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(ANÁLISIS) Cuba bajo máxima presión. Estados Unidos eleva el pulso geopolítico en el Caribe. ¿Listas las fichas para una intervención y llevar la democracia a la isla?

El despliegue del portaaviones nuclear USS Nimitz en el Caribe, la imputación judicial contra Raúl Castro en Estados Unidos y el endurecimiento del discurso de Washington hacia el régimen cubano configuran uno de los momentos de mayor tensión entre ambos países en décadas recientes. Mientras la isla enfrenta una profunda crisis económica y social, la Casa Blanca incrementa la presión política, financiera y judicial sobre el poder cubano, en medio de señales que apuntan a una estrategia orientada a debilitar la estructura de control del régimen y acelerar transformaciones internas en Cuba.

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(ANÁLISIS) Cuba bajo máxima presión. Estados Unidos eleva el pulso geopolítico en el Caribe.  ¿Listas las fichas para una intervención y llevar la democracia a la isla?
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El regreso de Cuba al centro de la agenda estratégica de Washington

Durante varios años, Cuba dejó de ocupar el lugar prioritario que tuvo en la política exterior estadounidense durante la Guerra Fría. Sin embargo, el escenario cambió drásticamente en los últimos meses. Desde hace meses y tras la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos dejó en evidencia que el soporte del régimen cubano estaba representado en los petrodólares venezolanos.

Desde entonces, la política exterior estadounidense se enfocó en no solo debilitar el régimen en la isla, sino en demostrar que quiere volver a retomar el control y la influencia en el hemisferio. El cortar la provisión de petróleo a la isla fue el comienzo. De allí en adelante, una serie de acciones estratégicas han arrinconado los vestigios de revolución al punto de dejarlo entre la espada y la pared y ad portas de una intervención.

La reciente imputación judicial contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Brothers to the Rescue en 1996 volvió a colocar a la isla en el centro del debate hemisférico. Se trata de una carta que Estados Unidos tenía guardada como un "as" que se deja para dar el último golpe.

Durante los últimos meses, Estados Unidos ha ido organizando sus fichas y, tras la imputación a Castro por parte de la justicia norteamericana, se sumó el despliegue en el Caribe del USS Nimitz, uno de los portaaviones más emblemáticos y experimentados de la Armada estadounidense, acompañado por decenas de aeronaves de combate y helicópteros militares.

Los dos hechos se producen solo horas después de las declaraciones de Marco Rubio, secretario de Estado, quien le habló directamente al pueblo cubano, anunciando ayudas humanitarias, pero a cambio de iniciar un proceso de cambio de régimen, denunciando al GAESA y explicando la intención política del Gobierno de Donald Trump.

La coincidencia temporal de estos movimientos políticos, judiciales y militares elevó inmediatamente las tensiones regionales y abrió múltiples interpretaciones geopolíticas sobre los verdaderos objetivos de Washington frente al régimen cubano. Lo que se viene en las próximas semanas pasa la línea de la planeación y preparación a la ejecución, en un libreto que se vio con paciencia y sorpresa en Venezuela.

Aunque Estados Unidos no ha anunciado oficialmente una intervención militar ni operaciones directas contra Cuba, el contexto evidencia un incremento claro de la presión estratégica sobre La Habana que, evidentemente, tiene nervioso al régimen.

El simbolismo del USS. Nimitz

La llegada del USS Nimitz al Caribe tiene una enorme carga política y militar. No se trata únicamente de un buque de guerra. El Nimitz representa capacidad de proyección global, control marítimo y presencia militar disuasoria. Su despliegue cerca del entorno cubano envía un mensaje contundente sobre la capacidad operativa de Estados Unidos en la región.

La embarcación, equipada con más de 60 aviones militares de combate, 50 helicópteros, aviones de reabastecimiento y sistemas avanzados de combate, históricamente ha participado en operaciones estratégicas en Medio Oriente, Asia y escenarios de alta tensión internacional.

