Freddy Tellez: «Gonzalo Arango» (1931-1976)
¿Qué y desde dónde, cómo se instala hoy para usted en nuestra literatura Gonzalo Arango y qué le dice de nuevo, en alcance y dimensión? ¿Considera que la obra de Gonzalo Arango es totalmente de hoy y por qué y desde dónde la considera de esa manera?
Por: Óscar Jairo González Hernández
Tal vez el valor primero de la obra de Gonzalo Arango radica en el impulso de rebeldía y en la intronización del manifiesto y la proclama. Aparte unos escritos teatrales y una novela de juventud, la escritura de Gonzalo Arango está ceñida esencialmente por un lenguaje poético arraigado en la inconformidad y el tono declarativo. Años más tarde, Eduardo Escobar, su más joven seguidor, lo confirmará explícitamente y se atreverá con lucidez a una sentencia: el nadaísmo acabará por ser una retórica continuada por otros.
En esos elementos se halla su trascendencia y arraigo históricos. El nadaísmo quedará así como un hito ineludible para otros movimientos literarios atraídos por el mismo espíritu. Pienso en los mefíticos, por ejemplo. Pero la literatura posterior se situará en otra parte, incluso la de los nadaístas que le sobrevivieron. Aunque puedo equivocarme, no conozco todas las trayectorias exactas.
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¿Gonzalo Arango podría ser considerado en este momento sin el nadaísmo, sin el movimiento nadaísta que formó y por qué sí o no?
No. Creo difícil, por no decir imposible, separar a Gonzalo Arango de la corriente literaria que creó. Autor y movimiento hacen una sola figura. Incluso su teatro está “consagrado a la nada” (es el título de una de sus piezas) y la novela juvenil, aunque más allá del lenguaje proclamativo, se mueve en la misma “ambición de reformador”, para emplear una vez más los términos de Eduardo Escobar. No hay indicios de que acallado el fervor nadaísta Gonzalo Arango se haya o hubiera dirigido hacia otra forma de producción literaria.
Su actividad periodística posterior me parece ser el prolongamiento lógico de la visión impactante y de la interrogación del presente que constituía el nadaísmo. Es verdad que Gonzalo Arango murió relativamente joven (45 años), pero no pienso que sea eso lo que le impidió crear una literatura diferente, postnadaísta. Sólo en algunos textos tardíos llegó a confrontarse autocríticamente con su pasado: “Ser nadaísta es también negar el nadaísmo si ya no sirve a los poderes de la vida y el arte”, llegó a escribir.

En ese sentido es de lamentar que no exista una edición crítica de sus escritos, que permita una asimilación global de su producción. Sea como sea, la obra de Gonzalo Arango está inscrita en la historia de la literatura colombiana. Es a ese título que ella perdura.
Obras utilizadas:
Gonzalo Arango, Sexo y saxofón, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1963.
Los ratones van al infierno y La consagración de la nada, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, 1964.
Obra negra, selección antológica de Jotamario, Cuadernos latinoamericanos, Buenos Aires, 1974.
Después del hombre, Hombre Nuevo Editores, Medellín, 2002.
Gonzalo Arango por Eduardo Escobar, Procultura, Bogotá, 1989.
Manifiestos nadaístas, con un prólogo de Eduardo Escobar, Arango editores, Bogotá, 1992.
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