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Dos libros y dos lecturas

Existe una rara fascinación tanto del escritor como del lector por las “memorias”, y son numerosos los libros de “memorias”; cada quien quiere y busca hacer uno para sí y para otros, ya que toda vida contiene un relato, puede ser relatado en lo que dice o evidencia ha vivido o se ha vivido, como realidad y como invención, que se ha escrito y que se ha leído. Y las que se escribirán y se leerán. Ya no sabremos si la IA podrá hacer más.

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Dos libros y dos lecturas

Por: Óscar Jairo González Hernández

MEMORIAS DE UN NÓMADA DE PAUL BOWLES

Y cada vez, una más. Nadie lo sabe. O hay que decirlo: así es, y será. Para muchos lectores, el placer de la lectura de los libros de “memorias” se inscribe e instaura, porque ellos relacionan los momentos de la vida, de toda vida, que a él como lector le interesa conocer, o tiene la necesidad de abordar desde sus conocimientos o no; momentos de la vida de otro, que no pueden ser olvidados ni oscurecidos, y que el escritor relata a su manera, desde sus intenciones, en el tiempo, y en la medida en que la memoria (la mnemosyne) sea poderosa y renueve los hechos, los traslade, en su más carácter de verdad. O de su verdad, al presente.

Y existirán “memorias”, mientras exista el hombre, mientras realice y provoque la aparición de hechos nuevos; mientras pueda mantener intacta su sensibilidad, su ideal, su realidad; mientras intente en todo momento resolver en libertad su vida. Y mientras supere la alienación de la vida contemporánea, esa alienación de la que trata Herbert en su libro: “Arte y alienación”. O mientras quede en él un resto de sueño y desee permanentemente crear y contemplar. En medio del acto mismo de la vida, como el yo esteta, que es, sin necesidad de nada más que la estética, elemento sustancial de su vida. De la membrana estética de su vida y de la experiencia de la misma. En las “memorias”, tendrá el inequívoco propósito de comunicarlas a otros.

Paul Bowles, un extraño norteamericano (New York, 1910) nos lleva con él a recorrer su mundo, le permite al lector introducirse en su universo, al que llamaría, insaciable universo, por llevarse a sí mismo, a extremo de lo inconmensurable del querer conocerlo todo, por experimentarlo todo, con la emoción y el entusiasmo, desde el sorprendido y asombrado (no desde lo que denominan “capacidad de asombro”, sino del asombro que expele tóxicos maravillosos): ir al mundo exterior, conocerlo, dominarlo y a la vez hacer el recorrido (los movimientos extraños e inusuales o inhabituales) por el mundo interior, por la soledad y el silencio que le esperan al hombre, pero sobrepasando los límites de la decepción y la desesperanza.

Dos libros y dos lecturas

Paul Bowles en sus memorias nos aproxima a su pasión por conocer sitios exóticos y desconocidos, por transitar zonas inaccesibles (recordemos a Miller, Kerouac, Patti Smith), ir a otros mundos, someterse a otras realidades y de ellos extraer parte del contenido de sus obras, como de los elementos de su vida, los que forman y hacen su vida, la manera de ponerla a prueba y exponerla, sin cohibiciones de nada. Desnudez, que puede resultar intolerable o inadmisible; pero que para él Bowles narra su vida desde la infancia misma, la relación con su padre, la visión de su madre, sus tías, en fin, su familia. O sea, como de los tratados de las vidas, con las que tiene que tener trato.

Nunca se quiere tratar a nadie, pues desde las mismas condiciones de la vida, cada quien quiere ser solitario y realizarse en sus silencios obsecuentes y consecuentes, pero no se puede, y hay que tener trato con otros. Nos habla de su viaje a París, uno de sus “sueños”, y es en París donde conoce a Dalí y a Gala, a los surrealistas, Pound, etc. Inicia pues un especie de vida en una comunidad de artistas, y con aquellos que tenían sus “mismas” aspiraciones y que “coinciden” con sus pasiones.

También nos relaciona e indica sus primeras lecturas (Gide, Machen), sus primeros escritos, su comienzo en la música (Aron Copland). Y su relación con Lydia Cabrera y Wifredo Lam (cubanos), lo mismo que con Truman Capote y Tennessee Williams (cuyas memorias son sorprendentes). Relaciones y tratos que le forman, que le mueven en su mundo, que realizan su sueño y su realidad como esteta. Y una estética que se realiza en sí misma, para poder expresar su libertad; medio de liberación, porque eso es la estética, de cada uno. O la que cada uno se da, para vivir, o ser vivido, en los tratos que propone y propicia el arte, la vida y el mundo del arte y del artista.

Bowles cuenta su vida en una prosa límpida, transparente y lo más interesante es que no entra en detalles sin importancia, no se siente impulsado en narrar lo que ni para él mismo es fuente de placer; por eso mismo sus “memorias” son una preparación en la que reemplaza la banalidad por lo transcendental, por lo cual no se detiene mucho en lo cotidiano ordinario; al leerlo se puede conocer y evidenciar el placer que le provocan esos recuerdos, como los goza nuevamente, como los hace alcanzar formas nuevas, dado que como lo hemos dicho, la vida es una preparación del libro de “memorias”; la necesidad de aproximarlo nuevamente a su vida: no es pues, un libro de memoria sino el deseo de la “memoria” de darle vida al recuerdo, que podemos decirlo, con Bowles, le dieron a su vida el imán y el hierro, para vivirla, con todas las contradicciones, las dudas, los miedos y los obstáculos que pueda tener una vida, lo que se vive como vida, que es lo que nos queda.e él, a sus lectores, y a los que embriaga su libertad creadora.

