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El Quijote de La Mancha

Por Julio González Villa “En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en el campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: –La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren trei

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Por Julio González Villa

“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en el campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

–La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.

–Aquellos que allí ves -respondió su amo-, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

–Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

–Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que no oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran, antes iba diciendo en voces altas:

–Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.” (Miguel de Cervantes; Don Quijote de la Mancha; Real Academia Española; Edición del IV Centenario; Alfaguara; Ediciones Santillana; 2004; Pag. 75)

En la política hay que ser muy cuidadoso con las Quijotadas. Hay que escuchar a Sancho. Hay que reflexionar. Hay que meditar. Hay que revisar la Historia, madre y maestra. Hay que ser prudentes. Hay que tener los pies en la tierra. Hay que tener cautela. Se trata de la guerra, y como le gustaba recordar a Don Recaredo de Villa, Presidente del Estado Soberano de Antioquia en 1876: Uno sabe cómo, cuándo y dónde empieza una guerra, pero no sabe cómo, cuándo y dónde termina.

En la guerra hay que tener sentido de la realidad y no dejarse envolver por los sueños, las alucinaciones, el querer. En la guerra hay que saber realmente con quién nos enfrentamos, con qué armas disponemos, que táctica y estrategia hay que desarrollar, cuáles son los objetivos primeros y las metas finales. No puede dejar nada a la imaginación, a los deseos, a los sueños.

Estamos enfrentando en la ciudad de Medellín un enemigo rastrero, camaleónico, sin escrúpulos, rencoroso, inteligente, formado entre las argucias bogotanas, maquiavélico porque lo único que le interesa es el fin sin importar los medios, que pretende enquistarse bajo el axioma: divide y reinarás. Hay que enfrentarlo con gallardía, con fuerza, con la frente en alto, pero con mucha inteligencia.

Propongo que, en estos meses hasta el 31 de octubre, nos concentremos en Medellín en recuperar nuestra ciudad y en mantener el control de nuestro departamento. Nuestra ciudad la recuperaremos de la mano de nuestros dos líderes más importantes del momento: Alvaro Uribe y Federico Gutiérrez. Nuestro departamento, poniendo por encima de todo interés legítimo, el de nuestra región. Nuestra ciudad eligiendo unos concejales serios, conocidos, juiciosos, estudiosos, con carácter, con claridad, preparados. Nuestro departamento eligiendo diputados de las mejores calidades.

No podemos permitir que quienes se “gradúan” con diplomas comprados y compran periodistas, y quienes los rodean, verdaderos comerciantes de la política, se tomen Antioquia. Concentrémonos en las regionales.

Recomiendo volver a leer al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Son muchas las lecciones que podemos aprender de la magnífica obra de Cervantes: hay que poner los pies en la tierra y la cabeza mirando al cielo. Todavía estamos a tiempo de recuperar lo que hemos perdido. Medellín es el faro para iluminar al Pais.

“…Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo.” (Miguel de Cervantes. Ob cit. Pag. 76)

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