Un lobo que cada cuatro años asusta al pastorcito mentiroso
Hay cosas que se repiten en intervalos de tiempo determinados, como los años bisiestos, el mundial de fútbol, los juegos olímpicos y las elecciones en nuestro país, eventos que ocurren cada cuatro años. Centrándonos en el proceso electoral colombiano, hay asuntos que también se repiten, con precisió

Hay cosas que se repiten en intervalos de tiempo determinados, como los años bisiestos, el mundial de fútbol, los juegos olímpicos y las elecciones en nuestro país, eventos que ocurren cada cuatro años.
Centrándonos en el proceso electoral colombiano, hay asuntos que también se repiten, con precisión milimétrica, cada cuatro años y casi siempre afectan a los candidatos que representan a la izquierda de nuestro país: las amenazas a su integridad.
Es innegable, y completamente inaceptable, que hace algunos años esas amenazas se concretaron y personajes como Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán y Álvaro Gómez Hurtado, cayeron bajo las balas asesinas de diferentes actores violentos como las FARC y los carteles del narcotráfico.
Han pasado más de 20 años desde el último asesinato de un candidato presidencial, pero ese fantasma revive cada cuatro años y supuestamente los aspirantes a cargos de elección popular reciben panfletos y amenazas contra su integridad.
Daniel Quintero y Claudia López, cuando hacían campaña para la alcaldía de sus ciudades, denunciaron que sus vidas corrían peligro al recibir panfletos amenazantes, seguimientos y vigilancia de personas sospechosas.
Francia Márquez periódicamente es amenazada por las «águilas negras» así como otros lideres de izquierda que son victimas de un grupo que para las autoridades no existe, pero que tiene un magnifico sistema postal, ya que sus mensajes llegan cumplidamente.
Y no podía faltar a la cita el candidato Gustavo Petro, con la denuncia de que su cuerpo de seguridad había detectado un plan para atentar contra su vida durante la gira que adelantaría por el eje cafetero, armando un tremendo escándalo y poniendo a todos los medios, a las redes sociales y a los ciudadanos en general, a hablar del tema durante varios días.
Hace cuatro años también fue la victima de un «atentado» en la ciudad de Cúcuta, cuando su vehículo fue supuestamente atacado con arma de fuego y los momentos angustiantes fueron transmitidos en directo por las redes. Posteriormente se comprobó que no había tal y que la bala era una piedra que había lanzado un «uribista» a su camioneta de alto blindaje.
Es un ciclo que se cumple, que logra un objetivo: capitalizar la situación para obtener beneficios electorales, mostrándose ante el mundo como la víctima de una «ultraderecha» que no quiere el cambio social que su programa de gobierno quiere para el pueblo colombiano. Además, la estrategia es aprovechada para seguir sembrando el odio, porque siempre es el «uribismo» el que desea hacerle daño, según lo denuncia el candidato.
Entonces, cada vez que apelan al libreto de las amenazas, saltan de inmediato las organizaciones de derechos humanos para hacer eco y denunciar ante el mundo la grave situación del candidato «progresista». A esto se suman personajes como Daniel Quintero, quienes medran en el escándalo desatado y hacen ostentación de una inexistente labor de inteligencia, en la que descubren otro atentado contra la vida de Petro.
Al estilo de las grandes figuras de la farándula, utilizan el escándalo del supuesto atentado, para lograr estar en primer plano, despertar la conmiseración y tapar asuntos tan controversiales como la confesión hecha por el asesor jurídico del Pacto Histórico, de haber infiltrado la campaña de Federico Gutiérrez; o tratar de dejar en el olvido el pacto de la Picota o, de repente, sepultar el polémico perdón social para narcotraficantes.
A los asesores extranjeros de la campaña de Petro les debió caer como un baldado de agua fría la noticia de la extradición de alias Otoniel, lo que terminó opacando el supuesto atentado y les robó la primera plana de los medios.

Y para seguir destacando que es una persona que corre un gran peligro, retoma sus actividades proselitistas detrás de unos escudos que impiden que el candidato «del pueblo» tenga contacto con su gente.
Las autoridades, de manera seria, deben hacer una investigación sobre ese lobo que asusta al pastorcito Petro cada cuatro años y, de paso, deberían solicitar una asesoría al equipo de seguridad extranjero del candidato, que cuenta con unos organismos de inteligencia especializados en detectar amenazas a dirigentes, capacidad que envidiaría el mismísimo Servicio Secreto norteamericano.
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