El negocio de la emergencia climática
Por: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis La frase de combate fue: «Queremos paz y queremos que sea verde». Corría el año de 1971 y un grupo de jóvenes, hippies y activistas canadienses se treparon a un viejo barco pesquero llamado Phyllis Cormack y, en su vela, dibujaron el logo y el nombre de Greenpea

Por: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
La frase de combate fue: «Queremos paz y queremos que sea verde». Corría el año de 1971 y un grupo de jóvenes, hippies y activistas canadienses se treparon a un viejo barco pesquero llamado Phyllis Cormack y, en su vela, dibujaron el logo y el nombre de Greenpeace. Su objetivo era protestar contra las pruebas nucleares subterráneas que el gobierno de los Estados Unidos llevaba a cabo en una isla volcánica llamada Amchitka, en el sudeste de Alaska.
En la embarcación, viajaban dos periodistas que se encargaban de trasmitir por radio a sus centros de redacción todos los pormenores del viaje y miles de ciudadanos canadienses ya sensibilizados por estos activistas, tomaron la decisión de irse a las calles, bloquearon las fronteras entre Canadá y EE.UU. y detuvieron de las pruebas nucleares y lograron que Amchitka fuera declarada reserva ornitológica.
Actualmente, Greenpeace Internacional cuenta con oficinas en 55 países en todo el mundo, un poco más de 150.000 socios que dicen trabajar por el medio ambiente y su sede central se localiza en Ámsterdam (Holanda). Con lo que nunca había contado esta organización es que uno de sus fundadores, Patrick Moore, quien trabajó durante 15 años en ella, pasó del radicalismo medio ambiental al ecologismo racional, apartándose del movimiento ecologista para contar lo que realmente sucede al interior de Greenpeace,
Moore no es un simple activista ambiental jugando a la defensa del planeta. Es un científico reconocido, licenciado en ciencias de la biología forestal, silvicultor, especialista en piscicultura, doctor en ecología y su tesis de doctorado se basó en la contaminación por metales pesados. ¿Por qué a estas alturas del siglo XXI es importante resaltar el nombre de Patrick Moore? Por una simple razón: Moore permitió que el mundo conociera un intercambio de correos electrónicos que realizó con el surcoreano Dr. Seok Soon Park, un profesor de ciencias e ingeniería ambiental, fundador del «Foro de la Verdad del Cambio Climático de Corea» y de la «Alianza de Grupos de Libertad y Medio Ambiente de Corea», quien ha publicado más de 150 trabajos de investigación en revistas revisadas por pares académicos, incluyendo Environmental Engineering Science, Journal of Environmental Management, Ecological Modeling, Chremosphere, Climantic Change entre otras de gran relevancia, mensajes que dejaron en claro el porqué de su alejamiento de esta organización.
Según Moore, Greenpeace fue «secuestrada» por la izquierda política cuando descubrieron que a través del movimiento ambiental se podría acceder a mucho dinero y poder. Políticos de izquierda, tanto de Norteamérica, Europa y América Latina, lograron que este movimiento ambiental pasara de ser una organización basada en la ciencia, a una organización política dedicada a recaudar grandes cantidades de dinero en contubernio con el ala política de la ONU, el Foro Económico Mundial y el IPCC que contrata científicos para que proporciones información de dudosa calidad y, de esta forma, apoyar el negocio de la emergencia climática.
No contentos con el poder y el dinero, estas organizaciones, según Moore, se han dedicado a diseñar narrativas que infunden temor y culpa entre los ciudadanos, narrativas que buscan la prohibición de productos como el cloro, un producto fuertemente satanizado por esta organización y, que ciertamente es tóxico en altas concentraciones, pero que tiene funciones importantísimas en la salud de los humanos y los animales; que es primordial para la obtención de agua potable y prevenir la propagación de enfermedades como el colera, además está presente en el PVC y es de gran importancia en las construcciones civiles.¿Qué sería de la farmacopea sin el cloro? Cerca del 25% de los medicamentos contiene este halógeno.
¿Quién no ha escuchado o leído que los osos polares están en vías de extinción como producto del derretimiento del Ártico? De acuerdo con Moore, esta es otra narrativa producida por Greenpeace y los políticos de izquierda, pero las investigaciones de los científicos han demostrado todo lo contrario: la población de esta especie ha pasado de 8000 ejemplares en 1973 a 50.000 o más individuos en la actualidad y los inviernos de esta región del planeta se han intensificado con su respectiva expansión del hielo.
Son muchas las razones expuestas por Moore para haber abandonado esta organización, pero la más trascendental es la de estar en desacuerdo con el adoctrinamiento de los jóvenes por parte de personajes inescrupulosos y sin formación científica como Leonardo Di Caprio, Greta Thunberg, Al Gore y el mismo Gustavo Petro, que adelantan campañas infames contra la energía nuclear, el CO2, el plástico, los combustibles fósiles, amplificando el cambio climático etc., campañas atroces y diseñadas para paralizar la civilización y destruir las economías.
¿Alguien volvió a saber de Al Gore, quien se hacía pasar como el gran gurú del cambio climático y recorría el mundo entero dictando conferencias a precios exorbitantes? Al Gore al final de sus famosas y pobres disertaciones, nunca permitía que se le hicieran preguntas, pues sus pobres conocimientos científicos sobre la materia se lo impedían, pero era un excelente adoctrinador de sus seguidores. ¿No será acaso este un ejemplo vívido de lo denunciado por Moore?
¡Más ciencia y menos charlatanes, por favor ¡
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