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<strong>Al rescate del río Medellín</strong>

Por: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis Hoy resulta que es lo mismoSer derecho que traidor,Ignorante, sabio, chorro,Generoso, estafador.Todo es igual; nada es mejor;Lo mismo un burro que un gran profesor.No hay aplazaos, ni escalafón;Los inmorales nos han igualado. (Cambalache, Enrique Santos Discépol

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Por: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis

Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor,
Ignorante, sabio, chorro,
Generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
Lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos, ni escalafón;
Los inmorales nos han igualado.

(Cambalache, Enrique Santos Discépolo)

A través del tiempo y desde que el hombre apareció en la Tierra, los ríos han sido utilizados como fuentes de agua potable para producir energía, para el riego de los cultivos, como sistema de transporte y turismo, pero también como vertedero de residuos domésticos, industriales, agrícolas. Con el pasar de los años, su uso intenso e indiscriminado ha alterado dramáticamente su riqueza biológica. 

El río Medellín, que es un sistema ecológico sencillo y delicado, que ha sufrido muchísimos de los procesos  de degradación y por atravesar un valle densamente poblado,  está siendo amenazado por una alta contaminación, la pérdida de hábitats naturales y alteraciones de su cauce, por lo que es necesario protegerlo, utilizarlo racionalmente,  restablecer sus ecosistemas y explotar adecuadamente su potencial recreativo y educativo.

El río que es parte integrante de la estructura urbana no tiene porque ser sometido a una transformación indeseable e inevitable, pues a este le deben ofrecer las garantías necesarias e idénticas que a  otro tipo de ecosistemas (lagos, lagunas, bosques, mares…) para que pueda sustentar su biota característica y, para ello, se deberá mejorar la calidad de sus aguas invirtiendo en la depuración de las residuales que son cada vez más cuantiosas, controlando los vertidos tóxicos que sacarifican la poca fauna que aún alberga y, a su vez, lesiona la política medioambiental de la administración pública y de las empresas ancladas en el Valle de Aburrá.   También se deberá ejercer un estricto control de las industrias y promover auditorías ambientales que exijan mejorías en la calidad del agua que vierten sobre él.

Se precisa emprender campañas que  propendan por una mejor calidad de aguas residuales domésticas relacionadas con nuestros hábitos y costumbres en los hogares y exigiendo a sus moradores el uso de contenedores especiales para depositar aceites, disolventes, pinturas, medicamentos y otros contaminantes significativamente peligrosos, que deberían ser recogidos por empresas especializadas y, que a la fecha, viene siendo vertidos por alcantarillas de los diferentes barrios de esta comarca, especialmente en barrios donde pululan talleres mecánicos, de pintura, carpinterías, etc. y donde la vigilancia ambiental hace gala por su ausencia

En lo que respecta a la conservación de sus  riberas, es necesario respetar la dinámica propia del curso fluvial, su cauce natural, la morfología del trazado original y las riberas con vegetación autóctona o espontánea fundamental para mantener la calidad ecológica;  poner en marcha proyectos de restauración del carácter multifuncional del río recuperando sus meandros, ensanchado cauces, restaurando márgenes de forma que el río pueda reformarse a sí mismo de manera natural y equilibrada. 

El panorama de las riberas del río y sus afluentes es catastrófico: un basurero a cielo abierto, un albañal de cuanto indigente y habitante de calle las recorre y, de contera, alberga un sin número de cambuches que ofrecen un ambiente peligroso y desalentador.

En cuanto a sus usos recreativos y educativos, es preciso la adecuación de áreas de esparcimiento haciéndolas compatibles con la conservación de los valores naturales del río y su ribera; se debería evitar el excesivo ajardinamiento de las zonas verdes, restaurar las áreas degradadas con vegetación autóctona, instalar y mantener un mobiliario mínimo para el desarrollo de actividades recreativas, y aislar del uso recreativo las zonas de mayor interés ecológico. Por su parte,  los valores educativos del río son innumerables. Los programas medioambientales relativos a un río urbano que se pueden poner en marcha desde instituciones municipales, colegios, escuelas y universidades.

En medio del caos social y ambiental que denota nuestro río Medellín, plantear su rescate es un imperativo sin retorno.  Son cuatro años de una administración indolente en materia ambiental, pero, sobre todo, un abandono total del río y sus afluentes. 

Será tarea titánica para la nueva administración gestionar ambientalmente nuestra ciudad, pues los actuales rectores de esta disciplina la han perdido con un cero admirado.

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