Una exposición nos interroga
Tiende a hacer trayectos por las calles como quién camina por la sala de su casa radiante, o como quién presenta un libro a otro, en cualquier sitio, sin necesidad de más espectadores que ellos dos, y el libro, y otros fantasmas que podrían concurrir sin que hubiesen sido convocados, ahora que todo se hace por convocatorias, la boca de lo que convoca; convocar es nuestra función, ¿cómo se haría pues, una convocatoria a las quimeras o los hermafroditas (1); o quién se lanza desde una Torre de Babel, para hacer constar que no habla con las mismas palabras que los demás que la construyen, y que disiente totalmente de las maneras como se construye, pues a él le atrae, de la arquitectura o la ingeniería, la lógica: lo que se debe calcular.
Por: Óscar Jairo González Hernández
Como lo hacen los obreros de una construcción, que observa desde el balcón de su apartamento, cuando están midiendo cada varilla de hierro, su forma, su estructura, su peso, su volumen, y como la insertan en la estructura; los observa en la mañana y al mediodía, y ve que conscientemente saben lo que hacen, lo que están haciendo, concentradamente, con movimientos ordenados, es hermosa la tarea que allí en ese escenario, hacen. Y él se afirma más en la perspectiva que tiene de lo sólido.
Intensa su relación reflexión y práctica con la solidez, busca en todo lo sólido. Y así, lo trata de mostrar con su formación (de penitente, nada) que tiene que ser sólida, en la estructura de la que habla, desde el carácter del proyecto, del trayecto y del destino que ha de realizar lo que ha de concretar en la masa de lo que es su teoría y la realización de la misma, no decir por decir, o de indicar que se hace sin hacer nada. O tener pues, la medición de los resultados, que corroboren lo que dice, en lo que hace. O lo que dicen y hacen otros. Es como quién desea corroborar, no es más, tensional manera de la corroboración como poder demostrativo, en sus cosas.
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De ese hacer trayectos, o sea, como quién hace huellas, como de las que trata el filósofo Ernst Bloch, en su incitador libro: “Huellas”, cuyos relatos le han marcado, y cedió a que le marcaran de una manera extraordinaria.
Cada que puede hacerlo, va nuevamente a ese libro, a su biblioteca para leer nuevamente en él, tras la huella de lo que necesita, de la huella, eso es. Nunca, eso sí debe decírselo, ha buscando que queden huellas de lo que hace, pero no es nada trascendental, no le ha de interesar a nadie, lo que decide sobre sí mismo. Es narcisista, al revés. Concentrado en ese su narcisismo, observa en ese caminar las calles (movido solo por la alucinación racional, como un Palinuro extraviado), observa una inmensa vitrina. No le es desconocido lo que observa dentro de ella.
Es una tela abierta, dice; es una instalación. Tiene indicios iniciales de que es así. Ya que él, considera que todo lo que hace es como o tiene el carácter de una instalación. Cede a maravillarse con ella. Y se insta a observarla más de cerca. Y cercarla, eso es, ha de cercarla para observarla más bien. Con más exactitud, y establecer de que se trata. Conserva la atención. Nadie más lo observa en esta maniobra, nadie más se acerca a la instalación, a la vitrina. Y espera tranquilamente, por sí otras personas se acercan a la vitrina.
Corrobora que nadie más hace lo mismo que él hace. Y no tienen por qué hacerlo. Nunca ha positivado la relación con el mundo de sí mismo con el que los otros, lo imiten o no. Puede decir, que le fastidia la imitación, o los imitadores. Los rehúye. Y se cubre como un armadillo, en su necesidad de metamorfosis. En su relato entonces, va resolviendo la manera de acercarse, la calcula totalmente. Mide la dimensión de la perspectiva de lo que va a ver. En ese descenso, se encuentra entonces, con la instalación de Laura Rivera: “Este es el fin” (2). Dispone que la mirada atraviese como un rayo de Apolo el vidrio, y se incrusta en lo que allí, la artista propone. Constata el propósito, y se continúa su trayecto.
No duda, de la eficacia y alcance de la propuesta que están haciéndole a los transeúntes desde el proyecto de Arte en Vitrina en las instalaciones (¿es coincidencia?) de la Cámara de Comercio, sede El Poblado. Poblar la mirada del transeúnte, interesado por conocer el arte, comunicarle una intención estética, formarlo para el arte. De lo que llama él, lo que se concreta y corrobora en la relación tensión e intención, en la necesidad de formación, de interesar, instalada en lo que causa la tensión; del causar interés es de la tensión, y la intención, entonces, como resultado, la formación. Eso es.
Como desde una, podría denominarse, dice él: “Gramática del arte” (3). Considera que sería necesario, crearle condiciones al espacio (las calles, y los andenes, etc.) para dimensionarlo, y que el transeúnte, pueda saber que allí hay una instalación, y a la vez, conectarlo con la escultura de Nadir Figueroa: “Fragmentos nocturnos” y la escultura que hay al frente de las instalaciones de la Cámara de Comercio (Cámara del arte), sin nombre del escultor ni de la escultura, que estuvo abandonada un tiempo, y que ahora ha sido recuperada con la edificación. Y le cambiaron, sin más, del color azul que tenía anteriormente, al blanco, hoy.
¿Qué simbolismo tendrá? O simplemente, le cambiaron de color porque sí, como suele suceder. Tiene la tarea, de llevar la historia de las esculturas que hay en el espacio público de la ciudad, porque quiere hacerlo, nadie lo ha contratado para ello. Ni lo quiere. Eso sí, él no ha podido establecer todavía quién es el escultor (a) ni él nombre de la escultura, aunque continúa en su búsqueda.
Contextualizar, le dicen, a lo qué él llama: dimensionar. Construir historia y memoria, en y desde la calle misma, como la que hace cada transeúnte, en cada momento, como una construcción de su realidad y naturaleza viva, o que lo hace vivir, y que por lo tanto está siempre en el museo abierto, haciendo memoria e historia.
Ensimismado en su reflexión, sale de ella, abruptamente cuando escucha el sonido del motor de un bus, que pasa a toda velocidad por la Avenida, y se dice: ¿Podrían los pasajeros de ese bus, ver la vitrina con la instalación que se lleva a cabo, cada vez, o tendrán que hacerlo si hay una convocatoria, o el bus colisiona contra los postes del alumbrado público, sin ser fatalistas, para poder hacerlo?
1. Ovidio. Las metamorfosis. Salmacis y Hermafrodito. Libro Cuarto, Fábula IV.
2. Nuevos talentos en el arte. Categoría Vitrina. Cámara de Comercio, Medellín, Sede El Poblado.
3. Beljon. J. J. Gramática del arte. Madrid. Celeste Ediciones. 1998.
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