Carta a un mal vecino
«Querido » vecino: un día, con una ilusión la tremenda y endeudado hasta el cogote, me metí en un apartamentico que encontré lo más de coqueto. Casi que no me dan el préstamo, pero bueno, ellos finalmente le pusieron el alma y vos, el karma.

Por: Juan Carlos Mazo
«Querido » vecino: un día, con una ilusión la tremenda y endeudado hasta el cogote, me metí en un apartamentico que encontré lo más de coqueto. Casi que no me dan el préstamo, pero bueno, ellos finalmente le pusieron el alma y vos, el karma.
Ya con la ilusión de tener casa propia, me metí a arreglarla, me quedaron lo más de bonitas unas molduras que le mandé a poner en yeso, unos arcos para entrar a la cocina y unas luces indirectas que instalé en la sala para que lejanamente pareciera como de Axxis. Era lo más de feliz, porque mi casita era todo un refugio de paz.
Hasta que un día sentí su presencia. Primero eran como unas bolitas andando por el techo del apartamento y esta es la hora que no he podido saber si es que usted deja caer sus bolitas de cristal para adivinar el futuro o es que tiene al espanto con los pies de cristal.
Después fue la movedera de los muebles, me supongo, para barrer o para hacer otras cosas. Y su señora, con el tiempo descubrí que como que usted tiene ese extraño fetiche de los tacones, porque la pobre no se baja de ellos en todo el día y la noche… pero bueno.
Lo que yo no me soporto es que de un momento a otro mi nidito de paz se volvió el templo de la plancha, el reguetón y el vallenato. Desde el mismo día que usted llegó al edificio, éste se convirtió en la embajada vallenata en Medellín. La primera vez, bueno que por la inaugurada del apartamento, pero la rumbita ya es cosa de cada ocho días. Ya me toca irme a dormir donde mi mamá, dejarle la casa sola porque ya he probado todo. Ahora tengo pesadillas que me ponen en medio de un terremoto, donde todo se mueve y aparece el diablo con dulzaina y apenas me despierto es usted todo entonado cantando alguna canción de Diomedes o de Jorge Oñate, sus favoritos.
Ya el apartamento quedó valiendo nada, a no ser que encuentre a un sordo o alguien de su región que se le mida a mi cabina del eco playero de su picó. El sueño nunca volvió a ser el mismo. Ese diablo con dulzaina no me lo puedo sacar de la cabeza. Cuando llega la noche haga de cuenta que me pasa lo mismo que a los protagonistas de la Bruja de Blair, me aterrorizo. Y no soy el único, lo sé por las ojeras de la gente que me encuentro en el ascensor por las mañanas.
Don Vecino, ¿usted ya exploró la posibilidad de vivir en el campo?, ¿realmente cree que lo suyo es vivir en comunidad y no dejar vivir?, ¿gente como usted no se merece la extradición?, ¿no cree que ya está bueno de vallenato?, ¿quiere que le regale un radio para que oiga con audífonos? y por favor, deje de poner a rodar esas bolitas que me tiene locooooo. ¿Son piponchas o tricolor?

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