Un triunfo con el ADN del sufrimiento
En el fútbol antioqueño existe una máxima no escrita: si no se sufre, no es el Deportivo Independiente Medellín. Lo ocurrido en la noche de Copa Libertadores no fue la excepción. El equipo dirigido por Alejandro Restrepo saltó a la cancha con la obligación de validar el valioso 1-1 obtenido en el pa
En el fútbol antioqueño existe una máxima no escrita: si no se sufre, no es el Deportivo Independiente Medellín. Lo ocurrido en la noche de Copa Libertadores no fue la excepción. El equipo dirigido por Alejandro Restrepo saltó a la cancha con la obligación de validar el valioso 1-1 obtenido en el partido de ida ante Juventud, pero lo que parecía una tarea de trámite se transformó en una odisea de nervios, errores y redención.
Desde el pitazo inicial, la consigna era clara: ganar como fuera. La clasificación a la fase de grupos no solo representaba un logro deportivo, sino un respiro económico y emocional para una hinchada que aún mira con recelo el proceso de Restrepo. El «Poderoso» pegó primero y desató la euforia temprana gracias a una conexión efectiva: «El Polaco» Fibri lanzó un centro preciso que Hayen Palacios capitalizó con un cabezazo certero, atacando el espacio con la agresividad de quien sabe que en estos torneos no se puede perdonar.
Sin embargo, el drama , fiel acompañante del DIM, no tardó en aparecer. Un error en la salida de Lovoa en la mitad del campo forzó a Fabra a cometer una infracción peligrosa al borde del área. Al minuto 25, Federico Barrandeguy acomodó el balón y ejecutó un tiro libre con más colocación que potencia. Fue aquí donde apareció la incertidumbre: el portero Ichazo, en un exceso de confianza o una mala lectura de la trayectoria, intentó rechazar con los puños en lugar de usar las palmas para desviar al córner. El resultado fue el empate uruguayo y un silencio sepulcral en las tribunas.
La segunda mitad se convirtió en un duelo de titanes bajo los tres palos. Tanto el portero visitante como Ichazo , quien buscaba redimirse, se lucieron con achiques y voladas que mantuvieron el empate en el marcador. La tensión crecía y el fantasma de los penales rondaba el Atanasio Girardot. Fue entonces cuando Francisco Chaverra, en un arranque de rebeldía individual, sacó un remate potente que obligó al guardameta de Juventud a una estirada heroica hacia el ángulo.

De ese tiro de esquina nació la gloria. En una jugada de pizarrón, nuevamente apareció la figura de «El Polaco», quien con un cabezazo impecable puso el 2-1 definitivo en los minutos finales. El DIM clasificó «a lo Medellín»: con el corazón en la mano, corrigiendo sobre la marcha y demostrando que, aunque el camino sea tortuoso, el «Equipo del Pueblo» sabe cómo escribir finales felices en las noches continentales.
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