La sombra del chileno Allende planea sobre el colombiano Gustavo Petro
Por Denis Mikolajczak * En 1976, en su libro Del buen salvaje al buen revolucionario, publicado en traducción francesa por Robert Laffont en 1976, el gran ensayista venezolano Carlos Rangel (1929 – 1988) señaló, como obituario del difunto presidente chileno Salvador Allende (1908-1973) y de su

Por Denis Mikolajczak *
En 1976, en su libro Del buen salvaje al buen revolucionario, publicado en traducción francesa por Robert Laffont en 1976, el gran ensayista venezolano Carlos Rangel (1929 – 1988) señaló, como obituario del difunto presidente chileno Salvador Allende (1908-1973) y de su llamada “experiencia socialista por la vía democrática”, entonces tan admirada y luego lamentada por los socialistas, encabezados el futuro presidente francés François Mitterrand (1916 – 1996): “La convulsión emocional (e ideológica) que provocó en América Latina la revolución cubana fue sin duda una de las causas principales del fracaso del experimento chileno de la Unidad Popular. Si Allende no se hubiera sentido obligado a estar ‘a la altura’ de Fidel Castro y del Che Guevara, y si no hubiera tenido la presión izquierdista de los castristas y de los guevaristas, es probable que él estaría vivo todavía”.
El no menos lamentado antimarxista serbio Branko Lazitch (1923 – 1998) analizó dos años más tarde la “experiencia socialista chilena” en su obra El fracaso permanente: la alianza socialista-comunista, publicada en Paris. Branko Lazitch (su verdadero nombre era Branislav Straniakovitch) se había refugiado en Francia luego de escapar de la tiranía yugo-bolchevique del “camarada-mariscal”, y presidente vitalicio, Josip Broz Tito (1892 – 1980), pionero del movimiento de Países No Alineados e ídolo de los tercermundista de la época que estaban en búsqueda perpetua de un “socialismo de rostro humano”, esencialmente encarnado de esa época por el “progresismo” internacional.
Es verdad, desde aquellos tiempos lejanos hasta hoy hubo muchos cambios internacionales y nacionales. Sin embargo, hay similitudes que persisten. Por ejemplo, el nuevo presidente colombiano Gustavo Petro podría estarse embarcando en la posible repetición de lo que ocurrió en el escenario chileno entre el otoño de 1970 y fines del verano de 1973, por cuatro rasgos constantes de sus tendencias políticas:
– En primer lugar, por su persistente idolatría por el castrismo, visible desde siempre y confirmada tras su reciente acceso a la presidencia de Colombia;
– En segundo lugar, por el carácter relativamente minoritario de su elección a la presidencia de Colombia y, más aún, por el carácter minoritario de su corriente política en la sociedad colombiana;
– En tercer lugar, por los efectos combinados de esos dos primeros factores y
– Finalmente, por el triple carácter mendaz, draconiano y potencialmente criminógeno de su actuación desde su accesión al Palacio de Nariño, en agosto pasado.
Esas características fueron, exactamente, las de la presidencia de Allende en Chile de 1970 a 1973.
La dimensión ideológica: el presidente Petro, ex militante del grupo terrorista M-19, nunca negó realmente su fascinación por la mitología artificialmente motivada por la izquierda internacional en torno a la figura del verdugo argentino-cubano Ernesto Guevara (1928 – 1967), aunque Petro entendió –al menos desde la fundación del Foro de Sao Paulo en 1990, y del caso de Chávez en Venezuela y de Lula en Brasil–, que la vía electoral podía ser más efectiva que la lucha armada para alcanzar el poder.
La dimensión minoritaria: la elección de Gustavo Petro a la presidencia de Colombia el verano pasado fue ganada por una mayoría muy estrecha de votantes. Aún hoy, por las disposiciones de la Constitución colombiana de 1991, el presidente Petro está lejos de tener las manos libres para llevar a cabo su programa de transformación radical de la sociedad colombiana. Depende de una alianza con partidos moderados que pueden virar hacia la oposición según las circunstancias.
Para ello tendría que iniciar un nuevo “proceso constituyente”, como el que realizó en Venezuela el fallecido Hugo Chávez Frías (1954 – 2013), y como el que no logró, por ahora, al menos en la dirección que él quería, el presidente comunista chileno Gabriel Boric.
Finalmente, la dimensión draconiana: como hizo Salvador Allende en Chile hace medio siglo, con el uso abusivo y rutinario de los “decretos de insistencia”, con lo que violaba tanto la ley como la separación de los poderes, el presidente Gustavo Petro se embarca en eso de gobernar por decreto, por falta de algo mejor por el momento, despreciando abiertamente y pasando por encima de las instituciones y de los derechos constitucionales, y dedicándose a tolerar o incluso, lo que es peor, a alentar las violaciones inconstitucionales del derecho a la propiedad y la libertad de información, y a hacerle jugarretas torcidas a los Estados Unidos de América y a los Estados miembros de la Unión Europea, todo con el respaldo de los residuos de grupos insurgentes marxistas, como la llamada “Primera línea” y otras bandas narco-comunistas, así como bajo la batuta del nuevo imperialismo ruso del presidente Vladimir Putin.
Esas ambigüedades, estos “grandes trucos” pudieron haber tenido cierto éxito en Cuba entre enero de 1959 y mayo de 1961, en Nicaragua entre julio de 1979 y marzo de 1983, en Venezuela entre febrero de 1999 y marzo de 2002. ¿Pero podrán adormecer y anestesiar indefinidamente o incluso neutralizar de forma duradera las fuerzas sanas de la sociedad civil colombiana?
A esa sociedad civil mayoritaria le corresponderá decidir la suerte de Gustavo Petro, para no tener que lamentar más tarde los tristes efectos de los fenómenos políticos descritos que ella habría dejado crecer impunemente como hicieron, lamentablemente, sus predecesores chilenos entre 1970 y 1973.
*Licenciado en Derecho por la Facultad de Aix – Marsella, ex alumno del Instituto de Estudios Políticos de Aix – en – Provence.
Publicado por Colombian News.

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