¿Y la salida?
Se equivocan verticalmente quienes piensan que hay que exigir la renuncia del presidente Petro, o destituirlo por las vías legales, o, en último caso, convencer a los militares de que lo tumben.

Por: Enrique Ramírez Yáñez
Se equivocan verticalmente quienes piensan que hay que exigir la renuncia del presidente Petro, o destituirlo por las vías legales, o, en último caso, convencer a los militares de que lo tumben.
Y se equivocan por varias razones: La primera, y más elemental, consiste en que, si renuncia Petro, el gobierno quedaría en manos de doña Francia. Y no creo que exista un colombiano, con dos dedos de frente, dispuesto a vivir esa pesadilla terrorífica. La segunda, porque cuando aparezcan las pruebas que demuestren que Petro, como Samper y como Santos, fue elegido con dineros de sucia procedencia, la sanción que establece la ley para estos casos es la nulidad de la elección, incluyendo desde luego también la de Francia, y en este caso – que la hecatombe nos coja confesados – quedaría encargado del gobierno el ministro del Interior, mientras el Congreso designa un nuevo vicepresidente que terminaría el cuatrienio actual, puesto que la Constitución no contempla la figura de la convocatoria a elecciones por fuera del período presidencial constitucional, que es de cuatro años.
¿Se imaginan ustedes al ministro Velasco de presidente encargado? Peor aún: ¿Se imaginan ustedes al actual Congreso eligiendo a un vicepresidente que, de hecho, sería presidente por tres años? ¿Roy Barreras? ¿Benedetti? ¿Iván Cepeda? ¿La exministra de Minas, la señora Vélez? No, no, por favor, Sagrado Corazón de Jesús, no permitas nunca que Colombia caiga tan bajo…
Desde luego, no existe en Colombia tribunal ni corte que se atreva a anular la elección de un presidente, y menos la de un presidente mamerto…
Y en cuanto al golpe militar, ni lo piensen. La peor democracia es preferible a la mejor dictadura. No caigamos nunca en esa tentación.
A mí me parece que la mejor solución para los intereses nacionales – que además está al alcance de la mano, dada la posibilidad de que los congresistas se empiecen a voltear en contra del presidente – no es tumbar a Petro, sino amarrarlo. Políticamente, digo.
Impedir que prosperen sus locas reformas. Es la salida menos traumática. Que siga diciendo idioteces tres años más, no es tan grave, siempre y cuando tengamos salud, pensiones, y un régimen laboral aceptable, como el actual.

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Unidos por Colombia: La libertad se defiende construyendo, no dividiendo. Por: Dyna María Ochoa
La historia nos dio una lección que no podemos olvidar. Durante años muchos dimos por sentadas la…
De la Espriella fija una política de seguridad sin negociación con grupos armados y promete un gobierno con respeto institucional
En el primer discurso de su mandato, pronunciado desde el Batallón Pichincha de Cali tras su…
“La corrupción no será tolerada”: Abelardo De la Espriella anunció una ofensiva con inteligencia artificial, austeridad y mérito como ejes de gobierno
En la segunda parte de su primer discurso como presidente de la República, Abelardo De la Espriella…