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La tonta derecha latinoamericana: un mea culpa necesario

Por Óscar ZapataA la derecha latinoamericana le hace falta el carácter que le sobra a la izquierda. En el mundo hispanohablante, por alguna razón, la derecha ni siquiera se identifica comotal, les da miedo. La mayoría de las veces nos toca votar por unos políticos que parecen asustados, siempretemer

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Por Óscar Zapata
A la derecha latinoamericana le hace falta el carácter que le sobra a la izquierda. En el mundo hispanohablante, por alguna razón, la derecha ni siquiera se identifica como
tal, les da miedo.

La mayoría de las veces nos toca votar por unos políticos que parecen asustados, siempre
temerosos, midiendo cada palabra y cada actuación para que la izquierda no los vaya a
juzgar de radicales.

Y ese miedo, en la mayoría de los casos, los acompaña a los políticos hasta el final, incluso
cuando llegan al poder, el señalamiento de la izquierda les asusta tanto que terminan
gobernando en función de agradar no a sus votantes, sino a la siniestra.

También nos llevan una ventaja enorme en estrategias comunicativas, ya quisiéramos
nosotros tener líderes que hablen con ese carisma y desparpajo que tiene la siniestra.
Pero, además, la izquierda es mucho más culta que la derecha, no saben nada de
economía, no entienden cómo funciona el mundo, pero muchos son cercanos a las
humanidades, tienen conocimiento de cultura popular y hacen buenos discursos. Hay que
aceptar lo evidente, la derecha tiene un gran hueco en el tema cultural.

No me queda duda, porque así la evidencia lo demuestra, que la izquierda no entiende
absolutamente nada de economía, y ahí donde logra el poder causa miseria y destrucción.
Entre más socialista sea una economía, más miseria habrá.

A pesar de eso, de estar tan equivocados y de que sus ideas han matado por lo menos a
cien millones de personas, son tan astutos y tienen tanto carácter que siguen atrayendo
votantes y, no solo eso, han logrado que buena parte de la sociedad los identifique como
los luchadores de las causas justas, los protectores de los más necesitados.

Es el momento de que la derecha entienda cómo actúa la izquierda y empiece a copiar sus
estrategias, por supuesto, sin ceder un solo milímetro en valores y principios.

Hace unos meses, el líder de la extrema izquierda colombiana, Gustavo Petro, recordó en
el Congreso de la República la famosa canción El baile de los que sobran. Victimizándose, como siempre hace la izquierda, dijo que él y sus seguidores son «los que sobran», la gente que la derecha no quiere, los pobres, los oprimidos…

¡Cómo son de astutos! Cómo crean resentimiento y odio en la gente y qué buen uso hacen
de la cultura. No hay forma de calcular el daño que esa y otras canciones como Las
industrias
o Por qué no se van les han hecho a los jóvenes. Cuántos chicos pasaron sus
difíciles años de adolescencia, tiempo en el que buscan pertenecer a un grupo y en el que
la rebeldía es casi natural, saltando y gritando unas letras que simplemente son panfletos
socialistas. Y, ¿a cuántos hicieron llorar y quedar resentidos después de ver la película La
Noche de Los Lápices
?

Necesitamos artistas de nuestro lado, que entiendan cómo funciona el mundo y la
economía. Tenemos que recuperar poco a poco la cultura. La izquierda no habla de
números ni de economía porque ahí pierde. En el campo racional pierde, los datos están de
nuestro lado. Ellos mueven sentimientos y ofrecen una opción fácil de entender para
muchos.

Y, ¿qué pasa con la educación? La derecha sabe que la mayoría de los profesores son de
izquierda, que los sindicatos de maestros son camarillas de comunistas. Sin embargo, no
parece haber un proyecto serio e importante para enfrentar ese asunto. Las escuelas se
han convertido, literalmente, en fábricas de izquierdistas. Y no solo las públicas, también las privadas. En Colombia, por ejemplo, es en la Universidad Pedagógica donde se educa la
mayoría de profesores de colegio, sus paredes están llenas por todas partes de pinturas de
asesinos como el Che, hacen protestas violentas cada mes, son izquierdistas hasta la
médula, ¡y son esos universitarios los que luego educarán a los niños colombianos!

Hay que trabajar simultáneamente en dos frentes. En primer lugar, necesitamos políticos
que tengan empatía, que le hablen a la gente del común, que le hablen a los votantes de
sus preocupaciones inmediatas, pero que al tiempo tengan carácter, eso de «ni izquierda ni
derecha» es un chiste, alcen la cara y orgullosos digan que defienden la libertad y la
propiedad privada, que enfrentan el socialismo y que creen que la izquierda es miseria. Pero si ellos mismos se muestran avergonzados y se ven afectados por lo que dice
la izquierda, nadie los va a respetar.

Entiendan, queridos políticos, que para la izquierda ustedes siempre serán extremos, no se
acomoden para agradar al enemigo, no caigan en ese juego. Esfuércense para defender
bien sus valores y para explicarle a los confundidos por qué el capitalismo es la única forma
de mantener una sociedad próspera.

No cedan nunca ante el mal, y si no tienen el carácter para, a pesar de las críticas, hacer
siempre lo correcto, háganse a un lado; la política se trata de tomar partido.
Pero en segundo lugar hay que hacer una estrategia fuerte en materia cultural.

Necesitamos centros de pensamiento, pero no para hacer exclusivamente reuniones en las
que nos aplaudamos entre nosotros, o a las que solo vaya gente con dinero a escuchar que
el capitalismo es bueno. Hay que entrar a las universidades, trabajar con los jóvenes,
hacerlo divertido, que sea cool, crear toda una revolución cultural. Acompañar a los artistas, impulsarlos. Ofrecerle talleres a los jóvenes de derecha, que puedan articular buenos discursos y sean buenos oradores.

En los colegios podemos empezar asesorando a los padres para que se organicen y
controlen la educación que se les está dando a sus hijos, que sepan cómo actuar en caso
de que en el colegio estén adoctrinado a sus niños en cualquier línea marxista. Y los
políticos de derecha, cuando lleguen al poder, deben enfrentar legalmente a esos sindicatos
de profesores que no son más que militantes izquierdistas.

Comencemos entonces por conocer, que no es difícil, los objetivos de la izquierda, porque
no solo de “tuitear y wahtsapiar” se trata, replicando todo lo que nos llega a nuestros grupos de “derecha” porque no es raro encontrar a muchos que desconocen lo que representa y lo que es peor, ¡lo que viene haciendo por ejemplo El Foro de Sao Paulo o El grupo de puebla!

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