Dos libros y dos lecturas

CLAVE ESPIRITUAL DE LA ASTROLOGÍA MUSULMANA DE TITUS BURCKHARDT

No es nuevo el sentimiento de rechazo, de desconocimiento, de poco interés, que los occidentales siempre han mostrado por todo aquello que sea oriental (extremo oriente), bien sea por una prevención de orden espiritual o bien porque no existen muchos libros accesibles sobre el tema. Y los pretextos no parecen acabar; pero lo que sí es importante y fundamental reconocer es que, de hace un buen tiempo para acá (antes de comenzar el s. XXI), las condiciones han cambiado sustancialmente y es posible que el lector pueda realizar y pueda tener cómo considerar un acercamiento menos problemático a esta realidad, pues se han ido efectuando lentamente estudios sobre la materia, y en especial los desarrollados por Titus Burckhardt, René Guenon y Schoun).

Y se han ido publicando una muy considerable cantidad de obras, que abordan temas del esoterismo, de la cábala y del ocultismo, que también tienen sus lectores extraviados, dirán unos, y sus lectores inclinados por otros conocimientos, y por poseerlos de manera profunda y no superflua. No dudamos tampoco en decirnos que lo profundo reclama la superficie, como la superficie reclama la profundidad. Es una combinatoria de las fuerzas y los deseos de quien quiere conocer.

El campo antes vedado o desconocido se ha empezado a ampliar y a descifrar pese, no obstante las reservas del mundo occidental, de la civilización occidental, que continúa mirando estas tradiciones como “hombres de las nieves”, y lo mismo pasa con el mundo americano, pues observamos cómo han empezado y continuado serios estudios sobre la tradición americana y se ha encontrado que el Popol Vuh se halla influenciando la tradición oriental y particularmente se hallan coincidencias con el Bardo Thodol, el Libro Tibetano de los muertos, o como lo muestra el ensayista Sélnich Vivas de las lecturas de los europeos de este mundo americano como Franz Kafka. Confluencias e influencias necesarias y básicas. Y así con los otros mundos del pensamiento, o del conocimiento, que son otros en la mismidad del mundo. O como el mundo siendo mundo, puede proyectarnos todo lo que está en el mundo, lo que también podemos conocer. Y que en la vida nos lleguemos a conocer. Ya que nadie conoce sino pone en movimiento las hélices del deseo.

El excelente libro de Burckhardt: “Clave espiritual de la astrología musulmana” (la bella y poética astrología, por decir, de los mayas o de los incas), nos lo presenta a los lectores, fundamentado e inmerso en los textos del sabio y esoterista islámico: Muhyudín Ibn Arabi, y afirma: “El simbolismo astrológico reside en los ‘puntos de unión’ de las condiciones fundamentales del mundo sensible y particularmente en las uniones del tiempo, el espacio y el número. Se sabe que la definición de las regiones o partes de la gran esfera del cielo sin estrellas por medio de los puntos de referencias que ofrecen las estrellas fijas coincide, en astronomía, con la definición de las divisiones del tiempo”. Ya observamos que no es lo mismo que para las visiones y “consideraciones” de los astrónomos del mundo occidental, como Galileo o Copérnico.

Pero que sí, pueden tener relaciones entre la racionalidad de unos, los astrónomos del mundo occidental, y las intuiciones sensibles de la observación de los astrólogos del mundo oriental. De nuevo: lo uno sin lo otro no es conocimiento, o no es la totalidad del conocimiento. Como cuando escuchas decir de un poeta occidental: tú poesía es taoísta" o "Tu poesía tiene que ver con el taoísmo. Es más o menos lo mismo.

Y es que la astrología musulmana concibe una compenetración y una mezcla indisoluble e inextricable entre el tiempo, el espacio y el número, que son parte esencial y dinámica del conocimiento astrológico, como lo señala Burckhardt. Forma de sabiduría, abandonada sistemáticamente y desplaza¬da por la ciencia, por el saber de la astronomía, que no es en todo caso conocimiento. Por ello es inmensamente rico, y enriquecedor, como son inmensamente ricas dada su vastedad, las apreciaciones de Böhme al respecto, en su iluminador libro “Aurora”, por ejemplo. Dado que no son estimadas como ciencia, sino que se insertan en el mundo de las visiones, de lo visionario. Que hace mover la ciencia racional hacia otras esferas y otros planos, que no están dentro del racionalismo en sí mismo, sino que le podríamos decir, incrustan los meteoros de la duda, que la problematizan, pues las visiones así lo hacen.

Para un lector cualquiera, la astrología no tiene mucha importancia, y si escasamente se ha relacionado con ella, ha sido por medio de los horóscopos que publican los periódicos y revistas, lo cual ha restado trascendencia a esta forma de conocimiento por medio de los astros. El libro de Burckhardt es un invaluable aporte, para procurar en el futuro recuperar la astrología de las manos de los horoscopistas, como ya se hace en la actualidad, y más ante la inminencia destructiva, para muchos, de la evolución acelerada, irracional, delirante de la IA, con todo su poder y su expansión incontrolada .transcendental.

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