Saltar al contenido

La decisión de prohibir la venta y circulación de vehículos a gasolina y diésel incrementará las emisiones en el Valle de Aburrá y la movilidad colapsará

Por Juan Felipe Bedoya* El alcalde de Medellín ha anunciado en redes sociales la decisión de su administración de prohibir la venta de vehículos a gasolina, con el fin de reducir las emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI). Luego, el mismo alcalde, ha intentado aclarar que se trata de prohibir t

R
Redacción IFM
4 min lectura
Escuchar artículo
La decisión de prohibir la venta y circulación de vehículos a gasolina y diésel incrementará las emisiones en el Valle de Aburrá y la movilidad colapsará

Por Juan Felipe Bedoya*

El alcalde de Medellín ha anunciado en redes sociales la decisión de su administración de prohibir la venta de vehículos a gasolina, con el fin de reducir las emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI). Luego, el mismo alcalde, ha intentado aclarar que se trata de prohibir también la venta de vehículos diésel y restringir la circulación de vehículos con motores a combustión a través de medidas similares al pico y placa de carácter permanente. El alcalde toma las experiencias de diferentes ciudades en Europa y decisiones de gobiernos del Viejo Continente como motivación para esta decisión.

La decisión del alcalde tendrá consecuencias totalmente contrarias a su propósito de reducir las emisiones. Estas se incrementarán de manera exponencial y la ciudad registrará un rezago importante en la adopción de tecnologías de transición a una movilidad cero emisiones. Adicionalmente, la ciudad colapsará por la limitada oferta de medios de transporte, se incrementarán las muertes por accidentes de tránsito y se deteriorarán las finanzas de la capital antioqueña.

No hay discusión sobre la importancia de un desarrollo sostenible y la carbón neutralidad, pero la transición energética debe hacerse de persona a persona, de familia a familia y de comunidad a comunidad, atendiendo sus particularidades socio económicas. Importar soluciones es poco efectivo, sólo desconcierta la comunidad y desincentiva iniciativas más efectivas.

La realidad es que la adopción de la electromovilidad en Colombia (a donde apunta el alcalde) va a pasos muy lentos comparada con las ciudades que el alcalde usa como referente. La razón fundamental es que el ingreso per cápita del país (y también de Medellín) que está por debajo de siete mil dólares, resulta ser insuficiente para que nuestra gente adquiera vehículos eléctricos.

El camino en los próximos 13 años (hasta la entrada en vigor de la decisión) enfrenta dos limitantes muy importantes: primera la devaluación del peso, de lo cual sobra hablar luego de la última semana, pero solo hay que recordar que entre 2012 y 2022 la devaluación ha sido del 117% y el incremento de los salarios 86%, entonces hay más de 30 % de deterioro de capacidad de compra de productos importados. Segundo, el precio de los vehículos eléctricos hoy reporta primas verdes por encima del 100 % en cualquier caso. La prima verde es la diferencia entre el vehículo tradicional y su sustituto con motorización eléctrica.

BloombergNEF ha estimado en el Electric Vehicle Outlook 2022 quelas ventas de vehículos eléctricospara la región Resto del Mundo (donde está Colombia) representará menos del 30 % para 2035 y en los países líderes en adopción de esa tecnología, representará el 70 % del total de unidades vendidas para el año en que entra en vigencia la medida en Medellín.

Así las cosas, en 2035 en Medellín tendríamos un déficit monumental en la oferta de vehículos, cerca de 30 mil unidades en el mercado actual. Ahora bien, si la prohibición se impone en la venta exclusivamente, entonces el Valle de Aburra se convertirá en el destino final de cuanto vehículo usado se encuentre disponible en el país y sus precios serán los más altos de Colombia. El parque automotor de Medellín se construirá a partir de 2035 en base a vehículos menos eficientes que en el resto del país y la ciudad se marginará de la adopción de tecnologías de transición como los biocombustibles, vehículos híbridos y combustibles de bajas emisiones.

Sin embargo, si la prohibición no solo se impone sobre la venta, sino también sobre la circulación de esos automotores, entonces la catástrofe será total: de acuerdo con el Plan Maestro de Movilidad 2020 del alcalde Quintero, el 32 % de los trayectos de los habitantes del Valle de Aburrá se realizan en vehículos con motores a combustión, bien sea motos 12 %, carros 1 3% y taxis 7 %.  Esto es el doble de los trayectos que atiende el Transporte Masivo (16 % en el área metropolitana).

La posibilidad de desarrollar en 13 años elementos complementarios: nuevas líneas o metro ligero (reconociendo los avances del Metro de la 80 y la Línea S) que tengan una capacidad del doble del sistema actual, parece poco realista por no decir imposible y, si a este descomunal esfuerzo se le suma el reemplazo de todos los buses (Transporte Público Colectivo) del sistema que realizan el 18 % de los trayectos, entonces las finanzas de la ciudad pueden colapsar. Además, no se contará con los recaudos del impuesto vehicular.

La decisión del alcalde está cargada de buenas intenciones, pero con pocas posibilidades de ser implementada y con muchos riesgos de convertir a la ciudad insignia de movilidad en Colombia en un buen ejemplo de cómo no abordar la transición energética en un país con inmensos retos socio económicos.

* CEO Porsche Colombia

Compartir:

Noticias relacionadas