Se trata de un barco de propulsión nuclear, el más antiguo de este tipo que posee en su flota los Estados Unidos. Este portaaviones es una ciudad flotante. En él, más de 3 mil personas conviven; entre ellos, tripulantes, militares especializados de control, pilotos, técnicos de comunicaciones, mecánicos, armeros, cocineros, personal de limpieza, mantenimiento y personal de apoyo que va desde quienes atienden los casinos, restaurantes, supermercados, lavanderías, entre otros servicios.

Dentro de lo más destacado está su capacidad ofensiva y sus sofisticados sistemas de comunicaciones, interceptación y misiles de largo y mediano alcance. Por eso su presencia en el Caribe no pasa inadvertida, como el hecho de que, precisamente, haya sido esta nave la escogida para rondar la isla.

Y es que el USS Nimitz es un barco autosuficiente, autosostenible, que puede estar meses en el mar, sin tener que acceder a puerto alguno, y esto lo hace poderoso, y lleva a pensar que su presencia en aguas del Caribe tiene un propósito claro que no es solo el de ejercer presión, pues tal nivel de despliegue y el costo multimillonario que tiene su mantenimiento no es para que se vaya al listado de dinero dilapidado por parte del Gobierno Trump.

En términos geopolíticos, el movimiento fortalece la capacidad de vigilancia, control marítimo y respuesta rápida de Estados Unidos en un momento particularmente delicado para el régimen cubano, además de servir de base en caso de una decisión de intervención militar o humanitaria asistencial, si fuera el caso.

La imputación contra Raúl Castro cambia el tablero

El proceso judicial abierto en Estados Unidos contra Raúl Castro representa probablemente el golpe político y simbólico más fuerte recibido por la dirigencia histórica cubana en décadas recientes. El caso para el régimen estaba olvidado y nunca pensaron que, de repente, surgiera con imputación incluida; entre otras cosas, porque Raúl Castro no es un exfuncionario cualquiera, pues es uno de los últimos sobrevivientes del núcleo fundador de la revolución cubana y una figura central dentro del aparato político y militar construido desde 1959.

La acusación relacionada con el derribo de las avionetas civiles en 1996 tiene profundas implicaciones jurídicas y diplomáticas. Estados Unidos sostiene desde hace años que las aeronaves fueron atacadas en aguas internacionales, mientras el régimen cubano defendió históricamente que las avionetas violaban su espacio aéreo.

Ahora, la judicialización del caso eleva el conflicto a una dimensión completamente distinta, como lo es la posibilidad de responsabilizar penalmente a miembros históricos del régimen y buscar su captura. Este punto es quizás el que más atemoriza al régimen, que en las últimas horas ha intentado mostrar al mundo el aparente apoyo "masivo" del pueblo cubano, convocando a las calles a la gente para que se manifieste en apoyo a Castro y en rechazo a la imputación de la justicia estadounidense.

Una posible captura de Raúl Castro en la isla, como la que se realizó contra Nicolás Maduro en Venezuela, sería el fin del mito revolucionario, algo que, según los analistas, se compararía a la caída de la cortina de hierro; sería el puntillazo final del poder comunista en Cuba. En las últimas semanas, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, ha dado a entender que ha ido avanzando en negociaciones con líderes en la isla que podrían asumir la transición, en figuras parecidas a lo que vienen ejerciendo Delcy Rodríguez, en Venezuela.

La orden de comparecencia y los procesos judiciales asociados no solo afectan a Raúl Castro. También incrementan el aislamiento político internacional del núcleo histórico del castrismo, acabando con el símbolo histórico de la izquierda latinoamericana, romantizada en Cuba como epicentro de la revolución que se buscó reencauchar en el socialismo del siglo XXI, del foro de Sao Paulo, en su momento delegado en Hugo Chávez y Nicolás Maduro, como sus herederos.

El factor GAESA y la estructura económica del régimen

Uno de los elementos más relevantes dentro del actual discurso estadounidense es el foco sobre GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas. Se trata de una figura jurídica a modo de grupo empresarial que administró por décadas los recursos de la isla y fue utilizada para desviar los dineros para que no llegaran directamente a las finanzas gubernamentales y así poder disponer del dinero sin que llegara a la población.

