¿Qué hemos hecho mal?. Por: Luis Guillermo Suárez Navarro
Desde la mitad del siglo pasado la historia de Colombia está plagada de violencia y desaciertos en el manejo político y económico, porque el asesinato en 1948 de Jorge Eliécer Gaitán acompañado por la presencia de Fidel Castro le generaron al Bogotazo un tufillo comunista, generando inestabilidad po
Desde la mitad del siglo pasado la historia de Colombia está plagada de violencia y desaciertos en el manejo político y económico, porque el asesinato en 1948 de Jorge Eliécer Gaitán acompañado por la presencia de Fidel Castro le generaron al Bogotazo un tufillo comunista, generando inestabilidad política y permitiendo el surgimiento de las FARC, lo que desencadenó en el derrocamiento en 1957 del dictador Gustavo Rojas Pinilla auspiciado por fuerzas de la derecha, situación que permitió la creación del Frente Nacional para superar las dificultades de gobernabilidad entre los partidos Liberal y Conservador.
Esta solución le permitió al país cierta estabilidad política, con un relativo crecimiento económico, pero generando una gran brecha de inequidad por el abandono del campo en los sucesivos gobiernos; fueron varios los presidentes que acudieron a la política de distribución de tierras entre ellas la promovida por el INCORA, pero sin un apoyo con asistencia técnica, créditos y mejoramiento de los servicios en los territorios, idea que fracasó, sumada a una férrea oposición de los terratenientes que veían amenazadas sus posesiones y por los caciques políticos que querían proteger sus feudos.
La industrialización concentrada en las grandes ciudades permitió el desarrollo y el empleo, pero promovió el desplazamiento masivo de gentes desde el campo, azotadas por la violencia y la falta de oportunidades, provocando presión sobre la ocupación del territorio urbano causando cinturones de miseria e incrementando la inseguridad y el desequilibrio social.
Al finalizar el Frente Nacional en 1974, retornó la disputa por el poder entre Liberales y Conservadores y se crearon múltiples partidos unipersonales con gentes poco preparadas intelectualmente y sin objetivos claros para las soluciones sociales que requería el país. Esta dispersión de intereses presionó el incremento de la burocracia para obtener apoyos políticos y con ella, se dio el crecimiento del aparato del estado generando una gran presión sobre el presupuesto de gastos y restándole al gobierno, la capacidad de promover obras de infraestructura educativas, de salud, vial, eléctrica y de servicios, necesarias para la generación de empleos, mejorar las condiciones del campo y la productividad que le permitieran al país abrirse al mundo.
La falta de políticas de largo plazo que permitieran el mejoramiento de las condiciones de las comunidades rurales y un decidido apoyo a los sistemas de mercadeo como era el objetivo del Instituto de Mercadeo Agropecuario IDEMA, con controles a los intermediarios y a los brotes especulativos de los productos del campo, fueron iniciativas que han quedado en buenas intenciones; también porque varios entes del estado se transformaron en fortines para el pago de favores políticos con una rampante corrupción, como hoy lo evidenciamos.
La guerrilla le ha generado un incalculable daño al país, con un mayor gasto militar para contener la violencia generalizada, la destrucción de pueblos y un mayor desplazamiento hacia las ciudades; por estas razones, se hace urgente identificar las causas de los problemas y plantear las soluciones, por medio de los centros de pensamiento, los profesionales, los políticos honestos y la comunidad, basados en la coyuntura vivida desde los gobiernos anteriores y por las erráticas políticas del actual gobierno que prometió el cambio. Debemos preguntarnos qué hemos hecho mal y romper la apatía de muchos ciudadanos frente el acontecer nacional, antes de que el país sea inviable.

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