La verdad sea dicha
Por Yesenia Bedoya Gallego Siempre he dicho que la mayor legitimidad para hablar de una cosa, cualquier cosa, la da el conocimiento que de ello tengas; y es algo que puede llegar vía academia, como testigo directo o bien vivencia propia. Pues bien, les voy a contar la experiencia desde la academia y

Por Yesenia Bedoya Gallego
Siempre he dicho que la mayor legitimidad para hablar de una cosa, cualquier cosa, la da el conocimiento que de ello tengas; y es algo que puede llegar vía academia, como testigo directo o bien vivencia propia.
Pues bien, les voy a contar la experiencia desde la academia y la vivencia propia.
En mi formación como abogada, habiendo asistido juiciosamente a mis clases de seguridad social, leyendo la ley 100 de 1993 que regula tres pilares fundamentales de la sociedad colombiana: la salud, las pensiones y la forma en la que estas se administran; entendí el círculo virtuoso que se forma alrededor del concepto de la solidaridad.
Aunque muchos no lo crean, nuestro sistema se sustenta en la solidaridad, y es muy simple y básico para entender: las empresas y los trabajadores vinculados, y aquellos que como independientes tienen la capacidad de realizar aportes al sistema general de seguridad social, aportan los recursos para que la población sin aquellos y vulnerable pueda tener en esas mismas condiciones, la atención mínima y vital en salud que garantiza, incluso desde la gestación, el cuidado y el restablecimiento de la misma en caso de ser necesario.
Son los empresarios los que con un aporte mensual por cada trabajador los que pagan el 8,5 % sobre el valor del salario pagado al empleado. Y es el trabajador el responsable de aportar el 4 % de su salario que es descontado en la nómina y sumado al aporte de su empleador. Así, pagan al sistema el 12.5 % en salud. En una relación de 2.5 a 1 el sistema distribuye las cargas y sostiene la salud de todos los colombianos, y vale la pena mencionarlo hasta de los “extranjeros” en nuestro país.
El robo a la salud del que tanto se habla debería ser un cuestionamiento más profundo y serio, pero tan poco serio es, que uno de los políticos con más graves acusaciones, y pruebas presentadas por desfalcos y robo a la salud, Roy Barreras, es el hoy poco honorable presidente del Senado, que sin ningún pudor y sin siquiera sonrojarse se hace pasar por “padre de la patria” … ¡Apátrida es lo que es!
Vamos ahora al tema abordado desde la mera experiencia vivencial. Desde hace varios meses, esta ciudadana venía padeciendo paulatinamente de dolores en la espalda que fueron migrando y agravándose en la pierna izquierda. El dolor se sentía como una física tortura: ardía la piel, quemaba por dentro y el músculo se sentía retorcerse, sumado a una sensación de electricidad que se recargaba en el tobillo. Alguna vez le dije a mi esposo, saliendo de urgencias de la clínica Las Vegas, que si veía un carro varado por batería parara que yo con mi tobillo se la recargaba… así sentía esa sensación.
El diagnóstico de ciática se agravó con la resonancia, por la que pagué $3,700 pesitos en el Instituto Neurológico de Colombia, hecha a finales de octubre y que confirmó una hernia, la misma que estaba presionando el nervio y causando tanto dolor.
En una semana, y debido a la prioridad por el intenso dolor, fui remitida a la clínica del dolor INCODOL en donde el viernes 28 de octubre me vio el médico anestesiólogo especialista en dolor, de quien diré: ¡qué calidad y calidez de persona! Y me remitió de prioridad al neurocirujano con quien tuve la cita al día siguiente, sábado, muy a las ocho de la mañana, y de quien debo repetir la expresión: ¡qué calidad y calidez de persona!
Ese día salí del consultorio con órdenes de prequirúrgicos y solo debí ir al piso quinto del edificio, un poquito de sangre y listo. A esperar una o dos semanas cuando mucho para la cirugía, según la indicación del médico y en consideración de los tiempos y disponibilidad del quirófano.

Cuál ha sido mi sorpresa cuando en un par de horas llaman a mi esposo y le avisan que ya la cirugía está programada para el lunes 31 de octubre a la una de la tarde. ¡Y así fue! Desde el conocimiento académico, el sistema está diseñado para servir y servirle al ciudadano.
Desde la experiencia puedo dar fe, y varias veces, que el sistema la mayoría de las veces, sirve y le sirve al ciudadano. Y ahora que lo recuerdo, no ha sido la única vez que he vivido la experiencia. Hace 21 años, cuando se llegó el momento del parto, solo se pagó el 10 % del valor del parto como copago, en esa época tenía condición de beneficiaria, y dos años después que me quise realizar la tubectomía me valió lo que cobró el taxista para llevarme a mi casa.
La ley 100 de 1993 está pensada, diseñada y creada para cuidar de una de las cosas más valiosas que tenemos los seres humanos: la salud y el bienestar. La ley 100 de 1993 no solo restablece nuestra salud en condiciones de enfermedad, también contempla los programas de prevención y prevención desde la gestación, la primera infancia, jóvenes, salud adulta, mujeres y adultos mayores. La ley 100 de 1993 está fundamentada en la solidaridad de todos los colombianos, en los que unos aportamos para que todos tengamos bienestar, aplicando quizás ese viejo dicho de “hoy por ti, mañana por mí”.
Quienes denigran de la Ley 100 o nunca se enfermaron o son unos completos malagradecidos. ¿Qué hay cosas que corregir? ¡Claro que sí! ¿Qué hay mucho que mejorar? ¡Por supuesto! Pero no sean ciegos ante las realidades y mucho menos obtusos antes los hechos probados y demostrados.
Ahora, si usted es como mi hermana media, la rola petrista, a quien desafortunadamente su mamá se le murió de un cáncer que ya se le había propagado cuando lo detectaron y le echó la culpa a la Ley 100, déjeme decirle que debe medicarse urgentemente.
La invitación hoy es a aprender cada día más a construir sobre lo construido y a no comer cuento… ¡Coma lo que quiera, pero no coma ni trague entero!

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