Las cocinas y los laboratorios
Por Coronel (RA) Hugo Bahamón Dussán Durante 4 años trabajé con el programa antinarcóticos y llegué a estas conclusiones: La erradicación aérea es efectiva, es menos peligrosa, pero es costosa. La erradicación manual, es costosa, no es efectiva y es muy peligrosa. La interdicción aérea es costosa, n

Por Coronel (RA) Hugo Bahamón Dussán
Durante 4 años trabajé con el programa antinarcóticos y llegué a estas conclusiones:
La erradicación aérea es efectiva, es menos peligrosa, pero es costosa.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeLa erradicación manual, es costosa, no es efectiva y es muy peligrosa.
La interdicción aérea es costosa, no es tan peligrosa pero requiere apoyo de radares.
La interdicción marítima es costosa, no es peligrosa, pero requiere apoyo de barcos con helipuerto y helicóptero.
La interdicción terrestre es costosa, no es peligrosa, pero para que sea efectiva, requiere un alto nivel ético de la fuerza pública y una precisa labor de inteligencia.
Ante lo expuesto, queda por cubrir la destrucción coordinada y sostenida de las cocinas y los laboratorios. En términos de costo-beneficio esa sería la mejor opción.
La destrucción de una cocina o un laboratorio les detiene la producción y su destrucción constante deja sin uso los cultivos.
Destruir una cocina o un laboratorio es mejor que fumigar o erradicar hectáreas de coca o amapola y causa menos daño. La hoja de coca o el látex de amapola no se pueden guardar por mucho tiempo.
¿Por qué, entonces, no se atacan con prioridad las cocinas y los laboratorios? La razón es muy sencilla: porque se acabaría el negocio. Eso lo explico con el cuento de la garrapata.
Había un hacendado que tenía ganado con garrapata. Le dio a su mayordomo $100.000 para que comprara garrapaticida. El mayordomo solamente compró $50.000 y los otros $50.000 los tomó él.
Su interés no era acabar con las garrapatas, su interés era que el problema continuara para poder seguir tomando la mitad para él. ¿Les suena el cuento?
La coca no se acaba, no porque no podamos acabarla, sino porque hay poderosos intereses, inclusive en los campos más insospechados, para que el negocio «no se dañe».

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