Exhortación sin sentido por el cinismo que la alimenta
Por Claudia Posada Un recorte de El Colombiano (con fecha descubierta por detrás: 14 de noviembrede 1992) saltó de la contraportada del libro Nueva Colombia escrito por LuisCarlos Galán, editado en 1982, que busqué con la intención de encontrar, comosospechaba, que en él habría algo sobre su polític

Por Claudia Posada
Un recorte de El Colombiano (con fecha descubierta por detrás: 14 de noviembre
de 1992) saltó de la contraportada del libro Nueva Colombia escrito por Luis
Carlos Galán, editado en 1982, que busqué con la intención de encontrar, como
sospechaba, que en él habría algo sobre su política energética. Pero al
reencontrarme con el pedazo de papel descolorido (aunque su tinta perfectamente
conservada) fueron los párrafos subrayados allí con lápiz rojo y los apuntes
escritos al margen, a mano, los que me hicieron olvidar el objetivo inicial, y quedé
de nuevo atrapada -como años atrás- en la columna titulada El reino de la
amnesia. Su autor es Carlos Puello Mejía, y el antetítulo Punto y Aparte es la
identidad de las columnas de opinión del joven periodista en ese entonces, como
se le ve en la foto.
Estoy absolutamente segura de que cuando guardé el recorte en aquel libro, no
me pasó por la mente que treinta y un años después me impactaría tanto de
nuevo y desde otra mirada; y es que esa columna hoy, me está confirmando que
no es cierto que nuestro país, apenas ahora se está arruinando, y mucho menos
que hace décadas se ha estado construyendo en términos de trabajo político y
social para el bienestar de los ciudadanos por igual, y menos, que en estos
meses, los últimos a hoy, es cuando la están arrasando.
Antes de releer El reino de la amnesia, me puse en la tarea de averiguar en la
Internet, qué habría del columnista que tuvo en El Colombiano un espacio para
sus opiniones en Punto y Aparte; así, encontré un artículo de Williams Viera,
desde USA, del 9 de septiembre del 2020 con el título “Escribe mientras escucha
vallenatos”, el que en alguno de los párrafos dice: “Puello sigue siendo un
romántico hasta el punto que cuando termina su labor periodística, en su propio
semanario, inicialmente en papel que se distribuía de manera gratuita en
Greenville y en otras ciudades circunvecinas, en Carolina del Sur, Estados Unidos,
y ahora convertido en un portal de Internet…”. Obviamente leí el artículo completo
y entonces supe, por todo el relato, que seguramente es el mismo que escribía
para El Colombiano ¡tiene que ser él!
Debajo de la columna El reino de la amnesia, con bolígrafo negro, a mano dice:
¡Esto sí que es la pura verdad! Se entiende que se refiere a todo el contenido. Y
en la parte superior, es decir, por encima del texto, a mano también, sobre la
derecha dice. “Me gusta mucho, mucho, este artículo, todo, pero sobre todo lo
señalado”; entonces me fui directamente a lo encerrado con lápiz rojo, ahí dice:
“Porque si de confrontación integral se trata, habría que enfilar baterías contra la
clase política corrupta y la dirigencia incompetente y mediocre que se ha
perpetuado en el poder: los patrocinadores del saqueo insaciable a las arcas de la nación, los responsables directos del imperdonable abandono de extensas zonas
afectadas por la violencia, huérfanas de inversión social”.
El pedacito anterior que retomo, puede ser una manera del autor, Puello, de dar
algunas razones por las que de pronto no son precisamente enemigos de la patria
los que así llaman. Señala además, “No hay que emocionarse mucho con los
tarzanescos gritos de batalla de quienes reclaman más acción, más cadáveres,
más honores póstumos, más sangre y más lágrimas. Ni con las exhortaciones
hechas en momentos de efervescencia y calor para combatir sin tregua a los
“enemigos de la patria””. ¡Increíble! Sí, esto puede haberse escrito esta semana…
El párrafo de remate en El reino de la amnesia es como para los creen (o quieren
hacernos creer) que apenas es ahora, de hace algunos meses para acá, cuando
tenemos en Colombia la maquina demoledora del que hasta poco fue país sin
penurias, pleno de venturas, equitativo y rico en oportunidades sin discriminación.
Puello Mejía escribió hace treinta y un años este párrafo: “Por eso, suena irónico
reclamar ahora la solidaridad de un pueblo conformista que ha sido ignorado
durante décadas y se ha limitado a presenciar el derrumbe moral de su país. Un
pueblo que seguirá llorando en silencio a sus muertos y cargando por tiempo
indefinido su equipaje de penas”.
Por mi parte remato con esto que igual parece escrito en estos días: “Y soñar
también con una máquina como la que concibió José Arcadio Buendía, que nos
ofrezca la posibilidad de repasar las lecciones del pasado en forma oportuna. Y de
salir del letargo frente a la clase dirigente que nos desgobierna y a la guerrilla
demencial que extravió su proyecto político en las inhóspitas montañas para
sustituirlo por otro de muerte y destrucción. (… )Y sería muy provechoso para los
congresistas olvidadizos que condenan el próspero negocio de la subversión, y al
mismo tiempo continúan brindando un deplorable espectáculo a la opinión pública:
componendas para seguir paseando por el mundo, indemnizaciones escandalosas
a empleados, debates “trascendentales” que nunca conducen a nada”.
Sí, bien vale la pena evocar, añorar, invocar: ¡Libertad y Orden!, pero no para
quedarnos en la arenga. Colombia merece que trabajemos para fortalecer las
esperanzas del pueblo atemorizado. Necesitamos creer en la grandeza de las
ilusiones para recuperar los principios perdidos desde hace años. No es
sembrando dudas, miedos, desilusiones, como se van a enterrar los años aciagos.
Una exhortación sin sentido porque se está alimentando con el lenguaje del
cinismo de los que no han podido saber lo que es empatía para con los excluidos.
Tremenda incoherencia.

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