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(OPINIÓN) El vuelo de Caretorta. Por: Daniel Carvalho Mejía

La primera vez que fui al estadio, en los ochenta, Caretorta ya era famoso. Yo apenas estaba descubriendo el templo del fútbol y él ya corría de norte a sur, con su icónica bandera. “Ese es Caretorta, está loco por el DIM”, me decían los señores y yo admiraba su energía, su entrega y su locura. Me p

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) El vuelo de Caretorta. Por: Daniel Carvalho Mejía

La primera vez que fui al estadio, en los ochenta, Caretorta ya era famoso. Yo apenas estaba descubriendo el templo del fútbol y él ya corría de norte a sur, con su icónica bandera. “Ese es Caretorta, está loco por el DIM”, me decían los señores y yo admiraba su energía, su entrega y su locura. Me parecía que volaba en la tribuna, mientras imaginaba que un día la enorme bandera se lo iba a llevar por los aires.

Había muchas leyendas sobre él: que se había cambiado el nombre, que el Poderoso le había provocado dos o tres infartos, que nunca en la vida se había perdido un partido del rojo en el Atanasio. Sabemos que lo primero es cierto, lo demás sirve para darle color a su personaje legendario, a su mito de hincha inamovible, abnegado y testarudo.

Don Caretorta Dim Palacio era la expresión máxima del hincha de antaño, siempre fiel, siempre presente, siempre esperanzado. En cada hito del equipo del pueblo se ve, al margen o al fondo de la foto, su bandera grande de franjas rojiazules. La vi en los títulos esquivos de los noventa y en los campeonatos inolvidables de inicios del Siglo XXI, la vimos en todos los partidos importantes y, sobre todo, la vimos en los partidos irrelevantes, en las épocas de sequía, de crisis administrativa y de pérdida colectiva de la ilusión. Cuando no quedaba nada, estaba Caretorta izando los colores para recordarnos que habría otra oportunidad, que lo importante no era ganar siempre sino sentir amor por el Medallo y resistir a la adversidad.

“¡Poderoso DIM, me vas a homicidar!”, decía el viejo Malevo y no es difícil imaginar a Caretorta con su rostro de angustia, la mirada al cielo y el puño aferrado a su bandera, repitiendo el trágico mantra de los sufridos. Pues bien, no fue el DIM. Caretorta murió el domingo atropellado por un motociclista imprudente. Había vencido un cáncer, había soportado cuatro décadas sin ver a su equipo campeón, pero un motociclista negligente le segó la vida.

Un joven en moto atropellando a un adulto mayor es la postal más común de la inseguridad vial de nuestra ciudad. Sucede cientos de veces al año. Esa escena trágica parece una metáfora de nuestros días en las calles, en las tribunas y en las casas: el joven que irrespeta al viejo, el afanado que violenta al tranquilo, el egoísta que apaga la vida del soñador. ¿Hasta cuándo nos seguirán matando la impaciencia, la intolerancia y el irrespeto a las normas básicas de convivencia?

En la historia del decano del fútbol colombiano quedará por siempre la estampa de Caretorta: el abnegado, el pasional, el ideal hincha folclórico. Hago un llamado para que los merecidos homenajes en su memoria incluyan una reflexión sobre la seguridad vial. En mi mente siempre correrá, aferrado a su bandera, cada vez más rápido, cada vez más alto y pensaré de nuevo, como en mi infancia, que a Caretorta se lo llevó el viento, envuelto en su hermosa bandera rojiazul.

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