El nocivo mito bolivariano
La seducción de Bolívar sobrepasó su tiempo. El que fuera indudablemente libertador de cinco países, y más tarde fracasara en su intento por erigirse Presidente Vitalicio de ellos, es hasta ahora venerado por ideas que él nunca practicó. Se le atribuye frecuentemente ser precursor del panamericanism

Por: Julio González Villa
La seducción de Bolívar sobrepasó su tiempo. El que fuera indudablemente libertador de cinco países, y más tarde fracasara en su intento por erigirse Presidente Vitalicio de ellos, es hasta ahora venerado por ideas que él nunca practicó. Se le atribuye frecuentemente ser precursor del panamericanismo, de la unión de países latinoamericanos, algo equivalente a lo que podría ser la Comunidad Europea de hoy o hasta unos Estados Unidos de América. También se alaba a Bolívar no sólo como guerrero, que lo fue y con éxito, sino como estadista, impulsor de la separación de poderes públicos, humanista, aún de defensor de los pobres, de los indígenas. Nada es más lejano a eso, pero no importa, la leyenda continúa. Ya el indio Choquehuanca lo predijo: «Vuestra gloria crecerá con los siglos, como la sombra cuando el sol declina».
Con esta mezcla de necedad tercermundista y realismo mágico, que parece decir «no es verdad pero lo creo», en el transcurso de los años se han apoderado del gobierno muchos golpistas usando el nombre del Libertador como fuerza de inspiración y guía. Aún en el siglo XXI alguien ha tomado la espada y enunciado pensamientos equívocos atribuidos al Libertador. El demagogo presidente de la ahora llamada República Bolivariana de Venezuela, el General Hugo Chávez, ha hecho de su interpretación particular de bolivarismo su causa, y la pretende irradiar en los países vecinos. » Herbert Morote; Bolívar. Libertador y Enemigo N° 1 del Perú; Jaime Campodonico/Editor; Lima-Perú; 2007; Pág. 218
Debo expresar que ese alguien que tomó la espada del Libertador como fuerza de inspiración y guía es Gustavo Petro, quien el día de su posesión ordenó suspender toda la ceremonia hasta que le trajeran la espada de Bolívar, que el mismo M 19, guerrilla a la que él perteneció, la devolvió, después de haberla hurtado, cuando el M 19 se transformó en partido político después de la sangrienta toma del Palacio de Justicia.
Confieso que de Simón Bolívar se puede escribir toneladas de papel. Indudablemente fue un gran hombre. Muy ilustrado. Guerrero como ninguno. Atrapado en los laberintos de la política después de la Campaña del Sur. Se podría simplificar aduciendo que hubo un Bolívar hasta sellar la independencia del Perú y del Alto Perú (Bolivia) con las batallas de Junín y de Ayacucho. Y otro Bolívar el Presidente del Perú y de la Gran Colombia. Uno, el militar; otro, el político. Siempre le he reclamado a la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín que tiene una responsabilidad histórica: hacer efectiva la Cátedra Bolivariana que formalmente fue constituida pero no aplicada efectivamente. Hay que estudiar el Libertador desde todos los ángulos posibles: personal, militar, político.
Sí, es preocupante que se tergiversen los ideales bolivarianos para justificar en ellos guerrillas comunistas o golpes de Estado de todo tipo para desnaturalizar la democracia. Una cosa es el Bolívar ideando la consolidación de una federación de repúblicas para defenderse de la España de Fernando VII, de los Estados Unidos de América y del Brasil, que fue lo que trató de hacer con su Congreso Anfictiónico de Panamá y su Constitución Boliviana que replicó en el Perú y que trató de promover en Colombia, y otra cosa es enlodar los ideales bolivarianos para justificar golpes de Estado o ataques a la democracia, como lo que ocurrió en Venezuela con Chávez y Maduro, y lo que puede ocurrir en Colombia con Petro.
A Bolívar hay que leerlo, estudiarlo, analizarlo, cuestionarse su obra a profundidad, pero, ante todo, valorarlo, respetarlo. No fue un cualquiera. Fue un grande hombre.

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