Un mantra de involución
Por: Eduin Muñoz Mazo «¡De malas!» es una de las interjecciones más utilizadas en la cultura colombiana, ya sea de manera coloquial o en forma totalmente consciente e intencional. Podría decirse que es todo un rasgo característico de la idiosincrasia nacional que ha perdurado incólume por generacion

Por: Eduin Muñoz Mazo
«¡De malas!» es una de las interjecciones más utilizadas en la cultura colombiana, ya sea de manera coloquial o en forma totalmente consciente e intencional. Podría decirse que es todo un rasgo característico de la idiosincrasia nacional que ha perdurado incólume por generaciones, inmune a la llegada de nuevas formas de expresión, casi que una impronta de la colombianidad.
Y como casi todo lo que es definitorio, permea incluso aspectos comportamentales de los individuos que componen una sociedad. ¿No me cree? Entonces haga el ejercicio de remitirse a la última vez en que la expresión fue usada por o con usted (en el tránsito, en la fila del supermercado, en el ambiente laboral o inclusive puertas adentro de su casa). Puede parecer algo inocuo o insignificante, pero muy seguramente cuando el «¡De malas!» fue esgrimido, la interlocución tomó un matiz menos agradable, eventualmente llegando a una connotación hostil.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeLa razón para esto radica en que detrás de un «¡De malas!» casi siempre hay una relación asimétrica de poder entre quien la usa y quien la recibe, siendo favorable al primero que casi siempre la usa para defender actos o ideas que más allá de la autocomplacencia serían simplemente injustificables o incluso lesivos para el interlocutor.
Tan interiorizado está, que un «¡De malas!» es usado sin ningún distingo de situación socioeconómica o cultural, pudiendo estar en boca del transeúnte común y silvestre, del asaltante a mano armada, del conductor de una camioneta del alta gama, del prestante gerente o de una alta dignidad de un gobierno inclusivo, empático y socialmente motivado.
El real problema es que mientras no exista el menor atisbo de que en el futuro (sea este próximo o extremamente lejano) «¡De malas!» deje de ser un mantra ante el que no quede más que mascullar su disonancia en medio de la perplejidad y la frustración, estaremos condenados a ser una sociedad en continua involución y con cada vez menos oportunidades de revertir el cuadro… Una sociedad «De malas».

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