El like, la partícula de Dios del Metaverso
Eduin Muñoz Mazo 4 de julio de 2012. Científicos del CERN anunciaron la observación de una nueva partícula “consistente con el Bosón de Higgs”, esa partícula elemental propuesta en el modelo estándar de física de partículas que a partir del llamado mecanismo de Higgs puede explicar el origen de la m
Eduin Muñoz Mazo
4 de julio de 2012. Científicos del CERN anunciaron la observación de una nueva partícula “consistente con el Bosón de Higgs”, esa partícula elemental propuesta en el modelo estándar de física de partículas que a partir del llamado mecanismo de Higgs puede explicar el origen de la masa de las partículas elementales. Se le conoce popularmente como «Partícula de Dios» gracias al bautizo literario que le propinaron Leon Lederman y Dick Teresi en el libro de 1993 «La partícula de Dios: Si el universo es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?»
Básicamente, se trata de una partícula que interactúa con otras partículas subatómicas provistas de masa y que al cuantificar dicha interacción esta será mayor en tanto la otra partícula subatómica sea más masiva. De esta forma, la verdadera importancia de Bosón de Higgs no radica en la partícula per se, sino en su efecto dentro de un campo (el Campo de Higgs), lo que permite cuantificar la masa, esa propiedad física tan importante en la descripción de lo que llamamos Universo.
28 de octubre de 2021. En California, el CEO de la recién nacida compañía Meta anunciaba la dedicación de ingentes cantidades de recursos humanos, financieros y tecnológicos a la creación de un universo digital, con un nombre tan grandilocuente como las ambiciones de su idealizador: Metaverso. Un universo fundado en los pilares de la realidad virtual y la realidad aumentada que básicamente permitiría a sus habitantes hacer sin hacer, estar sin estar, decir sin decir; en pocas palabras: vivir sin vivir.
No soy enemigo ni pretendo hacer una crítica el uso de las redes sociales o las tecnologías antes mencionadas (eso puede ser tema de otra discusión). De hecho, si este escrito llega a usted es gracias a ellas. Pero si se hace una analogía con el modelo estándar de la física de partículas surge en la cabeza una pregunta punzante: ¿Cuál sería la partícula de Dios de ese nuevo universo? Algunos podrían decir que es el bit, esa unidad mínima de información con el que se pueden representar dos valores cualesquiera y que con sus masivas aplicaciones en informática, medios y dispositivos digitales ha moldeado casi todos los aspectos de la vida contemporánea, desde o individual hasta lo social.
Pero el bit en esta analogía sería más bien el equivalente a la masa de esas partículas subatómicas. Por lo tanto, es necesario algo más, algo que propicie esa interacción cuantificable y es ahí donde entra el like como el Bosón del Higgs de ese posible Metaverso. Y no me refiero al ícono al final de un posteo en cualquier red social; es el like entendido como una de las fuerzas impulsoras del ser humano contemporáneo: la necesidad de reconocimiento.
Si observamos detenidamente las redes sociales (y el Metaverso de Silicon Valley no es más que una evolución megascópica de ellas) queda de manifiesto que tanto su objetivo misional como su factor generador de éxito y valor es la venta de «aquello que nos gustaría ser y vivir». La gran mayoría muestra en redes sociales ese lado brillante y que considera digno de admiración; por otro lado, los que publican sus miserias lo hacen con la esperanza de despertar simpatía. En ambos casos, la admiración de lo bueno y la simpatía por lo malo adquieren significado en el reconocimiento externo, en el like que al interactuar con la masa de bits de información publicada genera ese impacto medible en popularidad y en muchos casos en dinero.
Luego de esta pequeña y empírica discusión sobre el fundamento de ese nuevo universo surgen preguntas más profundas que con un poco de suerte podrán ser discutidas a posteriori, como los aspectos legales y sistémicos que regirían el Metaverso californiano. Aún falta un camino tan largo como la fila de ceros que financiarán su creación para que podamos verificar si de verdad estamos ante ese pretendido «más allá» o si todo no pasa del devaneo orwelliano de alguien que anda queriendo jugar a ser Dios.

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Por qué mi voto es por Paloma y no por Abelardo. Por: Javier C. Mejía
La doctora Paloma Valencia siempre ha demostrado ser una mujer valiente, firme y cariñosa. Sus…
(OPINIÓN) La patria boba. Por: Óscar Ricardo Colorado Barriga
Entre el 20 de julio de 1810 y 1816 vivimos una época absurda, centralistas y federalistas peleando…
(OPINIÓN) El caso boliviano, una advertencia para Colombia. Por: Carlos Echavarría
La máxima premisa del marxismo-leninismo, “combinación de todas las formas de lucha”, eso es lo que…