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(ANÁLISIS) Cepeda y el discurso contra la violencia. La contradicción política que reabre el debate sobre la izquierda radical

El reciente comunicado del candidato presidencial Iván Cepeda, en el que rechaza presiones armadas sobre el electorado para que vote a su favor y condena cualquier interferencia de grupos ilegales en las elecciones, ha generado un fuerte debate político por las contradicciones que distintos sectores señalan entre ese discurso y la trayectoria histórica del hoy aspirante del Pacto Histórico. La declaración, lejos de cerrar la discusión, volvió a poner sobre la mesa la relación histórica entre sectores de la izquierda radical y los procesos armados en Colombia.

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(ANÁLISIS) Cepeda y el discurso contra la violencia. La contradicción política que reabre el debate sobre la izquierda radical
Fotomontaje: IFMNOTICIAS

Un comunicado que abrió más preguntas que respuestas

El pronunciamiento de Iván Cepeda pretendía enviar un mensaje de defensa de la democracia y de rechazo al constreñimiento armado sobre los votantes por parte de grupos armados que presionan para que los ciudadanos voten a su favor. En el documento, el candidato presidencial del Pacto Histórico aseguró que su campaña se rige por principios de transparencia, ética y respeto, al tiempo que condenó cualquier presión violenta que favorezca o perjudique candidaturas.

Sin embargo, el contenido del comunicado produjo una reacción inmediata en sectores políticos y analistas que consideran que existe una profunda contradicción entre ese discurso y la trayectoria política del senador, calificando el comunicado como al menos curioso.

El punto central de las críticas radica en que Cepeda ha sido históricamente una de las figuras más cercanas a los grupos terroristas en Colombia, participando insistentemente en los procesos de diálogo con organizaciones armadas ilegales, mientras ha sido uno de los principales defensores políticos de los integrantes y líderes de estructuras insurgentes. En la memoria de los colombianos están las imágenes con Jesús Santrich, con Iván Cepeda, además de con otros líderes guerrilleros, por ejemplo.

Por eso, para varios sectores, el documento no solo resulta llamativo, sino que constituye un intento de distanciamiento retórico frente a una realidad política que ha acompañado durante décadas a la izquierda radical colombiana.

La historia política que persigue a Iván Cepeda

La controversia alrededor del comunicado no puede separarse del recorrido político e ideológico de Iván Cepeda. Su figura ha estado vinculada históricamente a procesos relacionados con grupos insurgentes y a escenarios de negociación política con actores armados con los que ha pactado dentro de una evidente identificación ideológica.

Su apellido, además, tiene una fuerte carga simbólica dentro de la historia del conflicto colombiano. Manuel Cepeda Vargas, dirigente de la Unión Patriótica y padre del actual candidato presidencial, se convirtió en una figura emblemática de la izquierda colombiana. Con el paso de los años, uno de los frentes más sanguinarios de las FARC llevó su nombre, hecho que sigue siendo recordado en el debate político y que nunca mereció el rechazo del hoy candidato.

Aunque ello no implica responsabilidad directa sobre las acciones armadas de la guerrilla, sí mantiene viva la discusión sobre las relaciones ideológicas entre sectores políticos de izquierda y las organizaciones insurgentes que actuaron en Colombia durante décadas y que siguen actuando bajo la misma identidad política, ideológica y fáctica que integra Iván Cepeda en su discurso y propuestas de gobierno.

Esa cercanía política y narrativa es precisamente lo que hace que el comunicado genere cuestionamientos sobre su coherencia y seriedad y se vea más como un intento en el marco de "todas las formas de lucha" por separarse retóricamente, mientras que al tiempo se interpreta como la orden tras la negación, un método utilizado por corrientes iniciadas en el marco de la Guerra Fría, en donde los revolucionarios rusos hacían pronunciamientos públicos en negativo para dar órdenes en positivo a sus espías.

