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(OPINIÓN) Dejen trabajar. Por: Daniel Carvalho Mejía

El concesionario de automóviles ocupa todo el andén con sus vehículos, obligando a los peatones a arriesgar sus vidas al caminar por la calzada; al hacerle la observación al administrador su respuesta aireada es: – ¡Dejen trabajar! El repartidor de domicilios recorre en su moto la cuadra en co

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Redacción IFM
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(OPINIÓN) Dejen trabajar. Por: Daniel Carvalho Mejía

El concesionario de automóviles ocupa todo el andén con sus vehículos, obligando a los peatones a arriesgar sus vidas al caminar por la calzada; al hacerle la observación al administrador su respuesta aireada es: – ¡Dejen trabajar!

El repartidor de domicilios recorre en su moto la cuadra en contravía; ante el reclamo de los vecinos que alertan de la posibilidad de un incidente, levanta el casco con molestia y, entre otras palabras, se escucha su grito de indignación: – ¡Dejen trabajar!

El bar de la zona insiste en poner música a alto volumen hasta altas horas de la noche, perturbando la tranquilidad de un barrio que no encuentra respuesta en las autoridades; un par de señores deciden ir a hablar con el responsable para pedirle un poco de mesura, pero este los mira con desdén, hace caso omiso y se aleja mientras murmura: -Dejen trabajar.

La sociedad discute medidas para hacer más digno el trabajo, proponiendo algunas regulaciones que permitan mayor seguridad laboral, mejores condiciones de salud o cierta estabilidad; algunos dirigentes gremiales blanquean los ojos y, en lugar de presentar contrapropuestas que dejen ver alguna comprensión del malestar, sólo atinan a decir: -Dejen trabajar.

El Consejo Nacional Electoral hace, como le corresponde con todos los candidatos, un análisis de las cuentas de la campaña electoral del presidente y, al encontrar anomalías, prende las alarmas y lanza una investigación; el gobernante y sus seguidores no se detienen a pensar en sus posibles errores, ni hacen una reflexión sobre el impacto de lo sucedido, sino que se les ocurre hablar de una persecución despiadada en su contra: es un :golpe blando», no los quieren dejar trabajar.

El Gobierno Nacional adelanta una serie de propuestas a través de decretos y proyectos de ley, a pesar de algunas advertencias sobre la legalidad de estas. Las altas cortes hacen su debida tarea de revisar las medidas, concluyendo que no corresponden al ordenamiento constitucional y, por lo tanto, deben ser rechazadas; la respuesta de los miembros del gobierno, lejos de la autocrítica, la toma de correctivos y la promesa de hacerlo mejor la próxima vez, es que no quieren el cambio: no nos dejan trabajar.

“Dejen trabajar”, esa frase repetida constantemente es nuestro país, esconde un preocupante desprecio por la norma y una molestia evidente por el control de las autoridades o de los ciudadanos. Es un atajo para eludir el debate y la reflexión; quizás una forma de calmar la propia consciencia ante una acción que se sabe incorrecta pero provechosa.

Nuestras decisiones diarias no pueden estar ambientadas en la trampa, si decidimos actuar constantemente al margen de las normas estamos enviando el peligroso mensaje de que nuestros intereses individuales están por encima del bienestar colectivo. Un modelo de negocio no puede estar sustentado en el irrespeto de la norma, por más empleos que genere. Un proyecto político no puede saltarse las leyes y los controles institucionales, por más nobles que sean sus causas.

Es tarea de todos comprender que las leyes son los acuerdos colectivos que hemos hecho para darle cierto orden a nuestra vida en sociedad, es nuestro pacto como ciudadanos; desde el Presidente hasta el más humilde de los ciudadanos debemos honrar ese pacto y tener la disposición de cumplirlo. No busquemos excusas.

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