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(EDITORIAL) Petro juró solemnemente proteger al pueblo Colombiano, la Constitución y las leyes. ¿lo ha cumplido?

Cuando un médico está en pleno acto de graduación hace un juramento y es: «velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo, aun bajo amenaza, y no emplear los conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas. Solemne y libremente, bajo mi palabra de honor, prometo cumplir lo

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Redacción IFM
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(EDITORIAL) Petro juró solemnemente proteger al pueblo Colombiano, la Constitución y las leyes. ¿lo ha cumplido?

Cuando un médico está en pleno acto de graduación hace un juramento y es: «velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo, aun bajo amenaza, y no emplear los conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas. Solemne y libremente, bajo mi palabra de honor, prometo cumplir lo antedicho».

Este es un juramento de salvar vidas y luchar por la misma sin importar raza o condición social. Algo similar prometió el presidente Gustavo Petro al posesionarse como primer mandatario de Colombia el pasado 7 de agosto de 2022.

Aquel 7 de agosto, en pleno discurso de posesión como presidente de Colombia, Petro se mostró tan emocionado que millones de colombianos que creyeron y depositaron su voto de confianza en él se erizaron escuchando tan enérgico discurso: «Cumpliré y haré cumplir nuestra Constitución». Esta fue una promesa que generó en su momento tranquilidad porque había llegado «el cambio», tal como se había prometido en campaña.

Sin embargo, después de 10 meses en los que se ha demostrado que el tal cambio no existía, sino que era puro cuento y que el mandato actual es «más de lo mismo», hay millones de colombianos expetristas arrepentidos de haber confiado en el presidente guerrillero y por eso salen al paso a desvincularse de esa ideología que ahora ven como aterradora.

La confianza depositada en Petro por 11 millones de colombianos se ha ido perdiendo, aquella promesa de «desarrollaremos, también, una nueva cobertura legal para hacer sostenible, justo e igualitario nuestro desarrollo. (…) Necesitamos mejores leyes, nuevas leyes al servicio de las grandes mayorías y garantizar su cumplimiento. Confío mucho en que los debates en nuestras asambleas legislativas sean fructíferos y ofrezcan resultados para la sociedad colombiana. Hay mucha tarea y confío plenamente en nuestros representantes», hoy en día es solo un recuerdo que se quedó en anuncios.

Lo claro es que las decisiones buenas, regulares o malas que ha tomado el presidente Gustavo Petro con la salud y la seguridad solo es responsabilidad de él. Aunque lo más delicado es que está poniendo en riesgo la vida de los ciudadanos de Colombia.

Son muchos los colectivos que han lanzado una voz de alerta para que no se apruebe la reforma a la salud porque, como lo han manifestado expertos, regresaríamos al sistema de los años 70 y 80, algo para nada favorable. Es por esto que al presidente Petro hay que recordarle que cada ciudadano que muera por falta de atención médica, bien sea civil, militar o de policía es única y exclusivamente responsabilidad de él.

Y aquí se hila en una línea muy delgada,  si Colombia cae en un sistema de salud malo, pues la atención no será la mejor y se prevé que serán muchos los muertos, ya que este sistema va muy de la mano con la seguridad del país que, por cierto, es muy compleja en todas las regiones.

El panorama pinta así: sin seguridad, serán muchos los atentados, ataques y, por ende, heridos que deberán recibir atención médica; pero con el sistema de salud deteriorado, ni siquiera los que alcancen a llegar con vida a un centro hospitalario podrá salvarse, porque no habrá calidad técnica ni humana para atenderlo debidamente.

Así lo avizoran analistas que ven cómo el incremento de las extorsiones, los secuestros, el reclutamiento de menores para hacer parte de los grupos armados, mientras las autoridades tienen las manos atadas porque no pueden actuar debido a una orden de presidencia, ven para Colombia un devenir inseguro y catastrófico.