Cepeda, formado en países de la cortina de hierro, precisamente en tiempos de la Guerra Fría, es uno de los más conocedores de las tácticas narrativas, por lo que el comunicado es analizado bajo la lupa de estos métodos en donde la negación es una afirmación que se convierte en órdenes directas sobre el actuar de los grupos al margen de la ley en Colombia, reafirmando su compromiso con los procesos de paz, sin importar el amedrentamiento a la población civil y donde expresa que es necesario que se obligue a los civiles a votar por él.

Las negociaciones y la “Paz Total”

Uno de los puntos más sensibles del debate tiene relación con el papel de Iván Cepeda en la construcción de la política de “Paz Total” impulsada por el gobierno de Gustavo Petro. Un proyecto fracasado que vuelve a recordar la estrategia de la narrativa de la negación.

Petro no solo ha impulsado costosas mesas de diálogo sin ningún resultado, sino que a cambio lo que ha logrado es fortalecer a los grupos armados y beneficiar a los delincuentes. Para algunos analistas de IFMNOTICIAS, todo pareciera indicar que lo que ha logrado Petro es fortalecer los ejércitos afectos a la ideología de izquierda radical, más que buscar la paz.

Iván Cepeda no solo fue uno de los principales creadores y defensores de esa estrategia de la "Paz Total" sino que participó activamente en distintos escenarios de acercamiento con grupos armados. También estuvo involucrado en los polémicos recorridos realizados en cárceles del país y del exterior junto a la fallecida senadora Piedad Córdoba y Juan Fernando Petro, hermano del presidente, en busca de llegar a acuerdos con los violentos para que apoyaran el proyecto político de Gustavo Petro, cuando este estaba en campaña.

Esos encuentros, conocidos públicamente como parte del llamado “Pacto de La Picota”, fueron interpretados por distintos sectores como acercamientos con estructuras criminales y actores armados a cambio de apoyos políticos o acuerdos futuros, en los que no solo se llegó a los acuerdos que hoy tiene a exparamilitares, guerrilleros desmovilizados, guerrilleros activos y delincuentes cabecillas de grupos criminales, con beneficios de suspensión de sus órdenes de captura y licencia tácita para seguir delinquiendo impunemente, sin que los brazos de la ley y la justicia los alcancen, bajo la figura de ser "Gestores de Paz"

Aunque desde el oficialismo siempre se defendió que se trataba de gestiones orientadas a la paz, la oposición sostuvo desde el inicio que esos contactos representaban una peligrosa legitimación de estructuras criminales. En medio del contrapunteo de las posiciones, el tiempo parece haberle dado la razón a la percepción de la oposición.

Por eso, cuando Iván Cepeda afirma ahora que no aceptará interferencias armadas ni presiones ilegales sobre el electorado, el debate inevitablemente vuelve a esos antecedentes y pone en el plano de la baja credibilidad al comunicado, cuando históricamente los hechos contradicen lo que hoy profesa el candidato de la izquierda.

La contradicción entre discurso y práctica

El comunicado también fue leído como un intento de reposicionamiento político en plena campaña presidencial. "Es un acto político y como tal hay que entenderlo. No es en realidad una posición real, solo es discursivo en medio de la campaña", señala otro de los analistas de IFMNOTICIAS.

Los analistas consideran que el documento busca presentar a Cepeda como un candidato institucional y distante de las dinámicas violentas que históricamente han rodeado a la izquierda radical en Colombia. Sin embargo, las críticas apuntan a recordar que durante años la izquierda colombiana se ha caracterizado por defender las tesis políticas asociadas a la legitimación de estructuras insurgentes bajo narrativas de conflicto social, exclusión y resistencia armada.

Iván Cepeda posa como el candidato de Gustavo Petro y así lo ha reconocido el movimiento político petrista. El mismo candidato por el Pacto Histórico se reafirma en la ideología, políticas y posiciones del presidente Gustavo Petro, al punto de ser reconocido como el candidato del continuismo. En este sentido, llama la atención el comunicado, pues Gustavo Petro y su gobierno no han ahorrado esfuerzos en reivindicar la historia de la lucha armada en el país, partiendo por enaltecer la existencia del grupo terrorista M-19, siguiendo con enaltecer la memoria de líderes del ELN como Camilo Torres, de quien solicitó los restos para enaltecer su memoria.

