Roque Raúl Alfaro y sus memorias en el América de Cali: El día que prefirió un Renault 12 sobre autos de lujo
El exfutbolista argentino relató detalles inéditos de su paso por el conjunto escarlata en los años ochenta, incluyendo su relación con Miguel Rodríguez Orejuela y las condiciones económicas de la época.
La historia del fútbol colombiano durante la década de los ochenta está repleta de matices que mezclan la gloria deportiva con el contexto social y administrativo de la época. Uno de los protagonistas de esos años dorados del América de Cali fue el argentino Roque Raúl Alfaro, quien recientemente compartió una serie de memorias que permiten reconstruir cómo era la vida de un futbolista extranjero en la capital del Valle del Cauca durante los años 1982 y 1983, periodos en los que el club alcanzó la cima del balompié nacional.
La llegada de un talento argentino al Valle del Cauca
El desembarco de Roque Raúl Alfaro en el América de Cali no fue producto del azar, sino de una red de recomendaciones y una visión técnica clara. Alfaro, quien se desempeñaba con destreza tanto de volante como de extremo, llegó a la institución escarlata en 1981. Su incorporación fue impulsada por el consejo de su compatriota y amigo cercano, Coco Pascuttini, quien ya conocía las exigencias del entorno futbolístico colombiano.
Para que el fichaje se hiciera realidad, fue necesario el aval del entonces director técnico, Gabriel Ochoa Uribe. El estratega antioqueño, conocido por su disciplina y rigor táctico, analizó las opciones disponibles en el mercado de pases de julio de 1981. Aunque Ochoa Uribe manejaba otras alternativas para reforzar la zona ofensiva del equipo, la insistencia de Pascuttini y las condiciones técnicas de Alfaro terminaron por convencerlo. La operación financiera para traer al jugador desde Argentina se cerró en una cifra de 250.000 dólares, una inversión significativa para los estándares de aquel entonces.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeEste movimiento marcó el inicio de una etapa sumamente exitosa para el club. Con Alfaro en sus filas, el América de Cali logró consolidar un esquema de juego que los llevó a coronarse campeones de la liga en 1982 y 1983, iniciando una hegemonía que marcaría la historia del fútbol profesional colombiano. Durante este tiempo, el argentino no solo se integró al esquema táctico, sino que también fue testigo de la particular estructura administrativa de la institución, encabezada en aquel momento por la familia Rodríguez Orejuela.
El vínculo con la dirigencia y la cotidianidad en la sede
Uno de los puntos más llamativos del relato de Alfaro es su interacción con Miguel Rodríguez Orejuela. El exfutbolista recordó que el dirigente era una figura omnipresente en la vida diaria del club. No era extraño verlo caminar por las instalaciones de la sede deportiva o asistir puntualmente a cada uno de los compromisos que el equipo disputaba en el estadio Pascual Guerrero.
Al ser consultado sobre la naturaleza de su relación con el dirigente y los rumores que ya en esa época empezaban a tejerse sobre las actividades de quienes financiaban al equipo, Alfaro fue enfático en su perspectiva. El exjugador aclaró que, desde su posición como deportista, su trato con Rodríguez Orejuela fue estrictamente profesional y cordial. Aseguró que, durante su estancia en Cali, no fue testigo directo de ninguna situación irregular o ilegal que pudiera describir con propiedad.
Alfaro hizo una distinción temporal importante en su testimonio. Situó sus vivencias en los primeros años de la década de 1980, un periodo que, según su visión, se diferenciaba de los eventos más complejos y violentos relacionados con el narcotráfico que sacudirían a Colombia en años posteriores. Por esta razón, el argentino prefirió no especular sobre hechos de los cuales no tuvo conocimiento directo, limitándose a narrar su experiencia personal como empleado de la institución deportiva.
Estructura salarial y los incentivos por victoria
En cuanto a la parte económica, el testimonio de Roque Raúl Alfaro arroja luz sobre cómo se remuneraba a las estrellas del fútbol en esa época. El volante reveló que percibía un salario mensual fijo de 500 dólares, el cual se complementaba con una prima anual de 40.000 dólares. Curiosamente, Alfaro comparó estas cifras con las que recibiría años más tarde al unirse a las filas de River Plate en Argentina, señalando que los montos eran bastante similares, lo que demuestra la competitividad económica del fútbol colombiano en aquel momento.
Un detalle interesante de la organización interna del América de Cali era la equidad salarial entre los miembros de la plantilla. Según Alfaro, los integrantes del plantel cobraban sueldos estandarizados. No obstante, la diferencia la marcaban los premios por rendimiento. Tras la victoria en partidos clave o de alta relevancia, Miguel Rodríguez Orejuela solía enviar incentivos adicionales que oscilaban entre los 200 y 300 dólares para cada jugador.
Para el contexto económico de la Colombia de principios de los ochenta, estas sumas representaban un poder adquisitivo considerable. Estos pagos extra no solo servían como motivación deportiva, sino que también reflejaban el sistema de recompensas que la dirigencia había instaurado para mantener al equipo en los primeros lugares de la tabla de posiciones.
La anécdota del Renault 12: Seguridad sobre lujo
Quizás el episodio más recordado por Alfaro, y que mejor ilustra su carácter prudente, fue el momento en que se le ofreció un vehículo para sus desplazamientos personales en la ciudad de Cali. El futbolista relató que fue citado por Rodríguez Orejuela a su residencia privada. Una vez allí, el dirigente lo condujo hacia un garaje que albergaba una impresionante colección de automóviles de alta gama.
En el lugar se encontraban modelos de marcas prestigiosas como Mercedes-Benz y BMW, vehículos que cualquier joven deportista habría deseado poseer. Sin embargo, ante la oferta de escoger cualquier auto del garaje, Alfaro sorprendió a todos al señalar un modesto Renault 12. La elección fue tan inesperada que el propio Rodríguez Orejuela le preguntó si estaba seguro de su decisión o si realmente prefería ese modelo sobre las opciones de lujo disponibles.
La respuesta de Alfaro fue pragmática y reveladora de su mentalidad en aquel entonces: prefirió un vehículo que no llamara la atención en las calles de Cali por temor a ser víctima de un robo. El Renault 12, un auto común y resistente, le brindaba la tranquilidad necesaria para movilizarse sin convertirse en un blanco evidente. Esta historia ha perdurado como una de las anécdotas más curiosas de su paso por el América, cerrando un capítulo de recuerdos que mezclan el éxito deportivo con las vivencias personales de un hombre que supo navegar una de las épocas más intensas del fútbol nacional.
¿Quién es Roque Raúl Alfaro y por qué es noticia?
Es un exfutbolista argentino que fue figura del América de Cali en los años ochenta y recientemente compartió detalles inéditos sobre su paso por el club y su relación con la dirigencia de la época.
¿Cómo era la relación del jugador con Miguel Rodríguez Orejuela?
Alfaro describió un trato estrictamente profesional y cordial, señalando que el dirigente era una figura omnipresente en la sede y que entregaba premios económicos de hasta 300 dólares por victoria.
¿Por qué el futbolista prefirió un Renault 12 sobre autos de lujo?
Pese a que se le ofreció elegir cualquier vehículo de una colección que incluía marcas como Mercedes-Benz y BMW, Alfaro optó por el modelo modesto por una cuestión de pragmatismo y seguridad personal.
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