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Los espurios acuerdos de Caracas

My (RA) Álvaro Martínez Gómez Todos queremos la paz, pero no una paz mal negociada, y digo esto porque durante el Gobierno de Juan Manuel Santos se hicieron las más generosas e indulgentes concesiones a las FARC, y el resultado ha sido un estruendoso fracaso. Los máximos jefes, desde Rodrigo Londoño

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Redacción IFM
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My (RA) Álvaro Martínez Gómez

Todos queremos la paz, pero no una paz mal negociada, y digo esto porque durante el Gobierno de Juan Manuel Santos se hicieron las más generosas e indulgentes concesiones a las FARC, y el resultado ha sido un estruendoso fracaso.

Los máximos jefes, desde Rodrigo Londoño, alias Timochenko y una decena más de guerrilleros viejos y enfermos, se salieron con las suyas: obtuvieron perdón, indulto, impunidad, inmunidad parlamentaria con curules a dedo en el Congreso, sin reparación, justicia y no repetición para una paz verdadera y duradera.

Es más: obtuvieron personería para su propio partido, los comunes, y adicional, una corte de bolsillo: el confesionario JEP que sólo profiere condenas de padrenuestros y aves marías.

Ahora con el ELN la historia vuelve a repetirse, estamos negociando en medio del recrudecimiento de la violencia donde no paran las masacres, los asesinatos de líderes sociales, asaltos en las carreteras y una delincuencia desatada en las principales ciudades del país.

El sábado veíamos las más impresionantes imágenes de 18 colombianos muertos en forma salvaje en el Putumayo por enfrentamientos, no con las autoridades legítimas sino por viejas estructuras guerrilleras del famoso ejército de pueblo.

El lunes pudimos presenciar la quema de un sinnúmero de tractomulas en jurisdicción de Ocaña fortín del insurgente ELN, cuando los jefes del COCE estaban sentados inaugurando las conversaciones en Caracas, como una bienvenida a la delegación del gobierno ilegítimo de Gustavo Petro.

Negociar en medio del conflicto es arrodillarse a los delincuentes. Está demostrado en todos los procesos de paz en el mundo, se requiere ineludiblemente un cese bilateral al fuego y el gobierno ha llegado a la mesa de negociación totalmente debilitado.

Unas FF AA maniatadas y desmoralizadas por culpa del ministro de Defensa, interlocutor y puente entre el ejecutivo, su Ejército y Policía. Esta es la muestra que no hay interés por parte de esta guerrilla para una paz total. Seguirán «carameleando » al gobierno como lo han hecho desde 1991 que se hicieron los primeros acercamientos con la coordinadora guerrillera Simón Bolívar en Cravo Norte (Arauca).

Así, las cosas van de mal en peor, a no ser que el equipo negociador condicione los diálogos al cese de hostilidades y ataques a la población civil. De no ser así, pasará a ser un proceso espurio, infructuoso y desértico.

“La guerra es la continuación de la política, pero de otras formas». Si esa es la estrategia, estamos en un mar de confusiones, perdiendo legitimidad, máxime que casi la totalidad del país está en manos de la delincuencia.

Esto no es juego, requerimos y exigimos seriedad si de verdad quieren una negociación equilibrada, no podemos volver a caer en el error de conceder escaños en el Congreso para convertir a bandidos y delincuentes en legisladores, pues ya no sería paz total sino entrega total a la insurgencia colombiana.

Basta con la lección bien aprendida del partido Comunes cuya producción legislativa ha sido muy pobre. !!Ahí están moliendo calzones esperando una pensión de 35 millones!!

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