En ese sentido, el candidato del continuismo no podrá dejar de lado continuar la misma visión de reivindicar al propio presidente Gustavo Petro, quien asimismo se enaltece por haber sido guerrillero del M-19 y en cuyo gobierno hay ministros, directores de inteligencia y gran cantidad de funcionarios exmiembros de esta guerrilla. La contradicción de Cepeda es aún más profunda cuando dentro de su equipo de campaña, la jefe de debate, María José Pizarro, es la hija del máximo cabecilla del grupo terrorista M-19 desmovilizado, el fallecido Carlos Pizarro, lo que es una muestra más de la reivindicación fáctica de la lucha armada tanto en el pasado como en el presente del candidato de izquierda.

La discusión se intensifica porque el propio gobierno de Gustavo Petro ha sido señalado de mantener una relación ambigua frente a grupos ilegales. Mientras públicamente condena hechos violentos, simultáneamente ha sostenido procesos de negociación y acercamiento con organizaciones armadas que continúan delinquiendo. Esa doble moral no es nueva y es la estrategia histórica de la izquierda en el mundo. Es un libreto escrito seguido una y otra vez en los regímenes ideológicos nacidos en la antigua URSS, pasando por la doctrina cubana y refundada con el proyecto del Socialismo del Siglo XXI, en el Foro de São Paulo y reafirmado por el Grupo de Puebla.

Ese doble discurso es precisamente el punto sobre el cual se centra gran parte del cuestionamiento político al comunicado de Cepeda. Discurso contra hechos. Narrativa como estrategia. Negación como afirmación. La contradicción como elemento de confusión. Postverdad y verdad relativa sobre los hechos fácticos. Un libreto seguido, bajo "todas las formas de lucha", según enfatizan los analistas, en el ánimo de confundir al electorado y ganar las elecciones.

“Todas las formas de lucha”

Uno de los conceptos más recordados por los críticos de la izquierda radical es el de “todas las formas de lucha”, una tesis históricamente asociada a movimientos revolucionarios latinoamericanos que defendían la combinación entre acción política legal y lucha armada, pretendiendo creer que no tenían relación. A esta tesis se sumaron métodos, estrategias, narrativas y acciones coordinadas y sistemáticas de movilización de las bases sociales, la instrumentalización de sectores y la implantación de la teoría del caos.

Esta realidad en Colombia se ha visto con la manera en que la izquierda ha utilizado desde Ong´s, colectivos de abogados en la ejecución del lawfare, milicias urbanas, encapuchados en universidades, partidos políticos, infiltración e instrumentación de espacios sindicales, acciones comunales y grupos de organización social como campesinos, indígenas, entre otros.

Una de las más recientes manipulaciones sociales dentro de la teoría del caos creada por la izquierda, fue la "Primera Línea", en donde un presunto "Estallido Social", fue quirúrgicamente ejecutado bajo un modelo que se produjo primero en Venezuela, luego en Chile y finalmente en Colombia, logrando debilitar el gobierno de Iván Duque para lograr la toma del poder de Gustavo Petro. Y es que el libreto de "todas las formas de lucha" tuvo el mismo efecto en el mantenimiento del poder en Venezuela con Nicolás Maduro y la elección en Chile de Gabriel Boric. La llegada de Gustavo Petro, fue la confirmación de cómo la estrategia fue funcional.

