Familias en acción
Por Coronel (RA) Hugo Bahamón DussánHoy tuve una conversación con un antiguo compañero de armas, que ha afectado mi percepción de lo que es y debería ser la ayuda para las familias pobres en Colombia.Mi amigo fue durante un considerable periodo de tiempo el piloto del helicóptero encargado de mover

Por Coronel (RA) Hugo Bahamón Dussán
Hoy tuve una conversación con un antiguo compañero de armas, que ha afectado mi percepción de lo que es y debería ser la ayuda para las familias pobres en Colombia.
Mi amigo fue durante un considerable periodo de tiempo el piloto del helicóptero encargado de mover los dineros con que se apoyaba mensualmente el programa llamado “Familias en Acción”.
Dicho programa fue una iniciativa gubernamental para proveer un sustento económico a las familias pobres.
Él me cuenta que salían de Cali a visitar todas las poblaciones de la costa pacífica, llevando en la aeronave más de 5.000 millones de pesos para repartirlos a dichas familias pobres.
El helicóptero llegaba con los funcionarios y el dinero, y la fila de beneficiarios se alineaba para recibir el apoyo que aumentaba de acuerdo con el número de hijos.
En la tarde, ya finalizada la distribución, se regresaban vacíos de dinero para Cali.
Aquí es donde entra el comentario de mi amigo, que me ha dejado reflexionando.
Camino al helicóptero, pasaban por la vía principal de cada uno de esos pueblos y no había cantina que no estuviera llena de hombres y mujeres tomando licor mientras sus hijos con la barriga llena de lombrices, la cara llena de mocos, sin camisa y sin zapatos, jugaban en la calle.
La sensación que me quedó después de escucharlo es que en vez de un bien, el gobierno les estaba haciendo un mal.
Además de hacerles un mal, mediante esa ayuda perversa, también establecía una dominación por costumbre de asistencia que mataba su iniciativa y su deseo de superación.
Sencillamente, aseguraba un apoyo político a cambio de una asistencia social que destruía la iniciativa y el emprendimiento, base fundamental de cualquier crecimiento económico.
En otras palabras, una alianza perversa entre lo político y lo social mataba la economía.
Sin embargo, ahí no para el cuento.
Por mi cuenta, me puse a investigar cuantos casos de corrupción se presentaron en ese programa y entre pagos de coimas, contratos, puestos y robos descarados del presupuesto asignado para el programa, el resultado es digno de una profunda investigación.
Eso, reafirmó mi convicción de que el verdadero cáncer de Colombia es su clase política de izquierda, centro y derecha, inepta, corrupta e indolente a la que debemos, cuánto antes, defenestrar.
Ese tipo de “ayudas” terminan siendo, como muchas otras, otro artilugio para pagar los votos comprados con los que se mantienen en el poder estos descastados en nuestra absurda pseudodemocracia.
Las familias pobres no necesitan más ayudas para mantenerse pobres mientras los políticos se roban la tajada mayor, necesitan educación y trabajo para proveerse su propio sustento con dignidad y esfuerzo.
Mientras no cambiemos esa caterva de vencejos, en que se ha convertido nuestra clase política, por líderes éticos preocupados por el bienestar de todos y por la educación y el empleo como fuente de crecimiento económico, nuestra patria nunca saldrá de ese hueco profundo de desesperanza y frustración que es la razón de todos nuestros males.

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