Durante décadas, la ayuda de la Unión Soviética y otros países a Cuba fue multimillonaria y calculada en al menos siete planes Marshall, que fue el monto entregado por Estados Unidos a la Europa de la posguerra para reconstruirse. La copiosa llegada de dinero a la isla pudo haberla puesto en niveles de desarrollo y calidad de vida superiores a Singapur, pero que fue desviado a través de esta empresa para beneficio de pocos miembros del partido y para financiar grupos armados ilegales y proyectos políticos comunistas a lo largo de América Latina, como Tupamaros, Sendero Luminoso, ELN, FARC, entre otros.

GAESA, hoy debilitado, no alcanza a sostener el financiamiento del régimen y ha mostrado que sostiene inversiones que se concentran en pocas manos privilegiadas, en familiares de los miembros del Partido Comunista Revolucionario de Cuba y de quienes aún se sostienen en el poder. El poco dinero que antes llegaba al pueblo, ya no lo hace y la trazabilidad de los tentáculos del grupo está en manos del Gobierno norteamericano, que ya comenzó a actuar contra sus dirigentes.

El secretario de Estado, Marco Rubio, insistió recientemente en que buena parte de la crisis económica de la isla tiene relación directa con el modelo de concentración económica manejado por el régimen a través de esta estructura. GAESA controla sectores estratégicos como turismo, comercio exterior, hoteles, puertos, remesas y múltiples actividades financieras dentro de Cuba.

Washington sostiene que esta estructura permitió durante años concentrar recursos económicos bajo control militar y político, mientras amplios sectores de la población cubana enfrentaban deterioro social y escasez creciente. Por eso el anuncio de ayuda humanitaria superior a 100 millones de dólares estuvo condicionado explícitamente a evitar que los recursos fueran administrados por el gobierno cubano y, en cambio, entregados a la Iglesia católica o a organismos humanitarios internacionales.

La estrategia de Estados Unidos parece orientada a separar cualquier apoyo internacional de las estructuras financieras controladas por el régimen, ir por sus finanzas y controlar el grupo empresarial, tal como lo hizo con el control de los puertos y la industria petrolera venezolana.

Cuba atraviesa una de sus peores crisis

El contexto interno de la isla explica parte de la intensidad del momento actual. Cuba enfrenta una profunda crisis energética, alimentaria y financiera. Los apagones prolongados se volvieron frecuentes. La escasez de medicamentos y productos básicos afecta a millones de personas. La migración masiva continúa aumentando.

La economía cubana no logró recuperarse completamente después de la pandemia y enfrenta además el impacto de décadas de baja productividad, restricciones financieras y deterioro estructural. Cuba se victimizó por los bloqueos de Estados Unidos, cuando no necesitaba de esos recursos por las ayudas de Rusia, China y Venezuela; pero nunca invirtió en su población, en infraestructura, en industria, lo que tiene a sus habitantes en medio de una verdadera crisis humanitaria.

Hambre, desempleo, insuficiencia para atención de la salud de los habitantes, falta de infraestructura para la educación, necesidad de vías, falta de energía eléctrica, combustible. La isla es un Estado fallido, así lo ha calificado el presidente Donald Trump, quien viene enfatizando los problemas sociales y económicos de la isla y que en múltiples declaraciones ha dado pistas sobre su decisión de cambiar la realidad de los millones de habitantes cubanos.

A todas las necesidades que alimentan la crisis humanitaria, se suma el debilitamiento del apoyo externo tradicional. A Cuba ya no le llegan aportes de Rusia, ni China ni Venezuela. Solo llegan desde allí tímidos pronunciamientos y comunicados que dejan por sentado rechazos relativos a intervenciones futuras, pero sin contundencia. Esto da a entender que el régimen perdió el apoyo internacional.

Venezuela, desde la captura de Maduro, ya no tiene capacidad suficiente para sostener económicamente a Cuba como ocurrió durante años, no porque no pueda, sino porque las políticas norteamericanas han fijado otras prioridades para el destino comercial del crudo y no está dispuesta a regalarlo al régimen cubano.

