“Yo no hablo de Política”: El silencio que destruye a la Patria. Por: Mateo Arjona
En esta columna de opinión, el economista y consultor en marketing estratégico Mateo Arjona plantea una crítica a la indiferencia ciudadana frente a la política y sostiene que guardar silencio ante las decisiones públicas no representa neutralidad, sino una renuncia al deber democrático. A partir de cifras sobre inflación, desempleo, informalidad, seguridad, salud y crecimiento económico en Colombia, el autor advierte sobre el impacto de las decisiones políticas en la vida cotidiana y hace un llamado a recuperar el debate público, la defensa de las libertades individuales y la participación activa de la ciudadanía en los asuntos del país.
Hay personas que dicen con orgullo:
“Yo no hablo de política.”
“Yo no me meto en eso.”
“Todos los políticos son iguales.”
Y lo dicen como si fuera una muestra de madurez, neutralidad o superioridad moral.
Pero no lo es.
Es comodidad. Es indiferencia. Es cobardía disfrazada de prudencia.
Porque mientras millones deciden guardar silencio, otros sí están hablando, organizándose, legislando, gobernando y tomando decisiones que afectan absolutamente todos los aspectos de nuestra vida.
Si usted no se mete con la política, la política se mete con usted.
Se mete con su libertad.
Con su propiedad privada.
Con sus impuestos.
Con el costo de vida.
Con la seguridad de su familia.
Con la educación de sus hijos.
Con la salud de sus padres.
Con el empleo de sus trabajadores.
Con el futuro de su empresa.
Con el derecho a disentir.
Con la justicia.
Con la economía.
Con el precio de los alimentos.
Con lo que usted puede producir, comprar, ahorrar o heredar.
La política nunca desaparece porque usted decida ignorarla. Simplemente queda en manos de quienes sí quieren usar el poder… Y muchas veces, para destruir.
Hoy Colombia atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
La inflación anual volvió a subir y en abril de 2026 llegó al 5,68%, todavía lejos de la meta del Banco de la República.
El desempleo nacional fue de 8,8% en marzo de 2026, pero la informalidad sigue siendo enorme: 55,3% de los ocupados sobreviven en la informalidad, sin estabilidad ni garantías reales.
La economía creció apenas 2,2% en el primer trimestre de 2026, mientras sectores estratégicos continúan debilitándose: la construcción cayó 5,4%, la inversión registró una caída cercana al 3% y múltiples sectores productivos siguen frenados por la incertidumbre jurídica, regulatoria y económica.
El déficit fiscal del Gobierno Nacional Central cerró 2025 en 6,4% del PIB, mientras la deuda bruta del Gobierno ya supera el 64% del PIB, acercándose a niveles históricamente críticos y comprometiendo el futuro económico de varias generaciones.
La inversión extranjera y la confianza empresarial continúan golpeadas por la incertidumbre regulatoria, tributaria y política, mientras cientos de empresarios frenan decisiones de expansión o contratación ante el miedo económico.
La educación pública sigue atrapada entre el abandono, la baja calidad y la ideologización, mientras millones de jóvenes están atrapados en un sistema que muchas veces prioriza el adoctrinamiento político antes que la excelencia, la competitividad y la formación para el progreso.
La salud atraviesa una crisis profunda: ocho EPS intervenidas concentran cerca de 23 millones de afiliados, mientras las quejas y reclamos del sistema crecieron más de 27%. Y el porcentaje de personas a quienes su EPS les entregó todos los medicamentos formulados cayó de 65,0% a 53,1%, reflejando el deterioro progresivo del sistema de salud colombiano.
Y en seguridad, Colombia cerró 2025 con 14.780 homicidios, el año más violento de la última década, mientras la extorsión, el narcotráfico y el control territorial de grupos criminales vuelven a expandirse en distintas regiones del país.
Y aun así, hay empresarios, líderes y ciudadanos que creen que quedarse callados los hace “más inteligentes”.
Las sociedades libres solo sobreviven cuando existen ciudadanos dispuestos a defenderlas públicamente, incluso cuando resulta incómodo hacerlo.
No hablar de política no es neutralidad, es renunciar al deber ciudadano, abandonar el debate público, entregarle el país a quienes sí entienden el poder, dejar la democracia sin defensores… Es una actitud apátrida, una traición al Juramento a la Bandera.
Por eso hoy más que nunca necesitamos volver a hablar de política.
En el taxi.
En el bus.
En las universidades.
En las empresas.
Con los empleados.
Con los clientes.
En las reuniones familiares.
En cada espacio donde todavía exista la posibilidad de despertar conciencia.
Necesitamos recuperar una Colombia donde se respete la propiedad privada, se garantice la seguridad y la justicia sea verdaderamente independiente; una Colombia donde emprender no sea un castigo, donde la empresa privada y la inversión sean motores de progreso, donde el mérito vuelva a estar por encima de la ideología y donde existan salud, educación y oportunidades reales con calidad y dignidad. Una Colombia con autoridad firme contra el crimen, fortalecimiento de la Fuerza Pública, lucha frontal contra la corrupción, reducción del Estado burocrático y defensa absoluta de las libertades individuales.
Necesitamos una verdadera Patria Milagro.
Por eso hoy, más que nunca, estoy #FirmePorLaPatria.
— Mateo Arjona, Economista y Consultor en Marketing Estratégico
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