Cuando muere un militar o un civil a manos de grupos armados ilegales, es tan simple como que el presidente está faltando a ese juramento que hizo el día de su posesión como primer mandatario de Colombia.

Dentro de su discurso Petro dijo: «Defenderé de las violencias y trabajaré para que las familias se sientan seguras. Lo haremos con una estrategia integral de seguridad. Colombia necesita una estrategia que vaya desde los programas de prevención hasta la persecución de las estructuras criminales y la modernización de las fuerzas de seguridad. Las vidas salvadas será nuestro principal indicador de éxito (…) Quiero defender a las familias de la inseguridad diaria y cotidiana: sea de violencia machista o cualquier otra».

Este juramento, sin duda, quedará para la historia como un sueño anunciado que no pudo hacerse realidad por la ineptitud del presidente comunista que se dedicó a beneficiar a los narcoterroristas mientras redujo a los verdaderos héroes de la Patria.

Desde la posesión de Petro, Colombia ha sido testigo de diferentes masacres de la población civil, militar y policial, de ataques terroristas y hostigamientos a la población, todo mientras Petro se lava la mano tratando de redefinir los conceptos como, por ejemplo, denominando a las masacres como «muertes colectivas» y a los secuestros como «cercos humanitarios».

Aquel 7 de agosto de 2022 el presidente Gustavo Petro juró solemnemente proteger al pueblo colombiano, a la Constitución y las leyes: «Protegeré nuestro suelo y subsuelo, nuestros mares y ríos», dijo.

Y agregó: «Nuestro aire y cielo. Nuestros paisajes nos definen y nos llenan de orgullo. Y, por eso, no voy a permitir que la avaricia de unos pocos ponga en riesgo nuestra biodiversidad. Vamos a enfrentar la deforestación descontrolada de nuestros bosques e impulsar el desarrollo de energías renovables. Colombia será potencia mundial de la vida».

Sin embargo, realmente Petro está convirtiendo al país nuevamente en la «potencia mundial de la muerte» que era antes del primer Gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez.

En palabras es muy bonito el juramento, ¿Por qué grupos armados y narcotraficantes se han extendido en el dominio de territorios y hay lugares donde hay que pedir permiso para trabajar, como recientemente se conoció en el caso de unos pescadores a quienes asesinaron por no contar con el permiso de los grupos guerrilleros?

Cada vida que se pierda en Colombia es exclusivamente responsabilidad de Gustavo Petro, bien sea de manera violenta a manos de los grupos ilegales o por la falta de atención médica en esa carrera y empeño de cambiar el sistema de Salud y todo bajo el falso argumento de que el de Colombia es uno de los peores en el mundo.

Como si fuera poco, en esa remembranza de su discurso de posesión aseguró unir a Colombia: «Uniremos, entre todos y todas, a nuestra querida Colombia. Tenemos que decirle basta a la división que nos enfrenta como pueblo. Yo no quiero dos países, como no quiero dos sociedades. Quiero una Colombia fuerte, justa y unida. Los retos y desafíos que tenemos como nación exigen una etapa de unidad y consensos básicos. Es nuestra responsabilidad».

No obstante, ahora Colombia no puede estar más dividida y llena de los arrepentidos de haber elegido a Petro como presidente creyendo que al día siguiente iban a tener casa, carro y beca y que se había llegado la hora de «vivir sabroso».

Sin seguridad y sin salud, los colombianos empezarán a sentirse prisioneros en su propia tierra y enfermos de libertad. Quienes sobrevivan, si Petro no desiste de sus mezquinas intenciones de deteriorar al país, protagonizarán un estallido social peor que el de 2021 que podría terminar en otra guerra civil contra el Gobierno que empieza a desconocer las libertades y la Democracia.

El mensaje es: presidente Gustavo Petro: recuerde que usted juró solemnemente proteger al pueblo Colombiano, la Constitución y las leyes.

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