Rusia concentra gran parte de sus recursos en Ucrania y no tiene la capacidad de atender a su antiguo aliado, en un contexto geopolítico en donde Rusia no mantiene el comunismo como modelo en su territorio, por lo que ya no apoya económicamente estos modelos. Y China mantiene una posición más cautelosa y pragmática frente a La Habana, pues las prioridades geopolíticas son diferentes, más cuando busca de Estados Unidos la no intromisión en asuntos propios, con la intención de anexar a Taiwán.

Ese escenario deja al régimen cubano en una situación de vulnerabilidad mucho mayor que en otros momentos históricos, quizás el de mayor debilidad de todos los tiempos, lo que lo hace susceptible de tener que dejarse vencer y aceptar que el comunismo no es viable en el futuro de la isla. Estados Unidos prepara la tumba para el comunismo y el régimen que por más de 70 años gobernó la isla.

Para algunos analistas consultados por IFMNOTICIAS, los días del comunismo cubano, los días de la revolución romantizada del Che y Fidel, están llegando a su fin. El régimen tendría los días contados.

Marco Rubio y la narrativa del cambio democrático

El papel de Marco Rubio dentro de esta estrategia no es menor. El secretario de Estado estadounidense es uno de los dolientes de lo que ocurre en la isla, pues proviene de familia cubana. El funcionario ha mantenido históricamente una postura dura frente al régimen cubano y representa políticamente buena parte del exilio cubanoamericano en Florida.

Sus recientes declaraciones dirigidas directamente al pueblo cubano muestran un intento de construir una narrativa política enfocada en una eventual transición democrática en la isla. Rubio es quizás el hombre más poderoso de Estados Unidos para la isla. El propio presidente Donald Trump lo ha propuesto para que sea quien gobierne la isla, tras una retoma del poder democrático, un proceso que, dijo, facilita Estados Unidos para que retorne la democracia.

Rubio no solo criticó al régimen. También explicó públicamente cómo operan las estructuras económicas vinculadas a GAESA y presentó el deterioro cubano como consecuencia directa del modelo político instaurado por el castrismo. A comienzos de la semana, Rubio le habló directamente al pueblo cubano, no al régimen.

El mensaje busca diferenciar entre apoyo a la población y presión sobre el aparato estatal cubano. El pronunciamiento de Rubio ha sido interpretado como la preparación al pueblo de lo que viene. Se trataría de un mensaje de tranquilidad para que el temor de un bombardeo quede fuera y se entienda que se trata de desarticular a GAESA y con ello al régimen comunista y que, para la población, lo que se hará es entregar un paquete de ayudas por valor de 100 millones de dólares en ayuda humanitaria.

Los analistas coinciden en que el mensaje es claro: sí habrá intervención, dirigida al régimen, pero no contra la población y la decisión está tomada; se irá por un cambio de régimen que le devuelva la democracia a la población tras 70 años. En este sentido, Cuba, para algunos, podría ser vendida a la población como la extensión de la Florida y Cuba podría ser un protectorado, mientras se afianza la democracia.

Algunos de los analistas asumen que sería más fácil que Cuba se convierta en un Estado de los Estados Unidos que lo que pretende Donald Trump con Venezuela, por cómo se están dando las cosas. Señalan que Marco Rubio lo sabe, conoce la realidad de la isla, la historia y las debilidades. Cuba no tendría cómo resistirse.

Trump endurece el discurso hemisférico

Donald Trump también elevó significativamente el tono frente a Cuba. Al afirmar que los cubanos llevan más de 70 años esperando recuperar la esperanza democrática, el expresidente y actual mandatario estadounidense dejó claro que Cuba volvió a ocupar un lugar central dentro de su visión hemisférica.

El discurso de Trump combina presión política, judicial y económica con una narrativa orientada a presentar a Estados Unidos como actor clave en una eventual transformación política de la isla. Cuba está evidentemente en la lista del presidente norteamericano, junto con Canadá, Groenlandia, y Venezuela. De todos, Cuba es prioridad.

La estrategia recuerda parcialmente el enfoque utilizado frente a Venezuela durante años recientes: aislamiento del régimen, presión financiera, sanciones individuales y respaldo discursivo a sectores opositores. Trump tiene el libreto aprendido y la fuerza para hacer una operación de carácter quirúrgico.

