Alrededor de la opinión
“La Doxa es un objeto malo porque es una repetición muerta, que no viene del cuerpo de nadie, a no ser, tal vez, precisamente, del de los muertos.” (1) Roland Barthes.
Por: Óscar Jairo González Hernández
“La Doxa es un objeto malo porque es una repetición muerta, que no viene del cuerpo de nadie, a no ser, tal vez, precisamente, del de los muertos.” (1)
Roland Barthes.
Ya es común y escandalosamente común en nuestro medio, si es que todavía podemos considerar que hay escándalos, la inclinación inconsciente por la opinión. La opinión se nos reclama, demanda, somos requeridos para dar opiniones, pero nada más. Y cada vez más somos “excitados” para adquirir, si no la tenemos, una opinión, cualquiera sea el tema, no importa.
Nietzsche considera que la opinión es la primera idea que nos ocurre cuando se nos pregunta de improviso sobre una cosa; no suele ser la nuestra, sino tan solo la opinión corriente (…). La opinión, si no es resultado de una reflexión crítica, queda totalmente vaciada de su sentido y de su poder, queda asimilada; por lo mismo, se repite. La opinión debe coincidir con el intento de hallar la verdad, con la necesidad de la verdad, pues es ella la que puede apoyar aquello que se dice, que se habla, entendiendo que no es la opinión por sí misma la que lleva hacia la revelación crítica de la verdad. La opinión tiende a relativizar y cuando todo se relativiza, la tensión de experiencia de verdad desaparece en lo inane, en lo intrascendente; y se hace inocua.
En ese orden, el trayecto de la opinión se da desde lo que no conozco, desde el desconocimiento del tema, pues si conozco ya no opino, y empiezo un decidido ensayo por pensar. La opinión es para el opinador una forma de obviar, de exorcizar, de liberarse o de borrar lo que le involucra, lo que le intenta poseer para comprometerle con la realidad. Opinar es realizar el trayecto del olvido. La opinión es de los muertos, porque lo que hace vivir es el pensar, es el que nos lleva a transformar lo que está dado para llenarlo de la explosión de lo sensible, de la exploración constante por medio de una racionalidad nueva. Y la racionalidad nueva debe explotar y explorar desde la inspiración y la construcción del ideal/real. La opinión, en cambio, estatiza e inmoviliza. Nos encontramos, entonces, con un enfrentamiento: el éxtasis de la verdad (“Mi verdad”) contra la habladuría de la opinión.

La opinión tiene mucho que ver con lo que llamamos la “obsesión del cambio”, porque en el fondo lo que se pretende es ponernos en la posición de cambiar por cambiar, sin que seamos conscientes de qué es lo que estamos cambiando, para qué y por qué lo cambiamos. Entramos en el movimiento del cambio, pero sin que nada se cambie, y lo que se hace es fortalecer en todo momento la intención de no cambiar. En esa obsesión no se cambia porque se quiere, sino porque hay allí instalada una necesidad, un deseo muy potente (2) que perfora y penetra en la realidad como un medio más de consumo. Consumimos opinión y distribuimos opinión, no pensamiento. El cambio se ha hecho una cosa más del consumo.
Es necesario construir la comunidad sensible y la comunidad simbólica, la que puede prescindir de la opinión, pero no de la verdad. Y no estamos hablando aquí de la comunicación, de la comunicabilidad, el instrumento “ideal”, racional, para comunicarme o ver a otro, sino que hablamos de inventar al otro para sí mismo, hablamos de la transmisión del sentir, del entusiasmo, de la emoción. Esa transmisión no pretende hablar, sino que reconoce al otro por su carácter simbólico, por su intensidad de realidad. Es como la oración para el tzadik, en el Jasidismo : cuando ora, no habla, porque al que se ora, o a lo que se ora, no escucha, sino que ve.
El hombre que da sentido a todo lo que observa es el que da sentido a todo lo que se da en la realidad, e interviene en ella con más decisión y determinación que el que ha hecho de su opinión la comunicación con la realidad. El que da sentido y el que llena de sentido lo que está vacío es el que construye el acto, el que hace lo real, más allá o más acá de la opinión; es él quien da su dimensión y establece su medida en su vida, no en otra.

Notas:
BARTHES, Roland. Roland Barthes por Roland Barthes. Monte Ávila Editores. Caracas. 1977.
DEBORD, Guy. Nuevos comentarios a la Sociedad del Espectáculo. Barcelona. Editorial Anagrama. 1990.
BARTHES, Roland. Roland Barthes por Roland Barthes. Monte Ávila Editores. Caracas. 1977.
Collages. Alejandra Escandón
Noticias relacionadas
El Teatro Metropolitano inicia su expansión más ambiciosa en casi cuatro décadas
La emblemática sala cultural de Medellín comenzó oficialmente las obras de su proyecto de…
Maná entró al álbum en vivo de Dua Lipa con “Oye Mi Amor”
La agrupación mexicana Maná volvió a posicionarse en la conversación global de la música luego de…
La “Slow TV” gana espacio entre padres que buscan contenidos más tranquilos para sus hijos
Especialistas en salud infantil y familias de distintos países impulsan una tendencia que apuesta…