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La izquierda y sus contradicciones

Por Mauricio Morales Moreno* Muchos hablan en redes sociales, que debemos darle un compás de espera al nuevo gobierno, que ojalá cumpla lo que prometió y que, por el momento, debemos darle el beneficio de la duda. Mientras tanto sus colegas socialistas destruyen países vecinos, y sus aliados en los

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Por Mauricio Morales Moreno*

Muchos hablan en redes sociales, que debemos darle un compás de espera al nuevo gobierno, que ojalá cumpla lo que prometió y que, por el momento, debemos darle el beneficio de la duda.

Mientras tanto sus colegas socialistas destruyen países vecinos, y sus aliados en los gobiernos locales desbaratan la gerencia pública, tal como ocurre en las alcaldías de Bogotá, Medellín y Cali. Allí las izquierdas han demostrado ser todo un desastre político y administrativo, ¿por qué creer entonces que, con el gobierno entrante, todo será diferente?

El Salto al vacío que dio el país, eligiendo un gobierno central de izquierdas, más que una decisión sujeta al azar es un fallo que se podrá pagar históricamente muy caro, «todo pueblo tiene los gobernantes que se merece».

Es una realidad que la sabiduría popular raras veces se equivocó, porque para el caso colombiano, aplica perfectamente el dicho.

Tenemos a Petro como gobernante no porque nos merezcamos a un corrupto, ya que la mayor parte de los colombianos no lo somos, y muchos de los que votaron por él, lo hicieron con la esperanza de acabar con la corrupción.

Pero entonces a la luz del refrán, ¿qué es lo que tiene de malo esta casta dirigente socialista, que nos merecemos los colombianos como lección?

Es una dirigencia mentirosa, falaz, engañosa, cínica, hipócrita, ambivalente, «culebrera», mientras que los colombianos somos tremendamente ingenuos y cobardes… Por eso, «cada pueblo tiene el gobernante que se merece».

Por un lado, tenemos una sociedad con algunos individuos muy habilidosos e incluso maliciosos para hacer negocios oscuros o para efectuar «torcidos», pero también hay gran cobardía entre la mayoría de la gente, que se arrodilla fácilmente ante esos ilegales.

Somos un país que conoce y le teme profundamente a la lógica jerárquica mafiosa; por eso, el narcotráfico encontró en nuestro suelo el terreno no sólo agrícola sino social suficientemente abonado para prosperar.

En consecuencia, toda mafia en Colombia prospera fácilmente, porque gran parte de nuestra población lo permite, pues ya está culturizada con sus códigos y sus modales.

Las mafias son particularmente fuertes en sociedades cobardes y los colombianos, ante el crimen, no solamente somos gente ignorante y tremendamente ingenua, sino también especialmente cobardes. Nunca nos oponemos a la vacuna que les cobran a los negocios en todas partes, ni al policía corrupto y mucho menos al político amigo de los bandidos.

Por su parte, en cuanto al discurso de la casta dominante; la evidencia empírica e histórica ha demostrado que del estatismo y de los gobiernos socialistas nunca han surgido ni una mayor seguridad, ni ambientes más pacíficos, ni prosperidad, ni más igualdad, ni una gerencia pública transparente, ni competente.

No nos auto engañemos por favor: las izquierdas, en todas partes, prometen que todas las soluciones las dará el Estado, esa mafia grande e institucionalizada mediante normas escritas siempre ha pretendido eso, pero nunca lo ha logrado. 

Y a pesar de que una solución universal a todos los problemas humanos, desde la mafia estatal, es imposible; nos ilusionamos nuevamente con este cambio de gobierno, pensando que de pronto, esta vez sí. Pero la historia muestra que más Estado da lugar a una mayor burocracia y a unos menores niveles y calidad de los servicios sociales.

Alcanzar una mejor gerencia pública en un país en vía de desarrollo como Colombia, sólo es posible con más competencia privada, la cual es la única que en un país puede estimular la eficiencia, la eficacia y la calidad de la administración de los bienes, los servicios, los recursos y en última instancia llevar a su óptima gestión elevando los estándares de vida de la población.

La evidencia de que son capaces desde el Estado de cumplir con esos objetivos no acompaña a la izquierda, ya que ellos son los reyes de la contradicción. Prometen mayor seguridad, prohibiendo que la gente se pueda defender con sus propias armas y reduciendo a la policía, no olvidemos que una de las propuestas de campaña fue acabar con el Esmad, contradicción número uno.

Segunda: prometen mejorar la educación, enriqueciendo a los corruptos educadores sindicalistas que nunca se cualificaron, a la par que se roban la plata de la alimentación de los niños estudiantes tal como ocurre en este momento con el programa Buen Comienzo en la administración de Daniel Quintero, mientras tanto en las pruebas de calidad y pertinencia educativa, la ciudad y el país están en un lugar lamentable del ranking internacional.

Tercero: prometen salud para todos, avanzando en contra de las EPS, que son las únicas entidades que ya demostraron tener la capacidad instalada y que conservan cierta lógica de mercado. A pesar de la intervención oficial, estas entidades han prestado el servicio de una manera menos mala que en los países vecinos, e incluso mucho mejor y más asequible a los pacientes colombianos, que lo que encontramos en materia de salud por ejemplo en Estados Unidos.

Cuarto: prometen pensiones buscando prohibir los fondos de ahorro privados, intentando introducir el discurso de que ese dinero es público.

Quinto: prometen inclusión e igualdad, pero acaban con la economía mientras ellos, sus amigos y sus familias, envían a estudiar a sus hijos al extranjero y se tapan en la plata con la que siempre le han robado a la gente en su oficio legislativo.

Sexto: prometen desarrollo económico mientras aumentan los impuestos, plantean soluciones regresivas, atentando contra los ya de por sí aporreados capitales de la clase media, que es la que genera el 85 % del empleo en el país.

Séptimo: prometen acabar con la corrupción y la criminalidad, mientras tanto hacen pactos políticos no sólo con la clase dirigente de toda la vida, sino con la élite criminal y extraditable, en las cárceles del país.

Claramente las izquierdas son los reyes de la contradicción y encontraron en Colombia un terreno especialmente fértil para aplicarlas como ogros abusadores. Bien lo decía el nefasto Roy Barreras en los petrovideos: «Preparemos contradicciones».

Mientras tanto, los colombianos seguimos con nuestro miedo reverencial ante las mafias socias de ellos, que delinquen desde las cárceles y las de cuello blanco que nos cobran los impuestos.

Envíe sus complementos, opiniones y comentarios al correo:  emmorale71@yahoo.com

*Politólogo

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