(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 14, por Ana Mercedes Gómez
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 14 titulado «Yo voy a ser presidente de Colombia».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 14 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 14 titulado «Yo voy a ser presidente de Colombia», escrito por la exdirectora de El Colombiano y exsenadora de Colombia Ana Mercedes Gómez Martínez. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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“YO VOY A SER PRESIDENTE DE COLOMBIA”
Por: Ana Mercedes Gómez Martínez, Exdirectora de El Colombiano y Exsenadora de Colombia.
*Frase de Álvaro Uribe, en 1962, a sus diez años de edad.
Álvaro Uribe Vélez es, sin duda, el compatriota que más quiere a su país. Por esto y muchas otras razones fue escogido como “El gran colombiano”.
Cuando Uribe dejó la Presidencia en 2010, le sobraron ofertas, aún vigentes, para dar conferencias por todos los rincones del planeta. Pudo haber aceptado y vivir holgadamente y tranquilo en su terruño o en el exterior. Pero no: su amor a Colombia ha hecho que siga pensando en un mejor futuro para su país. No importan las amenazas de muerte. No importan los ataques a su fama y honra. No importan sus malquerientes de oficio. Él se defiende y sigue soñando, porque sabe que los sueños son el motor de realidades nuevas.
Uribe había sido congresista por varios períodos antes de presentarse a las elecciones presidenciales de 2002. Son muchas sus iniciativas parlamentarias que se convirtieron en leyes de la República. Destaco las referidas a la seguridad social. Hoy, él sabe que esas leyes necesitan reformas. Las urgencias cambian y él atiende siempre a los signos de los tiempos.
En 2014, Uribe volvió a presentarse como candidato al Senado. Habían pasado cuatro años desde que salió de la Presidencia. En 2010 le entregó el cargo a Juan Manuel Santos quien, obviamente, dijo que seguiría avanzando con las mismas políticas de su antecesor. De otra manera, nunca habría sido elegido. Pero, una vez en el poder, Santos dio un viraje de 180 grados, para sorpresa de quienes depositamos el voto por él.
Uribe había entregado el cargo con la más alta popularidad, 75%, (Invamer Gallup), considerados todos los presidentes que en Colombia han sido desde que comenzaron las encuestas de opinión. Para Uribe no hubo “sol a sus espaldas”, tan normal por el desgaste que produce el ejercicio de un cargo, sobre todo en medio de aguas turbulentas.
Yo estuve en esa lista de candidatos al Senado. Era cerrada. Y, como de costumbre, Uribe, quien la encabezaba, sacó la más alta votación de todos quienes se presentaron para la Cámara Alta. En las giras de la campaña constaté el entusiasmo de un pueblo que no olvida a su líder. Lastimosamente para mí, motivos de salud hicieron que renunciara a mi escaño en el Senado. Una vez más le fallé a Uribe.
Y ¿por qué digo una vez más?
Porque cuando Álvaro Uribe era gobernador de Antioquia tuvimos diferencias. Realmente, las diferencias no eran tanto con él sino con su Secretario de Gobierno, (QEPD). No estuve de acuerdo con las cooperativas de vigilancia privada, Convivir. Habría preferido reforzar todas las ramas de la Fuerza Pública.
Y algunas de esas cooperativas se desmarcaron de su rol y abusaron, creo yo. Se aliaron con los mal llamados paramilitares y hubo masacres. No eran las primeras. En Colombia ha habido muchas. Todas, de ingrata recordación. Y hubo asesinatos selectivos. Tampoco eran los primeros. Reconozco que Uribe, gobernador, protegió a los amenazados que quisieron protección. Uno de ellos, Jesús María Valle, defensor de Derechos Humanos, estaba señalado y creo que no aceptó un esquema de seguridad estatal. Fue asesinado el 27 de febrero de 1998. Valle había denunciado el accionar conjunto de paramilitares y algunos pocos militares en Ituango, nordeste de Antioquia.
Tengo que advertir que las Cooperativas de Vigilancia Privada habían sido aprobadas en el gobierno del presidente liberal, César Gaviria Trujillo, (1990-1994). También, que a Uribe le tocó ser gobernador de Antioquia durante la Presidencia de otro liberal, Ernesto Samper Pizano, (1994-1998). Samper fue acusado de financiar su campaña con dineros del narcotráfico. El suyo ha sido el famoso “Proceso 8.000”. Y, aún hoy, sigue un manto de duda sobre Samper.
