente mejor, en términos de entendimiento y de integración del saber a su propia vida. Por ejemplo, recordemos a Fernando González en una de sus cartas a su hijo Simón para recordar el tono de su filosofía: “Mirar al pasado no tiene objeto si no es para ordenar el avance.
Lo que has de hacer, creo yo, es estudiar lo que ames; medita y examínate a ver dónde está tu amor y a eso dedica toda tu energía, pues el amor es la prueba de la vocación: donde está tu tesoro, ahí está tu corazón». Este tono es el del consejo, tono que no es ajeno a la historia de la filosofía. Así se expresaba Fernando González, así escribía, mientras describía que en la narración y la comprensión de sus vivencias estaba el conocimiento.
Este libro, Una filosofía vivencial, quiere comunicar que en Fernando González sí hay una filosofía, pero que esa filosofía no se expresa bajo formas canónicas, sino que se expresa según las exigencias vitales del propio autor, según un tono propio, es decir, un ritmo o un viaje propio.
La filosofía de Fernando González es un viaje que podemos observar con asombro, como un alguien que ve cómo un cercano se esfuerza radicalmente en ser mejor.

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