(OPINIÓN) ¿Y el país qué? Campaña electoral que no descansa. Por: César Bedoya
La indignación crece cuando, al mirar el calendario, nos damos cuenta de que la carrera hacia la Presidencia ya comenzó. Faltan meses, pero el circo electoral ha abierto sus puertas. Se habla de más de 75 posibles aspirantes, y uno no puede evitar preguntarse si es que las ganas de poder son infinit
La indignación crece cuando, al mirar el calendario, nos damos cuenta de que la carrera hacia la Presidencia ya comenzó. Faltan meses, pero el circo electoral ha abierto sus puertas. Se habla de más de 75 posibles aspirantes, y uno no puede evitar preguntarse si es que las ganas de poder son infinitas o si la ociosidad ha encontrado en la política su refugio perfecto. Lejos de la modestia y de un mínimo de respeto por los tiempos, los políticos se lanzan a la contienda con una prisa que avergüenza.
La carrera por la Casa de Nariño ya está en marcha, y la polarización es la bandera que enarbolan. La próxima contienda, marcada por la crisis institucional y un evidente desgaste del Gobierno de Petro, se nos presenta como una réplica ampliada y corregida de las anteriores. Lo peor es que, mientras los políticos ya se preparan para la batalla, los problemas del país siguen en el olvido, como si no existieran.
No se ha terminado un ciclo y ya estamos inmersos en otro. Los políticos y los gobernantes no descansan. Esperamos, como ciudadanos, que un nuevo gobierno se concentre en ejecutar un plan de desarrollo y en atender las necesidades de la gente, pero en lugar de eso, nos vemos bombardeados por precandidatos a la Presidencia, a las gobernaciones y a las alcaldías. Es un ciclo vicioso que nos consume.
Esta dinámica ha sido una constante en años electorales, pero con una transición más discreta. Sin embargo, en el gobierno actual, el presidente Petro y sus innumerables ministros no han dejado de hacer campaña ni un solo día. Dejaron de lado el Plan de Desarrollo, olvidaron la atención a las comunidades vulnerables y se desentendieron de la lucha contra la violencia. Es como si la única prioridad fuera mantener la popularidad, a costa del bienestar de la nación.
Parece una estrategia para mantenernos distraídos, a nosotros, los ciudadanos, a los medios de comunicación y a otro estamentos. Se alimentan del drama, de las peleas y de la confrontación, mientras los problemas reales se pudren. Es más fácil hablar de encuestas y de rivalidades que de soluciones y de progreso. Y nosotros, con la misma desesperanza de siempre, caemos en la trampa.
Las elecciones para el Congreso son en marzo y las presidenciales en mayo, y ya vemos a precandidatos en los medios, en las redes sociales y recorriendo cada rincón del país. ¿De dónde saldrá el dinero para una campaña tan extensa, que para muchos comenzó a principios de año? ¿Dónde están los entes de control? ¿De verdad vamos a seguir permitiendo esta farsa sin fin?
Qué pereza de nuevo las promesas vacías, los discursos gastados, los alegatos sin ideas en un país tan polarizado y ahogado en sus problemas sociales. Nadie hace nada, ni siquiera las «ías» que se suponen que deberían velar por la decencia de este país. Pero, ¿qué podemos esperar de una sociedad que ama el espectáculo, el circo, las peleas y los reality shows más que su propio desarrollo? Nosotros, al final, somos los que permitimos este show.

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