Hoy, la evolución de la izquierda radical y la presencia del poder en Gustavo Petro hacen temer que el país asista a un efecto inédito en las próximas elecciones, donde los grupos armados, los de base, las "primeras líneas" a través de milicias urbanas, indígenas y campesinos instrumentalizados, a quienes se suman los ejércitos de los grupos terroristas, bandas criminales en las ciudades, estén siendo llamadas con este comunicado a ejecutar todas las estrategias de "todas las formas de lucha" con la "narrativa de la negación-positiva" que lleve a acciones coordinadas para que la izquierda no pierda el poder a como de lugar.

Sectores de oposición sostienen que la lógica en "todas las formas de lucha" nunca desapareció del imaginario político de la izquierda en Colombia. Por ello consideran contradictorio que ahora se rechace de manera categórica el constreñimiento armado al elector cuando durante décadas la violencia política fue relativizada o interpretada bajo marcos ideológicos de lucha social y sospechan que, por el contrario, se trata de una orden directa de activación.

El comunicado de Cepeda es leído entonces como un esfuerzo por desmarcarse de esa tradición política justo en un momento electoral donde el discurso democrático resulta indispensable para ampliar apoyos, mas no como un acto de contrición real ni sincero.

El contexto electoral y la necesidad de moderación

La campaña presidencial ha obligado al Pacto Histórico a intentar proyectar una imagen más moderada y menos confrontacional.

Con Gustavo Petro enfrentando altos niveles de desgaste político y críticas por la inseguridad, el fracaso de la “Paz Total” y el deterioro institucional, la candidatura de Iván Cepeda busca presentarse como una continuidad más institucional y menos radical. No obstante, la lectura hecha por el expresidente Álvaro Uribe lleva a repensar la idea de que Iván Cepeda es mucho más peligroso que Gustavo Petro; es decir, "Iván Cepeda es un monstruo con piel de oveja"

En ese contexto, el comunicado tiene también un objetivo político: tranquilizar sectores moderados y enviar señales de compromiso democrático. Sin embargo, las críticas sostienen que la credibilidad de ese mensaje se ve afectada por los antecedentes del candidato y por las contradicciones acumuladas durante los últimos años.

Los analistas de IFMNOTICIAS recuerdan que en época electoral, los candidatos suelen jugar a las promesas que saben que van a incumplir. Gustavo Petro, por ejemplo, prometió un tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla y este nunca fue siquiera planteado durante su gobierno.

Así como este ejemplo, se lee el comunicado de Cepeda. La pregunta que argumenta que es más un acto de narrativa política de promesa a incumplir se da cuando se analiza el papel que siempre ha querido jugar con las insistentes mesas de diálogo con las guerrillas. Iván Cepeda, como senador, nunca se ha negado a conversar con el ELN ni las FARC, pese a las violentas acciones que han ejecutado; por el contrario, ha servido de conciliador y de correo para hacer llegar mensajes que busquen volver a reanudar los multimillonarios procesos de paz con esas mesas en diferentes países anfitriones y garantes, cuando los diálogos se han visto interrumpidos por cruentas acciones violentas.

Los analistas recuerdan que a Iván Cepeda nunca le han interesado, en el marco de los diálogos, ni los líderes sociales asesinados, ni la población civil constreñida en el pasado y, por el contrario, ha buscado mantener los procesos de diálogo. Esta posición histórica de Cepeda, hace pensar en la credibilidad del comunicado donde manifiesta todo lo opuesto a sus acciones. "La naturaleza de Cepeda es estar en mesas de diálogo, sin importar los atenuantes. Está en su naturaleza y el comunicado pretende negar esa naturaleza", señala uno de los analistas consultados.

El apoyo de sectores armados y el problema político

Otro elemento que alimenta el debate es el respaldo indirecto o explícito que distintos grupos armados han mostrado hacia sectores de izquierda en diferentes momentos del país. Se cuentan por decenas las fotos e imágenes en las que el candidato Iván Cepeda aparece con líderes de los grupos terroristas. Si bien se aduce a su papel como negociador, en muchas de ellas se evidencia más la amistad y cercanía que la distancia de negociadores en bandos distintos.

