América en la mira
Por CR (R) Jaime Ariza Girón Junta Directiva Nacional de ACORE Desde su descubrimiento por España, el nuevo mundo ha estado en la mira de los poderes globales en los diferentes lustros de la historia, los estados embrionarios prewesfalianos coloniales, españoles y portugueses iniciaron actividades d

Por CR (R) Jaime Ariza Girón Junta Directiva Nacional de ACORE
Desde su descubrimiento por España, el nuevo mundo ha estado en la mira de los poderes globales en los diferentes lustros de la historia, los estados embrionarios prewesfalianos coloniales, españoles y portugueses iniciaron actividades de conquista aceleradamente, así como posteriormente los franceses, ingleses y holandeses en el marco de lo que Peter Taylor1 denomina el primer ciclo del imperialismo geográfico o formal. Tanto así que su independencia marcó también su fenecimiento como poder global, dando paso al poder británico que a pesar de ser el primer poder europeo en perder su dominio colonial con la revolución de independencia norteamericana se mantuvieron como potencia global, prevalencia que conservó hasta la segunda guerra mundial, cuando los superpoderes soviético y estadounidense surgidos de la contienda y lo opacaron como predijo cabalmente Harford Makinder en inicios de siglo XX.
Los nuevos poderosos tampoco despreciaron al continente. Desde antes de la gran confrontación, los EE. UU. venían desarrollando una política de intervención en el sur como un legado de la doctrina Monroe de 1823, materializada en la guerra con España de 1898, dejándole dividendos territoriales a los Yanquis. Puerto Rico y Cuba fueron acciones iniciales que después se complementaron con diferentes actuaciones en Panamá, Haití y Nicaragua; por el lado soviético y en cumplimiento al Tercer Congreso del PCUS, la intención era internacionalizar la revolución bolchevique en el poder desde 1917 y para eso fue necesario involucrarse en aventuras revolucionarias en México, Colombia, Brasil y Venezuela; países que por sus condiciones políticas internas, eran propicios para que germinara la dictadura del proletariado. (Mackenzie, 2007)
Durante la guerra fría del mundo bipolar, América fue escenario de los conflictos de baja intensidad, de las guerras de liberación o insurgencia, dependiendo si era leída por ojos occidentales o capitalistas o de la cortina de hierro estalinista, cómo instrumentación de la competencia por la supremacía ideológica, política y económica en la que se enfrascaron los superpoderes mundiales.
De este lapso los EE. UU. mantuvieron la región en un status quo que le permitió mantener el control con excepciones en Chile, Cuba y Nicaragua; con la desintegración de la URSS, la agenda mundial cambió y el interés por América, se tradujo en TLC, políticas integracionistas y neoliberalismo que se mantuvo hasta los inicios del siglo XXI.
El nuevo siglo inició con el péndulo del poder inclinado hacia la izquierda, la geopolítica del caribe, centro y sur del continente, que la había signado las teorías y escuelas clásicas europeas y posteriormente norteamericanas de Mahan y Spykman, cambiaron bajo la guerra fría en la que predominaron:
“Dinámicas de los conflictos armados internos, la relación especial con Estados Unidos, los modelos de doctrinas de seguridad nacional en el marco de la Guerra Fría, las relaciones comerciales y dimensiones insurgentes y contrainsurgentes”. (Daniel Palma Álvarez, 2019).
El acenso de la “izquierda democrática” como herencia de la socialdemocracia y centroizquierda europea, fue el sofisma donde se escondió el socialismo y la izquierda radical como respuesta l fracaso histórico de la URSS que los dejó sin discurso. El mismo Fidel Castro en el marco del Foro de Sao Paulo había renunciado a la lucha armada como forma para acceder al poder. La estrategia a la izquierda internacional les funcionó en la primera década de los 2000, nueve países (Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, El Salvador, Honduras) del orbe, quedaron en poder del socialismo, además de Venezuela con Hugo Chávez en 1998 y Perú con Ollanta Humala en el 2010.
Esto redimensionó las relaciones internacionales de la región, en cuya agenda ya estaba la lucha contra el crimen transnacional organizado con énfasis en narcotráfico; la democracia y los derechos humanos como nuevos valores ante la ausencia de antagonismos de peso en el campo político, económico y militar.
La Paz en Centroamérica se había hecho realidad con lo pactado en Guatemala y El Salvador, dejando como herencia maldita el Conflicto Armado en Colombia producto del narcotráfico y del empecinamiento de los grupos terroristas de llegar al poder mediante la lucha armada. Objetivo que vieron alcanzable para finales de la centuria, pero, que se desvaneció tras la derrota militar que sufrieron a manos del Estado colombiano entre el 2000-2009, punto de inflexión del que ya, para la época, era el conflicto más largo del hemisferio
Con los gobiernos populistas en el poder, se incrementó el discurso antinorteamericano y antihegemónico, el unipolarismo y la guerra contra el terrorismo había despertado un sentimiento que le favorecía a los enemigos que la supremacía norteamericana despertaba en el mundo.
La invasión a Iraq, tras una decisión unilateral de Washington pisoteando la comunidad internacional, exacerbó los discursos y las posiciones en la región americana, a la par que aprovechaban los antagonistas abiertos y agazapados para desarrollar alianzas con la excusa de crear un mundo paralelo que permitiera el surgimiento de esos poderes emergentes a nivel regional y los de ambiciones mundiales.