Cuando el asesinato del doctor Valle, Uribe estaba en la Universidad de Oxford y me envió una carta bastante dura. Sin embargo, yo dudo que dicha carta haya sido escrita por él. De lo que sí tengo certeza es que él no la firmó. La carta salió publicada en otros medios el domingo y lunes, 15 y 16 de marzo, respectivamente. Pero a El Colombiano no había llegado ni por correo expreso ni por internet. Lo raro es que fue dejada en la portería del periódico el martes 17 de marzo en un sobre abierto, sin sello de correo y con una firma falsa, según el análisis del Bufete Legal: “Independientemente de quien haya sido el creador y redactor de la comunicación controvertida, todo indica que la firma que la autoriza no fue puesta en ella, de puño y letra por el doctor Álvaro Uribe Vélez. La firma asentada en la carta cuestionada, en mi sentir, proviene de una imitación servil de un autógrafo original del doctor Uribe Vélez”.
Desde ese momento yo empecé a estudiar, con juicio, la trayectoria de Uribe. Este estudio me llevó a escribir un editorial ofreciéndole disculpas. El presidente Andrés Pastrana (1998-2002) empezó unos diálogos con las Farc para lograr la paz. En junio de 2001 hice parte de una comisión par, mal llamada de “notables”. En septiembre, y por serias diferencias con los otros tres miembros de dicha comisión, renuncié. Los diálogos de El Caguán, que así se llamaron, fueron cancelados por el presidente Pastrana en febrero de 2002. Pero ¿por qué menciono este momento? Porque en septiembre de 2001 Uribe era candidato a la Presidencia y ni siquiera marcaba en las encuestas. En ese momento recibí una llamada desde Pereira, Colombia. Era Uribe para animarme y decir que me consideraba muy valiente. Para mí fue un consuelo que alguien de sus calidades me diera una voz de aliento.
Pastrana fortaleció las Fuerzas Armadas y, mientras los Diálogos del Caguán, tuvo el apoyo de Estados Unidos, a través del “Plan Colombia”. Pero la situación del país era invivible. Recordemos las condiciones infrahumanas en que las Farc tenían a los secuestrados en medio de la inmensa extensión de la zona de distensión del Caguán. Todo esto lo heredó Uribe al ganar la Presidencia en primera vuelta, con la votación más alta que haya tenido alguien en Colombia. La gran mayoría de los colombianos entendimos que era el gobernante que el país necesitaba en ese momento.
Su eslogan de campaña “Mano firme, corazón grande” lo cumplió a cabalidad. Muchos guerrilleros se reinsertaron a la vida civil. Las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, tuvieron una negociación. Fueron a la cárcel para pagar una pena reducida. Pero quienes siguieron delinquiendo desde la prisión, fueron extraditados a Estados Unidos.
El gran problema de Colombia, el narcotráfico, génesis de muchos otros delitos, fue combatido con contundencia. Se redujeron los laboratorios de coca, se incautaron miles de toneladas de cocaína. Se redujeron los cultivos ilícitos. Los alcaldes pudieron volver a gobernar desde sus municipios. Los colombianos pudimos volver a viajar por tierra. No olvidamos la bella frase: “Vive Colombia, viaja por ella”.
Seguridad Jurídica, confianza inversionista y cohesión social fueron los tres pilares del programa de Gobierno. Y Colombia avanzó. Se redujeron la pobreza y el desempleo. El país retomó la senda del desarrollo en un marco auténticamente democrático. Tuvo el mayor crecimiento del PIB. Recordemos las palabras de Pablo VI: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Hubo programas para los campesinos.
¿Qué pasó, entonces?
Como lo dijo el propio Uribe al salir de la Casa de Nariño. Él no entregaba un país con cero problemas, pero sí con muchos avances. El siguiente mandato ha debido seguir por el mismo camino, pero no fue así, se deshizo el camino andado. Y la combinación de todas las formas de lucha volvió a salir a flote. Las izquierdas se fortalecieron y se destaparon las fuerzas que obedecen al Foro de Sao Paulo y al Grupo de Puebla. Hoy hay marchas con vandalismo en toda América. Las joyas de la corona son Chile y Colombia.
La justicia politizada resolvió darle casa por cárcel a Álvaro Uribe Vélez el 4 de agosto de 2020. Con dolor vimos su dolor al ser reseñado con su número de presidiario. Él, que seguía de senador, renunció para poder defenderse de cara a los ciudadanos. Confiamos en que pueda lograr lo que más le interesa y más nos interesa a quienes lo apoyamos: demostrarles a todos los colombianos y a muchos, en muchos rincones del mundo, que es un hombre de buena voluntad, justo, honesto y limpio. Como él lo dice, es su mayor anhelo, sobre todo, frente a su esposa, sus hijos y sus nietos.
Uribe sigue pensando en el país. No lo turban ni lo espantan los remoquetes que le lanzan quienes lo odian. Él no odia. Seguirá siendo patriota hasta el último de sus días en esta dimensión. Él se ha cuidado siempre de no manchar su hoja de vida. Desde que era un niño tenía claro que iba a ser presidente de Colombia. Lo dijo a su condiscípulo a los diez años de edad y, con ese norte claro, ha caminado el camino de la vida.
Fin del capítulo.

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