jueves, febrero 12, 2026
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Colombia, un país tristemente acostumbrado a los magnicidios

Cuando se atenta y se le causa la muerte a una figura pública de relevancia política o social como un jefe de Estado, un candidato presidencial, un alto líder político, un magistrado de las altas cortes, un periodista o una figura simbólica y de reconocimiento en la nación, el asesinato se puede llegar a calificar como magnicidio.

Aunque en el código penal colombiano no está específicamente el término de magnicidio, las autoridades pueden hacer la declaración de facto, lo que implicaría cambios en la investigación del caso.

El hecho que se declare un delito de asesinato como magnicidio se genera:

  • Se considera un crimen de altísima gravedad y en muchos países se clasifica como delito imprescriptible, o sea no hay vencimiento de términos para su investigación.
  • Puede investigarse como crimen de lesa humanidad si se relaciona con persecución política o ataques sistemáticos contra un grupo.
  • Normalmente, el hecho pasa a ser investigado por la Fiscalía General o un organismo especializado, y no por autoridades locales.
  • Puede involucrar cooperación internacional si se sospecha de actores externos.
  • Puede provocar estados de excepción, cambios en las medidas de seguridad y reconfiguración del escenario político.
  • A veces conlleva comisiones de la verdad o investigaciones especiales del poder legislativo.
  • Muchas veces, y dependiendo del magnicidio, puede marcar un cambio en la historia de un país, además la víctima se puede convertir en un referente histórico y un símbolo de una causa.

En la historia de Colombia, el primer intento de magnicidio se realizó contra el libertador Simón Bolívar, en la llamada conspiración septembrina ocurrida el 25 de septiembre de 1828.

Otro hecho que se registra como un magnicidio fue el asesinato del general Rafael Uribe Uribe, en las escalinatas del Capitolio Nacional, el 15 de octubre de 1914.

El 9 de abril de 1948 fue asesinado el candidato liberal Jorge Eliecer Gaitán. Su muerte cambió la historia de Bogotá y de Colombia.

En abril de 1984, un joven sicario disparó contra el entonces ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, quien había declarado una guerra total contra el Cartel de Medellín encabezado por Pablo Escobar.

Años después, comenzó una escalada violenta en contra de candidatos presidenciales de Colombia. En ocrubre de 1987, el líder la Unión Patriótica, Jaime Pardo Leal, fue asesinado en el municipio de La Mesa, y en agosto de 1989, el candidato presidencial por el partido liberal Luis Carlos Galán fue baleado en Soacha, Cundinamarca, crimen atribuido a una alianza entre narcotraficantes y sectores corruptos del Estado.

El 22 de marzo de 1990, el candidato de la UP Bernardo Jaramillo Ossa fue baleado en el Puente Áereo de Bogotá, y el 27 de abril de 1990, fue asesinado dentro de un avión comercial el candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19 Carlos Pizarro Leongómez, apenas unas semanas después de la desmovilización del grupo guerrillero.

En 1995, y en medio de una gran tensión política por causa de los escándalos revelados en el gobierno de Ernesto Samper, fue asesinado en Bogotá el líder político y excandidato presidencial Álvaro Gómez Hurtado, considerado uno de los políticos más influyentes en la historia de Colombia en el siglo XX.

En 1999 se produjo el último crimen calificado como magnicidio. Se trata del asesinato del periodista Jaime Garzón, quien fue baleado mientras se dirigía a su trabajo en la emisora RadioNet.

En 2025, y cuando se pensaba que este tipo de crímenes había quedado atrás, se presentó el atentado contra el senador, precandidato y líder de la oposición al gobierno, Miguel Uribe Turbay, quien murió el pasado 11 de agosto en la capital colombiana.

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