¿Cómo vencer la narrativa de Gustavo Petro en redes?
Por Diego Santos A nadie le cabe la menor duda que Gustavo Petro y su movimiento son los reyes absolutos de las redes sociales. Conforme se fue resquebrajando en mil piezas la imagen de Iván Duque, y el paro de 2021 ardía con más fuerza, los petristas se apoderaron de la narrativa en digital. No [&h

Por Diego Santos
A nadie le cabe la menor duda que Gustavo Petro y su movimiento son los reyes absolutos de las redes sociales. Conforme se fue resquebrajando en mil piezas la imagen de Iván Duque, y el paro de 2021 ardía con más fuerza, los petristas se apoderaron de la narrativa en digital.
No requirieron de gran inteligencia, como muchos piensan; tan solo fueron hábiles, y supieron coordinarse, en la difusión de desinformación, la propagación de propuestas populistas y en la alimentación de odios y resentimientos.
Con la conquista de la presidencia, muchos creyeron que la sensatez se apoderaría de Petro, que Gustavo Bolívar se tranquilizaría, que los actores y cantantes activistas buscarían bajar la temperatura a las cosas y que los influenciadores, ya con sus contratos gubernamentales asegurados, entrarían en una dinámica menos visceral e incendiaria. Pero eso no ocurrió. La calma les duró apenas un par de meses.
Hoy son los mismos desquiciados que sembraron zozobra y terror en 2021. El propio presidente publica fotos falsas para justificar su discurso y cada uno de sus trinos persiste en menoscabar la imagen de las empresas, a sabiendas del efecto devastador que ello acarrea al valor en bolsa de estas; los influenciadores, en tanto, se lanzan en gavilla a acusar a todo el mundo de mentirosos, y así. Es un tsunami narrativo apabullante.
Al petrismo, la fórmula de partir Colombia entre los “nadies” y los hampones le ha caído como anillo al dedo para imponer su dominio digital. Ante cualquier intento de defensa del orden actual de las cosas que alguien haya tratado de dar, los petristas lo han tumbado tildando a los interlocutores de mentirosos, corruptos y asesinos. “Jódanse corruptos hijueputas. Ahora chupen, somos poder y el cambio llegó para quedarse”, reza el trino de una cuenta petrista respondiéndole a un gremio que defendía el papel de las EPS.
El gobierno se bate en redes con una operación muy clara. Cada semana determina el tema que quiere poner en la agenda nacional, traza el objetivo que busca y procede a elaborar una serie de mensajes que distribuye a sus cadenas de difusión. Con su ejército de políticos, actores, cantantes, influenciadores, bodegas y voluntarios regando a mansalva los mensajes, imponen su narrativa.
¿Y la oposición? Torpe, rota, dispersa, descabezada, desarticulada. Mientras sectores extremos buscan desesperadamente a un Bukele colombiano -qué ceguera e inutilidad la nuestra-, los de centro parecen comportarse con la parsimonia de Neville Chamberlain a finales de la década de los 30 del siglo pasado. ¿Y las empresas? Como indicó el Financial Times en un artículo el domingo, optaron por el diálogo en privado con Petro y se han encomendado a ministros moderados para que traten de frenar los desmanes del presidente.
El problema, no obstante, es que nadie parece estar pensando en cómo construir narrativas digitales que derrumben el tóxico discurso de Petro y los suyos. La oposición al petrismo, inclusive la que sale de voces respetables y prominentes, se centra en nimiedades, como la crítica a los bailes de la primera dama, o generar discusiones eternas sobre si la vicepresidenta debe llegar en helicóptero a su casa o no.
La narrativa de Gustavo Petro no es invencible, puesto que está plagada de mentiras y eventualmente los castillos de engaños se caen por su propio peso. Pero combatirla no es fácil. Sin embargo, con orden y un norte claro, con la creación de un equipo operativo disciplinado que no se deje llevar por las pasiones, sino que entienda las dinámicas de redes, con la conformación de múltiples nodos de difusión comprometidos, con una red sólida de intercambio de información, se pueden hilar las narrativas que Colombia pide hoy a gritos. Pero claro, sin nadie que ponga plata, apague y vámonos.
Analista digital. En Twitter: @DiegoASantos

Noticias relacionadas
(OPINIÓN) El club de los indiferentes. Por: Lorena Lázaro Ocampo
Felicitaciones a los profesionales del bostezo, a los reyes del voto en blanco y a la sofisticada…
(OPINIÓN) Por qué mi voto es por Paloma y no por Abelardo. Por: Javier C. Mejía
La doctora Paloma Valencia siempre ha demostrado ser una mujer valiente, firme y cariñosa. Sus…
(OPINIÓN) La patria boba. Por: Óscar Ricardo Colorado Barriga
Entre el 20 de julio de 1810 y 1816 vivimos una época absurda, centralistas y federalistas peleando…