El poder de Trump de intervenir en varios frentes lo pone también en el escenario de un neocolonialista, que va más allá de la estrategia; quiere también pasar a la historia como humanista y libertador. Ese pose lo tienen en Irán, lo ha tenido en Venezuela y lo seguirá expandiendo por los países latinoamericanos, como lo ha anunciado al proteger la democracia en Bolivia, al ser observante de lo que pasa en Colombia y Perú y al haber apoyado los cambios en Argentina y Chile.

Trump ya ha dado pistas de hacia dónde se dirige: hacia el control de la influencia de América Latina, el patio trasero de Estados Unidos que venía siendo visitado por intereses chinos. Es una manera de contrarrestar influencias que debiliten su poder geoestratégico. Su siguiente país en el continente será Nicaragua y ya soplan vientos, según lo dijo Mario Díaz-Balart, quien tiene en su oficina del capitolio un afiche con los líderes totalitaristas eliminados, capturados, imputados y los que faltan, entre ellos Daniel Ortega.

¿Existe un escenario de intervención?

Hasta el momento no existe anuncio oficial de intervención militar estadounidense contra Cuba. Sin embargo, el despliegue militar, la presión judicial, el aislamiento financiero y el endurecimiento político muestran claramente un incremento de la presión multidimensional sobre La Habana.

El objetivo aparente de Washington parece orientarse más hacia debilitar progresivamente las estructuras de control del régimen y aumentar el costo político internacional para sus principales dirigentes. La situación recuerda parcialmente esquemas de presión utilizados anteriormente contra otros gobiernos considerados adversarios estratégicos por Estados Unidos, aunque cada escenario tiene características distintas.

Los analistas de IFMNOTICIAS no se atreven a afirmar que haya intervención militar, pero es claro que sí habrá intervención desde diferentes modalidades; de hecho, señalan, ya la hay cuando se intervino la llegada de buques petroleros de Venezuela, cuando se endurecieron las medidas recientes para controlar los recursos.

Esta misma semana, se comenzó la intervención contra GAESA, y la hermana de quien preside el grupo fue retenida en Estados Unidos y suspendida su condición migratoria. Se trata de Adys Lastres Morera, hermana de Ania Guillermina Lastres Morena, a quien señalan como “responsable de gestionar los activos ilícitos de GAESA en el extranjero"; era residente permanente desde 2023 y se convierte en uno más de los actos de presión sobre el régimen.

Para los analistas, la intervención es una realidad; lo que no se sabe es si se producirá una intervención militar. Uno de los analistas de IFMNOTICIAS es más contundente y cree que Estados Unidos está dispuesto a repetir el libreto de Venezuela; necesitaba un símbolo como Maduro y lo encontró en Raúl Castro. Las negociaciones que adelanta bajo la mesa Marco Rubio están orientadas a buscar quién asuma el poder y que sea controlable.

Un nuevo reordenamiento regional

El caso cubano también debe analizarse dentro del contexto hemisférico más amplio. Estados Unidos busca recuperar influencia regional en un momento marcado por disputas geopolíticas globales, expansión de intereses chinos y crisis institucionales en varios países latinoamericanos.

El Caribe vuelve a adquirir importancia estratégica por razones migratorias, energéticas y de seguridad regional. En ese contexto, Cuba representa mucho más que un problema bilateral. Es un símbolo político y geopolítico dentro del equilibrio regional.

Todo indica que la presión estadounidense sobre Cuba continuará aumentando en los próximos meses. La combinación de procesos judiciales, aislamiento financiero, control diplomático y presencia militar muestra una estrategia integral orientada a debilitar progresivamente al régimen.

La gran incógnita será hasta qué punto el aparato político cubano conserva capacidad de resistencia frente a un escenario de creciente deterioro económico y presión internacional. Por ahora, el tablero geopolítico del Caribe vuelve a moverse con intensidad. Y Cuba, nuevamente, aparece en el centro de una disputa estratégica que trasciende ampliamente las fronteras de la isla.

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