(OPINIÓN) La violencia no puede ser un arma de intimidación. Por: Bernardo Henao Jaramillo
Los recientes actos de crueldad cometidos contra los animales de la familia del Dr. Álvaro Hernán Prada, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), son un reflejo alarmante de la degradación moral que amenaza a nuestra sociedad.
Los recientes actos de crueldad cometidos contra los animales de la familia del Dr. Álvaro Hernán Prada, presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE), son un reflejo alarmante de la degradación moral que amenaza a nuestra sociedad. Envenenar a sus tres perros en Huila y, días después, asesinar con arma blanca a su yegua Pasarela de Los Cauchos en Cundinamarca, no son hechos aislados ni simples ataques contra seres indefensos; son mensajes de terror dirigidos contra quienes se atreven a desafiar estructuras de poder corruptas.
El Dr. Alvaro Hernán Prada no solo ha sido un hombre de convicciones firmes en su vida pública, sino que actualmente lidera un proceso de especial relevancia: la investigación sobre la financiación de la pasada campaña presidencial y su candidato Gustavo Petro. Su postura firme frente a este caso lo ha convertido en un objetivo de intimidación, y el ataque contra sus animales es una muestra de hasta dónde están dispuestos a llegar quienes buscan silenciarlo.
Es inaceptable que la violencia se use como herramienta para intentar doblegar la justicia. Cuando los ataques trascienden lo político y tocan lo personal, cuando los verdugos recurren a la cobardía de herir a quienes no pueden defenderse, queda claro que la batalla no es solo legal, sino también ética y moral.
Como ciudadanos, tenemos el deber de rechazar con contundencia estos infames actos y rodear con solidaridad a quienes son objeto de estas agresiones. No podemos permitir que el salvajismo se normalice ni que el miedo se imponga sobre la verdad. Colombia necesita instituciones fuertes, ciudadanos valientes y, sobre todo, justicia sin presiones ni chantajes.
Este no es solo un ataque contra un hombre y su familia, sino contra la democracia misma. Es hora de alzar la voz y exigir que quienes buscan sembrar el terror encuentren en la ley su castigo, y que la justicia prevalezca por encima de la barbarie.

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