(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 15, por María Corina Machado
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 15 titulado «Álvaro Uribe, el amigo de Venezuela».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 15 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 15 titulado «Álvaro Uribe, el amigo de Venezuela», escrito por la exdiputada de Venezuela, fundadora y presidente de Vente Venezuela María Corina Machado Parisca. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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ÁLVARO URIBE, EL AMIGO DE VENEZUELA
Por: María Corina Machado Parisca, Exdiputada de Venezuela, Fundadora y Presidente Vente Venezuela.
El Uribe que yo conozco es un hombre de convicciones y de profunda vocación política para servir a su país. Han sido muchos nuestros encuentros, fascinantes nuestras conversaciones e inolvidables sus consejos. Aún hoy, después de 6 años en los que la tiranía venezolana me impide salir de mi país, hemos encontrado las vías para mantener nuestro contacto y profundizar nuestro compromiso de librar a Colombia y Venezuela de los tentáculos de las redes criminales que tanta devastación y dolor nos han provocado.
Álvaro Uribe ha sido visionario, valiente y leal con Venezuela. Entendió que su lucha por Colombia y los enormes pasos logrados para desarticular a los grupos criminales y conquistar la paz estarían mortalmente amenazados si el régimen chavista lograba su propósito de entregar el territorio, las instituciones y los recursos de Venezuela al narcotráfico, la guerrilla y al resto del crimen organizado internacional. Entendió que no es posible la paz duradera en Colombia sin la liberación de Venezuela.
Fue esta lucidez la que hizo que el presidente Uribe denunciara y enfrentara -prácticamente en solitario- las intenciones del proyecto liderado por el régimen castrista, financiado por el chavismo y articulado por el Foro de Sao Paulo, de expandir su modelo criminal en toda la región.
Así como admiro su capacidad para anticipar y entender la gran operación del socialismo internacional, aliado con diversos grupos criminales contra las democracias liberales de nuestra región, también reconozco su coraje para abanderar esta lucha. Dentro de Colombia, argumentó y convenció a quienes le reclamaban sus firmes posiciones frente al chavismo y su dedicación a la causa venezolana, y logró demostrarle a la sociedad colombiana que mientras los responsables de la guerra en Colombia encontraran un santuario y financiamiento del otro lado de la frontera, el peligro interno crecería.
Con ello, Álvaro Uribe no sólo se consolidó como el enemigo de los carteles y la guerrilla, sino también se consagró como el principal enemigo externo del régimen chavista. Las consecuencias eran previsibles: campañas comunicacionales intensas para desprestigiar su reputación, así como amedrentamiento a su persona y equipos de trabajo.
Guardo con particular afecto su libro “No hay causa perdida”. Ese testimonio de su batalla campal contra los enemigos de Colombia y de Venezuela es una lección del ímpetu y de la fuerza con la que hay que enfrentar a la maldad, tenga el costo que tenga, incluso en el plano familiar. Su liderazgo decidido, apasionado y terco es capaz de crecerse en la adversidad, de levantarse con más fuerza cuando lo creen derrotado, de encontrar oportunidades donde otros sólo ven obstáculos.
Además de lucidez y coraje, el Uribe que yo conozco es un amigo leal. Lo ha sido a la nación venezolana y lo ha sido conmigo, su amiga. En las horas más oscuras, en los episodios de mayor riesgo, siempre aparece para transmitirme respaldo y solidaridad.
Recuerdo una entre tantas llamadas, hace ya unos diez años, cuando estaba en Estados Unidos en un evento al que acudí a denunciar los crímenes de Hugo Chávez. El régimen usó esa circunstancia para amenazarme con una detención a mi regreso a Venezuela. Sonó mi teléfono y veo que llama Álvaro Uribe. Tal como presentía, me pidió que no regresara a mi país, y me argumentó que podía ser muy útil a la causa desde afuera. Lo escuché y le dije: “querido Presidente, dígame la verdad, ¿qué haría usted en mi caso?”. Se quedó en silencio y entendió mi decisión.
Tampoco podré olvidar aquel 14 de mayo de 2018 cuando nos encontramos, junto al presidente Pastrana y la hoy vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, en la frontera entre Venezuela y Colombia. Nos separaba una baranda metálica y cientos de personas se agolpaban de lado y lado. Fue un momento mágico y conmovedor porque públicamente sellamos un compromiso para hacer del Puente Simón Bolívar un lugar de reencuentro, integración y libertad. Este punto se ha convertido en un lugar de despedidas y lágrimas, pero esa tarde allí se concentró toda la energía de dos pueblos hermanos unidos en la esperanza de una lucha conjunta cuyo resultado permitirá el retorno de millones de ciudadanos a una Venezuela libre, próspera y justa.
En el plano geopolítico, el presidente Uribe ha logrado labrar una reputación y un reconocimiento mundial por su valentía y determinación, y ha construido una relación fructífera con aliados democráticos de todo el mundo en la defensa de los valores de Occidente.
Son precisamente los valores de Álvaro Uribe y lo que su figura representa, lo que ha desatado una persecución sin precedentes contra su persona, su honor y su legado, con la pretensión de silenciarlo, hoy, cuando su voz es más necesaria. Quienes lo conocemos, sabemos que los enemigos de la libertad y de la democracia jamás lo lograrán. La campaña contra Uribe nos deja enormes lecciones para quienes debemos asumir que nuestra lucha es existencial y que no podemos permitir que el mal triunfe cuando los buenos somos más.
La ofensiva contra el presidente Uribe ha logrado unir a muchos latinoamericanos que vemos en él una referencia de tenacidad y firmeza, y que entendemos que, así como pretenden ir contra él, lo harán con cada uno de nosotros si no nos defendemos en esta hora y articulamos con sinergia nuestras fuerzas.
Sabemos que los enemigos de la libertad no le perdonan al presidente Uribe la férrea defensa de los valores occidentales a lo largo de su vida. Es esa defensa la que nos reúne a quienes entendemos que nuestro hemisferio enfrenta una amenaza inminente. El propósito de esta operación transcontinental es convertir a Venezuela y Colombia en un gran territorio de impunidad, crimen internacional y terrorismo y extender esta dinámica criminal a toda la región.
Hoy tenemos plena consciencia de las fuerzas que enfrentamos y de que, para derrotarlas, debemos actuar juntos, colombianos y venezolanos. La lucha de toda una vida de Álvaro Uribe es un referente y una guía en este camino.
Me siento afortunada de que ese Uribe que yo conozco sea mi amigo leal, referencia de trabajo tenaz e inspiración para los venezolanos. Él sabe que cuenta con nosotros, como Venezuela sabe que cuenta con él.
Venezuela será libre y Colombia vivirá en paz. La historia reconocerá el inmenso aporte de Álvaro Uribe en esta gesta.
Fin del capítulo.

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