(OPINIÓN) Una curul no se disputa en una camilla: la dignidad primero. Por: Nicolás Albeiro Echeverry Alvarán
La política se ejerce desde la convicción, pero también desde el respeto. Las ideas se confrontan en el debate, no en el dolor.
La política se ejerce desde la convicción, pero también desde el respeto. Las ideas se confrontan en el debate, no en el dolor.
Hoy, como Senador, como ciudadano y como ser humano, levanto mi voz para expresar mi solidaridad con el colega y amigo Miguel Uribe Turbay, quien libra una de las batallas más difíciles que puede enfrentar una persona: la de la vida.
En medio de su convalecencia, mientras se encuentra hospitalizado y en estado delicado, hemos presenciado con profunda preocupación que algunos han decidido avanzar con una demanda que busca arrebatarle su curul en el Senado.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeUna acción jurídica que, más allá de sus motivaciones, resulta profundamente inoportuna, incluso inhumana, en un momento donde lo que corresponde es la solidaridad, no la disputa.
No se trata aquí de defender un fuero o una investidura, se trata de defender los valores esenciales que nos deberían unir como sociedad.
Cuando alguien atraviesa una crisis de salud, no se le disputa su lugar: se le acompaña, se le respeta, se le ora. Las diferencias políticas no pueden estar por encima de la dignidad humana.
Como creyente en la democracia, creo también en el principio de la decencia. Y como creyente en Dios, creo en el poder de la oración.
Por eso, desde aquí me uno al clamor de muchas voces que hoy no están pensando en cálculos políticos ni en intereses personales, sino en la pronta y plena recuperación de Miguel Uribe. Que la vida, la fe y la esperanza prevalezcan.
Confío en que la institucionalidad sabrá actuar con prudencia y humanidad. Hoy no es el momento de demandas ni de disputas, es el momento de acompañar, de tener compasión y de elevar nuestras oraciones.
La curul de un hombre no vale más que su vida. Y la democracia se engrandece cuando quienes la representan también saben ser humanos.

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