Saltar al contenido

Cambio climático, demagogia y progresismo (I)

Por Carlos Mauricio Jaramillo Galvis Desde hace más de una década los grupos políticos, especialmente los de izquierda, vienen utilizando las ciencias ambientales y ecológicas para catapultar sus ideales y consolidar su poder en muchas regiones del mundo, sin importar las falacias que cobijen sus po

R
Redacción IFM
5 min lectura
Escuchar artículo
IFM Noticias

Por Carlos Mauricio Jaramillo Galvis

Desde hace más de una década los grupos políticos, especialmente los de izquierda, vienen utilizando las ciencias ambientales y ecológicas para catapultar sus ideales y consolidar su poder en muchas regiones del mundo, sin importar las falacias que cobijen sus postulados y su filosofía.

A la fecha, nadie, absolutamente nadie, niega que se viene presentando un cambio en el clima mundial, que en muchas regiones del planeta se evidencian incrementos y descensos de temperatura extremos, que es notoria la pérdida de la capa arable, que muchas especies faunísticas y florísticas están en peligro de extinción, que el mar ya no produce alimentos como hace 30 años y que la contaminación nos acecha.  En fin, el cambio es notorio, pero la falacia de la izquierda y sus hordas de seguidores es que el cacareado cambio climático es responsabilidad de los seres humanos y, para la muestra, un botón llamado IRENE VÉLEZ, ministra de Minas y Energía, la misma que está “en etapa de aprendizaje” y que lidera una farsa llamada transición energética.

A falta de argumentos con gran dosis científica, los “defensores” del medio ambiente recurren a una propaganda apocalíptica aduciendo que es necesario acabar con las explotaciones y uso del petróleo, el carbón y el gas, poniendo en riesgo las finanzas del país, ahuyentando la inversión extranjera, debilitando la economía local con las fluctuaciones del precio del dólar e incrementado el desempleo al compás del hambre y la miseria, mientras regalan toneladas de alimentos a una horda de criminales y opresores anclados en la bella cubita.

¿Es necesario que se combatan todas las formas de contaminación sin destruir la economía, sin adoctrinamientos y falaces ideologías? Claro que sí, pero también es necesario hacerle saber al común de las personas que se requiere de la presencia del CO2 como molécula indispensable para la vida del planeta, pues activa el proceso químico más importante que existe sobre la Tierra como es la fotosíntesis, crea el efecto invernadero que impide que desaparezca el calor de la superficie terrestre y que el planeta se enfríe. 

No en vano, casi un centenar de científicos italianos, entre los que se destacan Uberto Crescenti, profesor emérito de geología aplicada; Giuliano Panza, profesor de sismología de la Universidad de Trieste y premio Internacional 2018 de la Unión Americana de Geofísica;  Alberto Prestininzi, profesor de geología aplicada, exeditor científico jefe de la Revista Internacional IJEGE y director del Centro de Investigación sobre Predicción y Control de Riesgos Geológicos; Franco Prodi, profesor de física atmosférica, Universidad de Ferrara entre otros grandes y reconocidos  investigadores, emitieron un manifiesto que corrobora lo arriba señalado: “Sí, hay cambio climático, si hay calentamiento atmosférico, pero no es causado por el hombre, sino por la naturaleza

Señalan estos eruditos que se ha formulado una hipótesis (amplificada por IPCC) de que el calentamiento global de la superficie de la Tierra es de aproximadamente 0,9°C, observado desde 1850, considerado anormal y que se debe a actividades humanas, en particular a las emisiones de CO2 procedentes del uso de combustibles fósiles y que, por lo tanto, se deberán adoptar -usando una propaganda virulenta- medidas drásticas y desarrollar programas más exigentes pero cuya implementación sería un suicidio económico para cualquier Estado, pretendiendo controlar el clima y “salvar” el planeta.

De acuerdo con los científicos ítalos, el origen antropogénico del calentamiento global es una conjetura NO PROBADA, deducida únicamente a través de modelos climáticos, es decir, de programas informáticos complejos, llamados modelos de circulación general, mientras que la investigación científica ha demostrado que existe una amplia variabilidad climática natural que los modelos no pueden ni emular ni reproducir, variabilidad que se viene registrando desde el año 1850. 

Por otra parte, el mismo documento (se reitera que es de carácter científico) es muy preciso en señalar que la responsabilidad antropogénica del cambio climático observado en el último siglo es extremadamente exagerada y que sus pronósticos catastróficos no son para nada realistas y la razón es la siguiente:  El clima es el sistema más complejo de nuestro planeta y se debe abordar con métodos apropiados, adaptados a su altísimo nivel de complejidad.  Así las cosas, los modelos de simulación del clima que actualmente se utilizan NO REPRODUCEN la variabilidad natural del clima y, en particular, no reconstituyen los períodos cálidos de los últimos 10,000 años. Estos períodos cálidos se repiten cada mil años (existe el período cálido medieval, el romano y los del Holoceno Óptimo de hace 8.000 años), períodos que fueron más cálidos que el actual con concentraciones de CO2 más bajas y que, a su vez, están vinculados a los ciclos milenarios de la actividad solar.  La sentencia es lapidaria: Estos efectos no son reproducidos por los modelos actuales, porque además, esos mismos modelos no son capaces de reproducir un fenómeno de gran importancia: las oscilaciones climáticas, las cuales se conocen muy bien desde hace unos 60 años y que son responsables de serie de periodos que se expresaron así: Calentamiento (1850-1880), enfriamiento (1880-1910), calentamiento (1910-1940), enfriamiento (1940-70) y de un nuevo período de calentamiento (1970-2000) similar al observado hace 60 años.

Próxima columna: ENOS, Atlantic Multi-decadal Oscillation (AMO) e irrealismo proge

Compartir:

Noticias relacionadas