Bajo este espectro y traídos por antiguos y nuevos aliados, hacen su aparición Rusia, China e Irán, cada uno con un bagaje diferente de intereses, pero con uno solo que los articula, la contradicción hacia los EE. UU.; estos en su convicción consideran que debatirle geoestratégicamente la región de su intimidad a los norteamericanos, les ayuda en sus diferentes estrategias y herramientas contempladas en la política internacional para sus intereses nacionales.
Lo relacionado con Rusia,qué hoy toma relevancia por la agresión que este país adelanta contra Ucrania, tiene que ver con los acuerdos verbales no formales que asumieron los gobiernos de la OTAN y de la URSS en implosión y posteriormente Rusia, sobre la unificación alemana, despliegue militar norteamericano y membrecía de países ex Pacto de Varsovia a la alianza (Ortega, 2014), considerados por el kremlin como un engaño y una intromisión inaceptable en su zona de influencia geopolítica que debe pagarse con la misma moneda.
Desde el 2000 y a la luz de los gobiernos de tinte socialista empoderados en América del sur, los rusos se acercaron a la región en los campos político, militar, económico y social, buscando ejercer un contrapeso a la influencia de los norteamericanos en la región, que, para ese momento, ya tenían su interés estratégico en Afganistán e Iraq; momento oportuno para que Chávez y sus aliados del Foro de Sao Paulo expandieran su proyecto geopolítico por la región con sus nuevos aliados.
Los Rusos buscaron acceso a mercados alternativos, ofrecieron créditos atractivos, acercamiento a los organismos de comercio multilateral y participación en proyectos de infraestructura y exploración en el mercado energético; en el campo de la confrontación, los empleos de métodos de guerra de 5ta. generación, desarrollando operaciones de información, actividades de espionaje asimétrico y relación de autoridades con el crimen organizado transnacional, les permitió posicionarse como socios confiables y asegurar alianzas en función de sus intereses políticos, económicos y militares.
Tanto así, que han existido pronunciamientos y posiciones de gobiernos regionales a favor de la agresión en los medios de comunicación y en organismos internacionales de estos a Ucrania.
Moisés Naim la llamó la superpotencia barata, con una economía menor a Portugal e Italia.
Estos han desarrollado un equilibrio dinámico de fuerzas frente a EE. UU. y la OTAN mediante la ampliación de su potencial militar e influencia en la zona. Para esto buscaron a sus aliados históricos (Cuba y Nicaragua) y fomentado nuevas alianzas (Venezuela, Argentina y Brasil) a través de la venta de armas, cooperación técnica militar e implantación de bases en la zona; anudadas por incursiones de misiones navales y aéreas en las cuales Colombia ha sido objetivo como una provocación al principal socio de los EE. UU. en la región (en palabras de ellos), además de ser socio global de la alianza atlántica.
Teniendo como premisa la implementación del Consenso de Beijing y la nueva política de XI, con sus tres proposiciones, innovación, dinamismo de objetivos y autodeterminación; China marca su influencia desde el sector económico con inversiones directas en sectores vitales de los países de la región (comodities).
El poder blando chino, está presente en la región más allá del relacionamiento bilateral normal, están inmersos en la multilateralidad latinoamericana y del caribe con observadores en la CELAC y en la OEA, además de labores de transculturización a través de Institutos Confucio que enseñan el mandarín en más de 44 sedes en todo el territorio, esto sin sumar las becas, misiones de expertos e intercambios y movilidad estudiantil exportando la identidad cultural china.
No se puede dejar aparte los objetivos planteados por XI Jinping en cuanto a el sueño de China y los proyectos ampliados del PCCH, los cuales marcan a esta como una república poderosa, rica y segura (Evan Ellis, 2022). Para este último aspecto se ha desarrollado acercamientos a las fuerzas militares de diferentes países del subcontinente para crear dependencia tecnológica con los suministros militares, con el fin de potencializar su aparato militar fundamentado en la adaptación tecnológica con tal de crear alianzas que le sirvan para mantener el equilibrio y la valoración de potenciales en el pacífico principalmente.
El otro actor presente en la región es Irán, cuyo interés es mitigar los efectos del aislamiento por el prolongado bloqueo norteamericano, además de la expansión del islam en búsqueda de una mayor influencia religiosa en la dinámica social del sector y que le permita un mayor predominio y liderazgo en los organismos multilaterales y solidaridad con su programa nuclear.
Lo complementan actividades como el desarrollo de operaciones de información para la transculturización, implementación de métodos de guerra hibrida, expansión de los centros culturales y el número de fieles conversos, además de fomentar un bloque anti-Israel y anti- Estados Unidos acompañados del desarrollo de operaciones de Inteligencia en función de sus intereses políticos y económicos con empresas de fachada para financiar grupos extremistas con identidad de lucha por el antagonismo hacia estos últimos citados.
Teherán trata de emerger como un jugador de talla mundial que le permita negociar otro acuerdo como el del 2015 que no fue ratificado por Trump y para eso usa la región muy cercana a su adversario.
Hoy que la región parece situarse en el espectro de la izquierda, puede acoger estos actores extra hemisféricos como aliados para el desarrollo de objetivos e intereses nacionales, marcando un abismo entre quienes desde hace unos lustros caminan de su mano y otros, que como Colombia, siempre se han alineado con los Estados Unidos, aunando aún más, la profunda incisión regional que poco ayuda a la cohesión latinoamericana que de por sí, lleva varios años fracturada.

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