(INVESTIGACIÓN) PetroLeaks revela lo que pasa con las Bodegas digitales, la maquinaria silenciosa del poder en Colombia
“Político que no tenga bodegas, no es político”, se escuchaba entre murmullos en la sala de prensa del Senado. La frase, recogida en medio del ocaso de Iván Name como presidente del Congreso y publicada por PetroLeaks, refleja el trasfondo de un fenómeno que hoy define la política nacional: la const
“Político que no tenga bodegas, no es político”, se escuchaba entre murmullos en la sala de prensa del Senado. La frase, recogida en medio del ocaso de Iván Name como presidente del Congreso y publicada por PetroLeaks, refleja el trasfondo de un fenómeno que hoy define la política nacional: la construcción de narrativas oficiales desde ejércitos digitales financiados con recursos públicos.
Lo que antes eran panfletos anónimos y cadenas de rumores en pasillos, hoy son hashtags cuidadosamente planeados, influencers contratados y bodegas digitales coordinadas desde el Estado, según la investigación de PetroLeaks. La propaganda dejó de ser artesanal para convertirse en un engranaje industrial que opera al ritmo de la agenda gubernamental.
Bodegas como estrategia política
De acuerdo con PetroLeaks, etiquetas como #LaCloacaEsLaFM, #GobiernoDelCambio, #TodosConPetro o #CaracolMiente no nacen de la espontaneidad ciudadana, sino de campañas estructuradas. Cada tendencia se activa en momentos clave: crisis políticas, debates legislativos o cuestionamientos de la prensa.
La función de estas campañas es doble. Por un lado, exaltar la imagen presidencial con videos editados y discursos. Por otro, deslegitimar y atacar a medios, periodistas y críticos del Gobierno. Se trata de un sistema de propaganda en el que la etiqueta digital reemplaza al argumento político.
PetroLeaks demostró que buena parte de quienes impulsan estas tendencias son contratistas públicos. Influencers de TikTok, X y YouTube, algunos dedicados previamente al humor o al contenido sexual, hoy tienen contratos con RTVC, Prosperidad Social y ministerios, y al mismo tiempo promueven campañas de desprestigio.

Wally, el operador central
Uno de los nombres más visibles en la investigación de PetroLeaks es Wally (@MeDicenWally), abogado y contratista de RTVC, descrito como operador de campañas de violencia digital.
En 2024, Wally lideró la campaña #LaCloacaEsLaFM, cuyo objetivo fue atacar directamente al medio La FM y a su entonces director Luis Carlos Vélez. El 18 de septiembre de ese año se registraron más de 37.000 menciones en un solo día, según PetroLeaks. Semanas después, tras la salida de Vélez del medio, Wally celebró la noticia como un triunfo de esa ofensiva digital.
La investigación revela que Wally no solo domina las redes, sino también los pliegues legales del Estado. Durante 2024, certificó a funcionarios de Colombia Compra Eficiente, lo que permitió a varios de sus allegados acceder a cargos públicos. Su doble rol como influencer y operador jurídico lo convierte en un actor con un poder atípico.
Además, cuenta con el respaldo político de Gustavo Bolívar y Hollman Morris, figuras cercanas al Pacto Histórico, lo que refuerza su blindaje institucional.

La violencia simbólica contra la prensa
Los hallazgos de PetroLeaks sobre campañas como #CaracolGolpista o #LosMediosMienten muestran un patrón de violencia simbólica que trasciende los memes.
Entre las tácticas documentadas se encuentran portadas falsas de revistas y periódicos, manipuladas para asociar a periodistas con corrupción o prostitución del oficio; Imágenes con violencia sexualizada, como montajes contra Vicky Dávila, que según PetroLeaks buscan intimidar a mujeres periodistas mediante humillación pública; asimilación de medios con el nazismo o el terrorismo, colocando micrófonos como fusiles o fusionando rostros de comunicadores con la figura de Goebbels.
El objetivo es deslegitimar la crítica periodística y presentarla como traición a la patria, abonando el terreno para justificar ataques digitales y físicos.

De los hashtags a la violencia real
La conexión entre esta hostilidad digital y las violencias materiales en Colombia no es casual. PetroLeaks advierte que las campañas de odio en redes son antesala de agresiones mayores.
El caso del senador Miguel Uribe, víctima de un atentado que lo dejó entre la vida y la muerte, ilustra cómo el clima de estigmatización puede traducirse en riesgos reales para opositores y periodistas.
La ironía, resalta el informe, es que muchos de los actuales promotores de estas campañas fueron antes víctimas de persecución y exilio. Hoy, desde el poder, reproducen los mismos métodos de opresión que denunciaban.

La narrativa del “golpe blando”
Otro hallazgo de PetroLeaks es la estrategia de acusar a medios como Caracol Televisión, Blu Radio o El Tiempo de participar en un supuesto “golpe blando” contra el Gobierno.
Aunque no existe evidencia de estas conspiraciones, las bodegas digitales han amplificado la narrativa mediante titulares sacados de contexto, portadas falsas y memes. El efecto es claro: convertir al periodismo independiente en enemigo interno y posicionar a RTVC Noticias como la única fuente “veraz”.
Este modelo, según la investigación, replica tácticas de regímenes autoritarios en la región, donde la pluralidad informativa es sustituida por la hegemonía comunicativa del Estado.

¿Hacia dónde va Colombia?
El análisis de PetroLeaks concluye que Colombia no transita hacia la paz, sino hacia una sofisticación de la guerra. Ya no se mata solo con balas, también con reputaciones destruidas, narrativas impuestas y algoritmos manipulados.
La frase “¡Guerra a muerte!”, que aparece en algunos trinos acompañando campañas oficiales, deja de ser metáfora para convertirse en licencia cultural de ataque. Bajo esa consigna, la crítica ya no es debate, sino traición; el periodista no es veedor, sino enemigo.
Las bodegas digitales representan hoy un nuevo rostro del poder en Colombia. Son redes financiadas con recursos públicos, operadas por influencers contratados y legitimadas por voces oficiales.
Lo que está en juego no es solo la reputación de un medio o un político, sino la vigencia misma de la libertad de expresión y el pluralismo democrático. Si las tendencias digitales pueden decidir quién cae en desgracia o quién es silenciado, entonces el hashtag dejó de ser opinión para convertirse en arma de gobierno.
Y la gran pregunta, planteada por PetroLeaks, sigue abierta:
¿Quién responde cuando la verdad se manipula desde las bodegas oficiales y la libertad de expresión muere disfrazada de trending topic?
Lea la investigación completa en: https://petroleaks.org/investigacion/bodegas-del-poder-como-opera-la-narrativa-oficial-desde-los-clics/
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