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Ambiciones dictatoriales

Las ambiciones dictatoriales de Gustavo Petro son innegables. Quiere, como todo fascista, desatar un régimen en el que sus desvaríos y caprichos sean la verdad revelada.

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Por Jaime Restrepo Vásquez

En menos de una semana, Gustavo Petro mostró de frente sus ambiciones dictatoriales. De paso, sigue manejando a su antojo la agenda de la opinión pública colombiana en la cual, el centro de atención se concentra en los innumerables y vergonzosos desatinos del presidente y de sus serviles lacayos.

La convicción del presidente de ser «el patrón» del fiscal Barbosa demuestra que le incomoda y hasta desprecia la independencia de poderes, por lo cual, dada su inconveniencia, ha decidido saltarla sin pudor alguno.

No pueden sorprender las ambiciones dictatoriales de Petro. Desde su más tierna infancia terrorista y comunista ha militado en la religión que idolatra la idea de un Gobierno dictatorial centralizado en el que no puede ocurrir absolutamente nada sin su beneplácito. Es, ni más ni menos, el modelo de dictadura ejercido por Mussolini: el fascismo. El Duce aplicó aquello de que nada contra el Estado, nadie contra el Estado y nada por fuera del Estado. Petro quiere lo mismo en Colombia.

De hecho, en el país viene avanzando la imposición de una dictadura de corte fascista —como todas las comunistas— en la cual, el «Estado» se somete a los designios de un solo individuo que presume ser la única autoridad sobre todos los demás.

Si el fiscal no obedece ciegamente, de inmediato el autócrata trata de obligar al que considera su vasallo a regresar al redil. En la visión fascista, toda la ciudadanía —el «pueblo» para los comunistas— está subordinada a los caprichos del dictador y nadie puede disentir, pues en cualquier momento los «colectivos petristas» obligarán a los discrepantes a agachar la cabeza ante el pensamiento único establecido por el sátrapa.

Que un personaje siniestro como Eduardo Montealegre, favorable a las FARC y esbirro de Santos

demuestra que la satrapía está en marcha y cuenta ya con lambones que la defenderán a rabiar, tratando de darle un halo de legalidad y legitimidad, lo que el sentido común y el conocimiento básico de lo que significa una república le negará por siempre.

Otro signo de la dictadura aplastante que se fragua con rapidez en Colombia tiene que ver con el desfile de indios armados por el centro de Bogotá, dando una muestra de poder ilegítima y amedrentadora. Esa marcha fue el preámbulo de lo que serán las fuerzas de intimidación que Petro viene organizando en todo el territorio nacional. Esta semana presionaron al Congreso, pero mañana, unidos a los criminales de la «paz total» harán lo propio con los ciudadanos del común.

En Venezuela son los colectivos, en Cuba son los militares y policías y en Colombia serán los indios, los elenos, los gaitanistas y los combos de Medellín. ¡Qué no quepa duda! Como a Petro le dieron la espalda los revoltosos en las calles, buena parte del Congreso y las propias Fuerzas Armadas, además del poder judicial con el que ya está en guerra; el recurso de intimidación serán las narcobandas criminales y los indios armados en todo el país. 

Sobre los indios, que además son indígenas como todos nosotros, dijo Petro que era una exageración que los ponía en riesgo, pues no eran armas de fuego lo que exhibieron en su marcha triunfal sobre Bogotá. No eran armas de fuego! ¡Uribestias exagerados! Las anteriores fueron las expresiones comunes de los defensores de la amenaza de los indios contra el poder legislativo, llevados a la capital para que ejercieran presión armada sobre los congresistas. ¿Quién financió la presencia de los indios del Cauca en Bogotá?

Sin embargo, al dictador y a sus ciegos defensores les hubiese bastado una rápida consulta al diccionario para entender que un arma es un «instrumento, medio o máquina destinado a atacar o a defenderse». Total, lo que los indios llevaban en sus manos eran armas y no simples accesorios ancestrales como ingenuamente pretenden los simpatizantes fanáticos del Gobierno fascista de Colombia.

De otro lado, la prensa, considerada un poder autónomo e independiente, también le incomoda al fascista Petro. Además de sus habituales peroratas contra medios y periodistas en Twitter, escuderos del Pacto Histórico como Piedad Córdoba avanzan en el propósito de controlar a la prensa, asegurando que solo deben publicar información verídica «para el beneficio de Colombia». ¿Quién determinaría lo que es verdad o lo que es mentira? ¡Pues los censores del Gobierno!, tal y como ocurre en cualquier país que padece al comunismo en el poder.

Petro delira con sus ambiciones dictatoriales, dejándose ver como el fascista a carta cabal descrito a la perfección por el filósofo José Ortega y Gasset: «El fascismo no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino imponer sus opiniones. Es el derecho de no tener razón. Es la razón de la sinrazón. El alma vulgar sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad.»

Conversemos en Twitter: @atrabilioso

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