Igualmente, se recuerda cómo las autoridades han advertido históricamente sobre la capacidad de estructuras ilegales para influir en territorios mediante presión social, control armado y manipulación electoral. En las pasadas elecciones para Congreso, por ejemplo, Paloma Valencia denunció ante organismos internacionales el mapa electoral, en donde las más altas votaciones por el partido del candidato Iván Cepeda, Pacto Histórico, se dieron en las zonas donde más presencia tienen los grupos terroristas, en donde ejercen presión y obligan a votar a los ciudadanos por quienes ellos dispongan.

En varias regiones del país persiste la preocupación sobre el peso que tienen grupos ilegales en la dinámica política local. No son pocos los municipios. La propia Misión de Observación Electoral ha señalado el mapa de riesgos en donde se evidencia la influencia de estos grupos.

Por eso, cuando Cepeda habla de rechazar presiones armadas, sectores críticos cuestionan por qué ese rechazo no fue igual de contundente durante años frente a escenarios donde actores ilegales mantuvieron influencia territorial y política. Algo llamativo para los analistas es que los mismos líderes de los grupos terroristas han salido públicamente a señalar que apoyan a Iván Cepeda.

Petro, el antecedente más cercano

Las críticas también recuerdan la campaña presidencial de Gustavo Petro en 2022. Durante ese proceso, Petro realizó múltiples promesas relacionadas con la paz y el sometimiento de grupos armados.

Una de las más recordadas fue su afirmación de que lograría firmar la paz con el ELN en pocos meses o, de lo contrario, renunciaría.

Cuatro años después, ni la paz se consolidó ni se produjo la renuncia prometida. Por el contrario, el ELN fortaleció su presencia territorial y el país enfrenta una expansión de estructuras armadas ilegales en varias regiones.

Ese antecedente alimenta el escepticismo frente a las nuevas declaraciones de Iván Cepeda que llevan a la pregunta: ¿Se le puede creer?

El impacto político del comunicado en una campaña marcada por la desconfianza

Lejos de convertirse en un mensaje de consenso, el documento, en formato de comunicado, publicado por la campaña de Iván Cepeda, terminó profundizando la polarización política.

Para los sectores cercanos al oficialismo, la declaración representa una postura clara de defensa de la democracia y rechazo a la violencia. Para sus críticos, en cambio, constituye una maniobra retórica orientada a desmarcarse temporalmente de una realidad política e ideológica que históricamente ha acompañado a la izquierda radical colombiana.

El debate, en consecuencia, no gira únicamente alrededor del contenido del comunicado, sino de la credibilidad de quien lo emite. La controversia refleja también el clima político que vive Colombia en la antesala electoral.

La seguridad, el papel de los grupos armados y la influencia territorial de organizaciones ilegales se han convertido en temas centrales de campaña. En ese escenario, cualquier pronunciamiento relacionado con violencia política adquiere una dimensión mayor.

Por eso el comunicado de Iván Cepeda no fue interpretado únicamente como una declaración institucional, sino como una pieza política cargada de simbolismo y contradicciones, en un país en donde esos mismos grupos asesinaron al candidato Miguel Uribe Turbay, sin que aún se conozca quién fue el que lo mandó matar, en un caso en donde persisten dudas sobre la participación de miembros del gobierno, inclusive del propio presidente, tras las revelaciones del presidente de Ecuador, Daniel Noboa.

Entre la narrativa y los antecedentes

El documento divulgado por Iván Cepeda pretendía posicionar una imagen de defensa democrática y rechazo absoluto a cualquier presión armada sobre el electorado.

Sin embargo, el peso de los antecedentes políticos, las negociaciones impulsadas desde el oficialismo y la trayectoria histórica de la izquierda radical colombiana impidieron que el mensaje pasara desapercibido.

La discusión sobre la coherencia entre discurso y práctica vuelve así al centro del debate nacional en una campaña presidencial donde la seguridad, la institucionalidad y la relación con los grupos armados serán determinantes para el futuro político del país.

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